—Nos hemos visto solo dos veces y finges saber todo de mi vida, pero no es así. No tienes idea de lo que suelo hablar con mis amigos o como trato a las personas —grito exasperada.
—Te he investigado, Alana. Estoy seguro de que se sobre lo que hablo.
Lo estoy mirando como si quisiera golpearlo porque es justo lo que deseo ahora, Jack no tiene sentido del tacto. Es un idiota que dice lo que quiere cuando quiere y eso empieza a enfurecerme, no quiero tener que gritarle mierdas porque se que vamos a pasar mucho tiempo junto a partir de ahora. Pero me enfurece que finja conocerme.
Jack me está mirando esperando a que diga algo, pero centro mi vista en el frente y no vuelvo a decir media palabra más. El camino se me hace ligero, después de algunos minutos escuchando música e ignorándolo todo parece ir bien. Siento curiosidad sobre cómo supo todas esas cosas sobre mí, o con quien ha estado hablando.
Cuando llegamos, se estaciona y suspira.
—No quiero problemas contigo, solo quiero que sepas que no somos compatibles y que si puedes hacer que está mierda se acabe. Hazlo.
—Estamos en la misma situación, Jack.
—Buena suerte.
Me bajo del auto y camino hasta el estudio. Debería llamar a papá y decirle que esto del matrimonio es una pésima idea, que puedo estar bien sola y que, sobre todo, a nadie más que a mí le importa su propia vida. Casi no dormí anoche, anduve dando vueltas en la cama pensando en que iba a hacer con esto del matrimonio, imaginé como sería mi vida y como sería mi relación con Jack. En mi mente nada era tan malo como en la vida real.
Me muevo a un lado para que algunas chicas pasen, y me adentro en el salón. Hay solo dos personas, mi manager y un señor que podría doblarme la edad. Nunca he prestado mucha atención al mundo del marketing, al menos no es algo que hago por mi propia cuenta. Detesto estudiar ciertas cosas, y leer. Leer puede que sea lo que más odio en el mundo.
—Alana —sonríe Daniel—. Llegaste más pronto de lo que pensé.
—Ya, ¿Acaso que querías que llegará más tarde? Has estado toda la semana dándome la lata con que debo llegar temprano, lo hago y, parece que me lo echas en cara.
—Solo era un comentario —dice algo frustrado, ruedo los ojos y miro al señor a su lado.
—Un gustó, dueño de la revista de moda Fashionweek.
—Alana, una de las mejores modelos del país.
El hombre cuya barba le queda horrible, sonríe satisfecho.
—El sr Chris ha venido porque quiere firmar un contrato con nosotros, revisaré los términos y después me pondré en contacto con usted.
—Yo creo que no es necesario revisar nada —digo, interrumpiendo a Daniel—. Me gustaría firmar de una vez.
—Alana —susurra—. Los contratos debemos leerlos.
—Lamento no tener el contrato a la mano, señorita Alana. Estoy seguro de que su respuesta complacerá a mi marca. Que pasen buenas tardes.
No quiero sonar como una loca, pero ese hombre es importante. Tiene influencia con muchísimas marcas y competencias por todo el mundo. Trabajar con el se que va a abrirme muchas puertas y estoy dispuesta a firmar todo lo que me pida. Me quedo viendo la puerta como una idiota y Daniel me observa molesto.
—No vuelvas a contradecirme de esa forma frente a nadie nunca más ¿entendiste?
Arrugó la cara —. ¿Disculpa? Yo te pago a ti.
—Alana, hablo enserio. —brama furioso—. Puedo renunciar en cualquier momento, espero que lo tengas en mente.
—¡No vas a dejarme! —grito mientras se marcha hasta su oficina, cierra la puerta tan fuerte que hace que me estremezca y una vez quedándome sola, me lanzó al sofá y una lágrima desliza mi mejilla.
No sé porque estoy llorando.
Quizás es por todo lo que me está ocurriendo.