Dejé escapar un suspiro, agotada. Se suponía que ya debería de haberme aprendido esta coreografía, pero era difícil hacerla sin Thomas. —¿Todo bien? Giré mi cabeza y me encontré a Ethan abajo del escenario, mirándome. —No es algo de tu incumbencia —le respondí mientras apoyaba mis manos en la parte trasera de la silla que tenía delante. Ethan me sonrió y eso solo me hizo odiarlo más. —A mí me parece que te falta un compañero de baile. Puse los ojos en blanco. —¿Y cómo has llegado a esa conclusión, Sherlock? Ethan se acercó a mí y se detuvo cuando vio, lo que supuse que era, mi ceño fruncido. —Estás enfadada. —Te equivocas —respondí mirándole a los ojos—. Soy feliz, ¿sabes por qué? Él negó con la cabeza. —Porque no espero nada de nadie. Y, si no espero nada de nadie

