—Es el hombre más guapo que he visto en mi vida, tienes que verlo. Alana lo digo enserio, tienes que verlo antes de que se siente en su mesa —susurra histérica. Niego con la cabeza repetidas veces pero ella tira algo al suelo para que lo recoja, abro los ojos y me agachó. Para cuándo estoy por subirme, escucho un jadeo por parte de mi amiga y una voz gruesa que poco he oído.
—Buenos días.
Pongo el zarcillo de Anastasia en la mesa, parpadeo con lentitud al ver a Jack y expulso aire. Ninguno de los dos nos hemos enviado mensajes más que el de la mañana. No hablamos mucho, no sabemos nada el uno del otro. La cena del otro día termino considerablemente bien. Y a pesar de que nuestros padres parecen ser amigos de años. Mi mamá y la suya son personas muy diferentes, casadas con hombres semejantes. Jack desliza la silla hacía atrás y se sienta, ninguna de las dos dice nada y el sonríe. Es una sonrisa que dice que ha estado nervioso de camino aquí y que no sabe por dónde empezar. A veces, al saber toda la carrera que lleva y las cosas grandes que ha logrado olvidó que tenemos la misma edad.
—El es mi prometido —digo, Anastasia abre la poca para decir algo pero vuelve a cerrarla.
—Un gusto, Jack Lather.
—Anastasia Spring —sonríe y suelta una carcajada posterior a eso. Jack arruga el entrecejo sin comprender muy bien a qué ha venido eso. Hasta que me doy cuenta que Anastasia hablaba sobre Jack cuando mencionó al hombre más guapo del universo.
—Eres más linda que en las fotos que me enseñó Alana, hemos estado viéndonos poco. Pero me gusta creer que hablar tanto sobre uñas y fotos es su pasión y no su manera de torturarme.
—Las uñas son un arte que pocas mujeres poseen, así que espero que sepas de lo que hablas —farfullo y el ríe. Nunca he hablado con el sobre uñas, ni sobre ropa, ni sobre fotos. En realidad sobre ningún tema en especial. Esas cosas las hablo con mis amigos y personas de mi círculo social. La mayoría debe creer que soy la típica modelo que le gusta lo mismo de siempre y puede que tengan razón, soy muy estereotipada. Pero estoy bien con mi forma de ser. No obstante, Anastasia parece asombrada por lo que Jack ha dicho y una sonrisa de oreja a oreja por su parte me hace saber que él le gusta para mí.
Y lo odio, odio la forma en la que Anastasia sonríe por su presencia, no quiero que se haga idea extrañas. El no es más que un chico que conocí hace dos días. No sabe nada de mi y no tengo idea de dónde ha sacado lo que ha dicho segundos atrás. Pero finge conocerme bien y sonríe de forma tan superficial que me dan arcadas. No sé cómo ella no se da cuenta de que Jack solo intenta agradarle.
—El fin de semana pasado Alana y yo fuimos a una fiesta, todos ahí querían estar con ella. Pero no te preocupes no le prestó atención a ninguno —mientras ella desarrolla su relato, Jack asiente y la escucha con atención—. Un chico estaba tan ebrio que derramó su bebida sobre ella y lo mejor de la situación, es que siendo mujer Alana supo ponerlo en su lugar. Me impresionó muchísimo todo lo que dijo, en pocas palabras lo insulto y puede que lo haya rebajado un poco, pero se lo merecía.
Me muevo incómoda en la silla y bebo de mi café, espero a que Jack diga algo sobre mi comportamiento de la otra noche, pero no lo hace. Veo por un instante el disgusto en sus ojos hasta que se endereza y carraspea.
—Supongo que es culpa del chico por haber derramado su bebida sobre una figura pública.
—Así es —contesta Anastasia con seguridad.
—¿Trabajas en el medio? ¿Eres modelo igual que Alana?
—Si, ambas empezamos juntas en esto. Sin embargo, ella es más conocida que yo. Hace poco firme con una compañía que va a impulsar mi carrera. Mi manager y yo estamos emocionados por ello.
—Entiendo, estás algo callada ¿sucede algo? —esta vez Jack se ha dirigido a mí. Los dos pares de ojos se concentran en mi respuesta y niego rápidamente con la cabeza.
—Cariño, detesto hablar cuando tomo mi café de media mañana. Hace que sienta ganas de vomitar. —suelto con desdén.
—Lamento no tener idea sobre eso, cielo —remarca la última palabra con ironía y mira su reloj—. Ha sido un honor conocerte Anastasia, y Alana nos vemos después. Debo irme a trabajar.
—¿Tan pronto?
—No puedo dejarle todo el trabajo a Benton —fuerza una sonrisa—. Prometo que nos veremos luego con más tiempo.
Quiero decirle que no puede irse de esa manera, que tiene que quedarse pero quién sabe si realmente va a trabajar. La vida de mi madre con papá, no ha sido más que verlo cuando tiene tiempo libre, y lo odiaba. A veces la veía llorar en las noches porque extrañaba al hombre de quién se enamoró. No quiero tener la vida de mi madre pero al parecer, es la vida que estoy destinada a tener. Jack se levanta y vuelve a poner la silla en su lugar. Está por irse hasta que se voltea y pone su mano en mi hombro.
—¿Quieres que te lleve a tu casa? ¿O deseas ir a alguna otra parte?
—Voy a reunirme con mi manager, tengo una sesión de fotos en un rato.
—Bien, puedo llevarte.
—Yo voy a quedarme —interrumpe Anastasia y ambos asentimos.
Nos dirigimos a su carro y centro toda mi atención en mi móvil. Nunca me he fijado demasiado en los rasgos de Jack y eso llama mi atención cunado lo veo subiéndose en el asiento del conductor. No me abre la puerta del copiloto, solo espera a que me monte sola y bufó. No sé que esperaba de un hombre como él y tampoco se que esperaba de alguien que no es mi pareja realmente.
Me monto al auto y me cruzo de brazos. El chico a mi lado no muestra ninguna expresión, solo está ahí, quieto, buscando una música de su preferencia. Descruzo mis brazos y me permito observarlo bien, tiene los ojos de un color azul intenso, aunque, cuando le pega la luz se ven realmente cristalinos. Posee algunos lunares por su mejilla y es de tez blanca. Eso sin mencionar el color n***o de su cabello y lo alto que es, tiene la mandíbula marcada y brazos fornidos, y todas las chicas en internet tienen razón. Jack Lather puede pasar como el hombre más guapo del planeta con suma sencillez.
Vuelvo a fijar mi vista al frente y no digo ni una palabra porque siento que si lo hago voy a soltar una idiotez.
—Tu amiga me demostró que es igual de superficial que tú.
—Me alegro.
—No puedo casarme contigo, Alana. Eres todo lo contrario a mi, no me gusta que una chica se la pase todo el día pendiente de cosas que no aportan nada. Y se que tu imagen es lo que hace que ganes dinero. Pero, ¡Por el amor de Dios! No tienes que estar todo el día hablando sobre ello o tratando a la gente como te de la gana.