—Thomas, ¿se puede saber que llevas puesto? El chico moreno sonrió desde el otro lado de la puerta. —Un chándal. —Ya sé que llevas un chándal —respondí—. Quiero decir, ¿por qué has venido a mi habitación usando un chándal? —Venía para pedirte que me entrenaras —hizo una pausa, pensativo—. Aunque, pensándolo bien, acabas de salir recientemente de la enfermería, así que no estoy muy seguro de que sea una buena idea. En realidad, solo necesita a hablar contigo. —Oh —comenté adentrándome en mi habitación. Thomas me siguió y cerró la puerta detrás de él, antes de sentarse a mi lado en la cama—. Tú dirás —le sonreí un poco. Lo vi removerse incómodo. Thomas evitaba mi mirada, contemplando la habitación a su alrededor. —¿Thomas? —pregunté. —¿Cómo estás? —me preguntó tomando mi man

