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1175 Words
Alana es alta, no más que yo pero lo sigue siendo, tiene el cabello rojizo y los ojos verdes. Es una chica de tez blanca preciosa, pero no es mi tipo. No siento atracción física hacía ella así que no entiendo cómo pasaremos cuatro años en la misma casa sin que quiera matarme. —Hey. Ambos dejan su móvil para mirarme y Alana me repasa con la mirada más de lo previsto, chasquea la lengua y pone una expresión de aburrimiento. —¿Eres Jack? —¿Quién más podría ser? —digo frustrado—. ¿Acaso eres idiota? La chica frunce el ceño y me saca el dedo medio, lo que me hace sonreír. Esperaba que fuera más delicada, que quisiera mostrarme mil fotos de su última sesión o que me hablará sobre los últimos zapatos que salieron a la venta. Cierro la puerta detrás de mí y me echo en la cama, la chica no despega los ojos de nosotros, como si esperara una reacción más que claramente no va a llegar. —Me perdí la última carrera de anoche, mi madre estuvo insistiendo en que la ayudará a buscar los papeles de papá. Pero ni siquiera lo encontramos, fue una perdida de tiempo. ¿Tu la viste? —No, estuve ocupado con algunos papeles que debía rellenar. —Ya —responde Benton, mira a la chica y hace una mueca de disgusto—. ¿Qué? ¿Por qué no has dejado de vernos? Sé que ambos somos muy atractivos, pero es incómodo. —No me han dicho nada desde que llegué, y voy a casarme con Jack en menos de una semana. Solo me pareció grosero de su parte que no me incluyeran en la conversación. —¿En una semana? —gritó más fuerte de lo que pretendía. Alana asiente y sonríe, pero no es una sonrisa feliz, ni cínica es más bien una triste y eso me recuerda que los dos estamos en la misma situación y en vez de hacerle sentir que la entiendo, estoy haciendo que se sienta mucho peor—. Creía que sería en unos meses. —Mi padre quiere que nos casemos rápido, dice que eso me ayudará. Puede que tenga razón y este armando un gran drama solo por esto. Pero tengo novio y me gusta, no quiero fingir que estoy contigo. Es decir, ni siquiera te conozco Jack. —Tampoco tengo la intención de casarme, me gusta mi vida de soltero. No tenía idea de que tenías novio, no estoy de acuerdo con este matrimonio y al parecer tu tampoco. Pero es lo que necesitan nuestras familias y hasta cierto punto logro entenderlo. Lo que si se es que nuestros padres están sacrificando nuestra felicidad por la de ellos. —Una mujer siempre debe hacer grandes sacrificios, eso me lo dice papá todo el tiempo —menciona con una risa irónica, el padre de Alana suena como un hombre que se parece mucho al mío. Empiezo a entender como es que ambos padres se hicieron muy amigos—. Al principio creí que lo decía por mi bien, ahora me suena machista. —Realmente lo es. Asiente. —Lamento interrumpir su conversación sobre cómo sus padres son unas mierdas. Pero deben bajar, es hora de cenar. —Ya vamos —contesto. Alana Anderson. Los Anderson son una familia que se dedican únicamente al modelaje. Mi madre en su época fue una de las mejores, nadie podía creer que una mujer fuera tan bella como ella, su cuerpo, sus ojos, su cabello. Todos amaban esos aspectos en específico. Crecí creyendo que debía ser como ella, aunque en realidad ella nunca me forzó, al menos no al principio. Los primeros tiempos de mi carrera como modelo, los disfrute, me sentía libre, sentía que ese era verdaderamente mi mundo. Pero ahora no tengo a dónde agarrar, debo modelar y seguir los pasos de mi familia, ya no es porque me guste, ahora es porque eso es lo que ellos desean. Supe lo del matrimonio días después de regresar de Milán, mis padres estaban sentados conversando entre ellos y levantaron la mirada, me observaron por lo que sentí que fueron años y después lo soltaron. «Queremos que te cases con el hijo de una familia más adinerada que la nuestra». Lo pensé y quise reírme, no quiero casarme con alguien a esta edad, no quiero tener que organizar una boda que me hará infeliz por mucho tiempo y menos quiero darle ese gusto a mis padres. Había pensado en negarme, en decirles que eso no era lo que quería para mí vida. Y que en unos días me iba a mudar de la casa. Cuando estaba a punto de soltarlo, papá confesó que ya había firmado un contrato y que mi opinión está vez no era válida. Sentí que fui vendida por mis propios padres, y que lo que yo quería no era relevante para ellos. Me encuentro sentada en una cafetería tomando café con una de mis mejores amigas, Anastasia, me prometió que estaría aquí para hacerme sentir mejor y que, por supuesto, quería conocer a la persona que se casaría conmigo. No me entusiasmaba la idea de presentarle a Jack, pero no tengo muchas opciones. Yo he conocido a su mejor amigo y el necesita conocer a la mía. Es así como funcionan las relaciones normales. Prometimos que íbamos a intentar llevarlo de esa manera. En realidad, no prometimos nada. Yo solo lo asumí y me deje llevar por las ideas locas de Anastasia, por eso ambas estamos aquí esperando a un empresario cuya agenda debe ser más ocupada que la del presidente de Estados Unidos. —¿Es guapo? —Anastasia me mira y continúa revolviendo su café, sin embargo, yo solo me encojo de hombros como respuesta. No tengo ni la más mínima idea de si es guapo o no, pero no quiero saber nada más sobre ello, o sobre cómo todos en r************* piensan que es el hombre más atractivo del planeta. Eso sin mencionar que hace dos años se filtro una foto de su abdomen y las chicas murieron por tal obra de arte. O así lo describieron ellos—. Si tiene un amigo guapo quiero conocerlo, necesito que un hombre venga y me diga todo lo que tengo que hacer. —¿Todo lo que tienes que hacer? —me rio y ella niega con la cabeza. Desde que nos conocemos le ha gustado bromear de esa forma, para Anastasia los hombres son como un pañuelo, los usa y los desecha. Y no es solo porque quiere, es porque hay más cosas detrás del porque ellas es como es. —Sabes que bromeó, no he conocido a nadie después de él. Al menos no que me guste en realidad. Sus ojos se detienen y lame sus labios de manera sensual, alzo una ceja divertida y hace una seña para que me gire. Sin embargo, no lo hago. Siento que se vería demasiado indiscreto de mi parte.
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