La cabeza me mataba y el continuo ruido de la puerta no ayudó en absoluto. Decidí ignorarlo por unos segundos. Sea quien sea, ya se marchará. Efectivamente paró, pero poco después el sonido se volvió más fuerte y continuo. Rodé los ojos y bufé; me destapé y me volví a poner mi vestido de seda n***o, me coloqué bien las zapatillas, seguido, me puse una bata del mismo color y tejido y la anudé. Por último, eché un vistazo al espejo. Me toqué la cara. Estaba horrible. Los pelos enmarañados y los ojos hinchados de tanto llorar, a lo que le sumaba unas grandes ojeras muy pronunciadas. Me hice un moño rápido para arreglar mi pelo, si era posible. El ruido era más fuerte cada vez y me enfurecía la poca paciencia que tenía. —¡Ya va! —grité saliendo del dormitorio y pasando por la sala de est

