—Suena mi teléfono con un mensaje entrante, pero como no me interesa hablar con nadie, no le presto atención y sigo viendo la película. Rato después vuelve a sonar con una llamada; me paro a ver quién es y, como es Victoria, le contesto.
—¡Hola!
—¡Oye, hasta que sé de ti! ¿Cómo estás? —me dice.
—¿Bien, y tú?
—¡Extrañándote un mundo!
—Pero si solo llevo varios días fuera.
—Y eso es mucho tiempo, mi amor… Extraño estar entre tus brazos.
—¡Por qué no vienes a pasar unos días aquí! —se hace un silencio—. ¿Estás ahí? —pregunto.
—¡Sí!… Sí estoy, es que me sorprende eso que acabas de decir.
—¿Por qué te sorprende?
—Porque en primera instancia me dijiste que ibas a recuperar al amor de tu vida y me dejaste con el corazón partido. Ahora me dices que vaya a tu país a pasar unos días contigo… ¡no entiendo! ¿Qué sucedió?
—¡Nada! Solo que a veces hay cosas que no se pueden recuperar ni regresando el tiempo. Pero si no quieres venir, entiendo perfectamente.
—Claro que quiero ir, Juan. Lo que más deseo es estar contigo. Dime, ¿cuándo quieres que salga para allá?
—¡Puedes venir cuando gustes, aquí te estaré esperando!
—Está bien, voy a arreglar algunas cosas que tengo pendientes y, cuando compre el boleto, te aviso el día en el cual viajaré.
—Está bien. Ya me compré un apartamento, así que tendremos donde estar cómodos.
—¿Qué te hizo cambiar de opinión? —pregunta, queriendo saber por qué de un momento a otro la invitó a venir.
—¡Cuando vengas, hablamos! —le digo sin más.
—Está bien, no me importa el motivo con tal de estar contigo.
—Ok, nos vemos pronto entonces.
—Hasta pronto, mi amor —y cuelgo.
Creo que es hora de comenzar una nueva vida sin ti, Emili. Ya es tiempo de darme una oportunidad con alguien que sí valga la pena, y ese alguien es Victoria. Por eso quiero que venga: para demostrarle a Emili que sí puedo vivir sin ella.
Me voy a los mensajes entrantes y veo su nombre. Mi corazón latió a mil por hora; no lo he leído y siento ganas de salir corriendo a donde está ella, pero no puedo. Tengo que ser fuerte. Esta mujer juega conmigo como quiere y ya basta de eso. Pero, de todas formas, leo el mensaje:
“Estuve pensando mil veces si enviarte un mensaje o no y, por supuesto, qué decirte en él. Disculpa lo desagradable que fui ayer; es solo que a veces soy así con las personas que no logran entenderme. Gracias por el teléfono y por las muletas, ¡hasta ahora fue que los vi! He pasado un día terrible; tuve que arrastrarme por el piso para poder ir al baño y luego a la cocina. Ha sido horrible, pero me resolviste la existencia con las muletas. Estoy agradecida por eso. Que pases feliz tarde”.
Solo cierro los ojos y suspiro. En estos momentos no sé lo que siento, pero estoy tratando de controlarme. Tengo mucha rabia y decepción en mi corazón, pero a la vez muchas ganas de ir a verla y saber cómo está; se nota que la ha pasado mal. Paso un rato decidiendo qué hacer y opto por solo responder el mensaje para evitar salir corriendo a buscarla.
—“No tienes nada que agradecer, lo hice solo porque soy un caballero; además de que fue mi culpa que te accidentaras y que perdieras tu teléfono, así que no me debes nada. Que estés bien”. Fui lo más decente y cortante que pude, eso espero. Tiro mi teléfono de nuevo en la mesa y quito la pausa a la película. Momentos después llega otro mensaje y salgo corriendo a leerlo.
*****************************************************
Pasa un buen rato hasta que me llega la respuesta del mensaje que le envié a Juan y muero de nervios por saber qué dirá, ya que ayer lo traté muy mal y sé que debe seguir furioso. Al leerlo puedo notar lo distante y seco que ha sido, y no es para menos; le rompí el corazón y debe estar más que decepcionado de mí. No sé qué me pasa, después de nuestro encuentro me he puesto más sensible con respecto a él. ¿Será que mi corazón también lo añora? Porque es obvio que mi cuerpo sí.
—“No fue tu culpa, fue un accidente. Perdón por tratarte mal por eso”. Mensaje leído. Vaya, lo leyó rápido. Eso quiere decir que esperaba mi respuesta, y mi corazón se alegra.
****************************************************
Se está disculpando… guau, no lo puedo creer. Mi corazón se alegra por solo unas palabras de esta mujer. Maldito corazón.
—“No hay problema”. Solo respondo eso. La verdad es que no quiero demostrar más.
****************************************************
Mi corazón se entristece. Se nota que no quiere hablar, pero yo sí quiero…
—“¿Quieres hablar?”
—Él: “¡Tú, quieres hablarme! ¿Eres Emili o robaste su número?”
—“Obvio que soy yo”.
—Él: “Creo que no tenemos nada de qué hablar, Emili. Tú dejaste todo claro y yo solo quiero tratar de superarte de una vez por todas”.
—“Entiendo. Solo quería hablar con alguien, necesito que alguien me escuche. Solo eso”.
—Él: “Lo siento, pero no soy la persona indicada para escucharte, y menos porque tú nunca lo has hecho conmigo”.
—“Quiero escucharte. Quiero saber esa verdad de la que hablas”.
—Él: “Ya el que escuches mi verdad no me importa. He decidido seguir adelante… ¡sin ti!”. Me parten el alma sus palabras. Ahora que quiero escucharlo, él simplemente se niega. ¿Cómo puede hacerme esto?
—“Es una lástima que ahora que quiero escucharte, y que me escuches tú a mí, no quieras hacerlo. Esta es una oportunidad única, Juan, y la estás desperdiciando”. Pasa un rato y no obtengo más respuesta de él. Creo que de verdad está decidido a no seguir insistiendo.
No puedo más y le envío una nota de voz. Sé que está decepcionado de mí, pero por primera vez quiero contarle a alguien el dolor que siento en mi corazón, y lo quiero hacer con él. No me importa que luego me odie, no me importa que después me arrepienta, pero quiero contarle lo que nunca me he atrevido a decir.
—NOTA DE VOZ ENVIADA.
*****************************************************
No puedo caer nuevamente en tu juego, Emili; por eso no creo que tus palabras sean sinceras. Y eso de que quieres hablar y escuchar mi verdad deben ser otras de tus artimañas para herirme. Así que, con todo el dolor de mi alma, le respondo de forma dura para que sienta que ya no me importa. Pero me sigue insistiendo, así que lo mejor es que no le responda más y deje pasar este arrebato que le ha dado.
Salgo al balcón con un cigarrillo y lo fumo mientras veo las estrellas. ¿Por qué esta mujer me perturba tanto? ¿Por qué ahora que quiero seguir con mi vida le ha dado por querer hablar? ¿Qué se traerá entre manos? Paso un par de horas sentado ahí pensando, hasta que ya no aguanto el frío y entro de nuevo a la habitación. Agarro el teléfono para ver la hora y hay una nota de voz de ella. Me asombro por los minutos que dura.