Sin esperar una respuesta. Me alejé de Gabriel y me acerqué hacia André quién me recibió con una amplia sonrisa. Antes de terminar de acercarme a él, respiré lentamente e intenté calmarme. —Veo que tienes problemas con tu amiguito —mencionó cuando me invitó a sentarme a su lado. —¿Ese? —le pregunté mientras me acomodaba la falda de seda en el asiento—. Es solo un cliente que se ha pasado de bebida y ha intentado propasarse. Una chica tiene que defenderse. André rio con una sonora carcajada y me pasó el brazo sobre los hombros. —Guapa, fuerte y con una voz preciosa. Eres una toda una proeza muchacha. Parpadeé coqueta. —Tampoco es para tanto… por lo que he podido ver, te ha gustado mi actuación. ¿No es así? Asintió, complacido. —Desde luego, belleza. Me has sorprendido con cr

