Valdrá la pena.

5000 Words
... El estruendo en el cielo fue ensordecedor, presagiando la tormenta que poco después comenzaría, con una torrencial lluvia que amartillaba el suelo. Gustav, sobre sus rodillas, apenas podía mantenerse consciente, ya no tenía las fuerzas necesarias para que su factor curativo sanase la herida que había dejado Damian en su costado. Kyle intentaba desesperadamente, encontrar ayuda para su abuelo. Buscó a su alrededor, miró a Oketon, a Amaia, miró a cada m*****o de la tribu que había hecho acto de presencia allí, pero ninguno le dio esperanzas. Todos clavaron la mirada en el suelo con desaliento, porque sabían que al anciano ya no le quedaba mucho tiempo y no había nada que ellos pudieran hacer. - Kyle… escucha – murmuró Gustav, con la voz pesada y moribunda – no me queda mucho… pero… al menos estás a salvo ahora. Lo estarás por un tiempo – dijo mirando en la dirección donde antes se hallaban Damian Cross y el guiverno Aphell – lo aprenderás con el tiempo, pero, tus poderes, los que voy a entregarte ahora, son asombrosos… es… – su voz se quebró y tosió sangre. Kyle intentó que dejara de hablar, pero era inútil – gracias a estos poderes, ese vampiro y ese guiverno ya no saben qué hacían aquí en primer lugar… borré sus memorias, para ahuyentarlos, así que están todos a salvo… ahora, tu solo… - Abuelo, no puedes dejarme – exigió Kyle, con la desesperación agolpándose en su pecho – no puedes hacer esto, aun no me has enseñado a… - Esto tenía que pasar – murmuró nuevamente con la voz más pesada que antes. Sus ojos estaban perdiendo la luz, su mirada se desvanecía, su cuerpo comenzaba a flaquear y los músculos ya no respondían – cuando te entregara el poder del rey Dorado, mi cuerpo se desmoronaría – dijo – esto tenía que pasar… soporté por mucho tiempo el peso de este poder que no era mío y me pasó factura. Mi muerte era inevitable, solo… se adelantó un poco, eso es todo. La mano de Gustav se levantó en un último esfuerzo, débil y temblorosa, y un segundo después estaba sobre la cabeza de Kyle. Una luz salió disparada de sus ojos, amarilla, casi dorada y muy brillante, y luego se reflejó en los ojos de Kyle. El resplandor fue cegador, nadie pudo ver lo que sucedía, más allá de cómo Kyle era envuelto por aquella luz que se elevó al cielo como un pilar luminiscente. Poco más de un minuto después, la luz se disipó, y Gustav yacía sobre los brazos de Kyle, mientras los ojos de este último despedían un brillo dorado que nunca antes tuvieron, pero, eran sus ojos, siempre lo fueron. Aquellos ojos brillantes y deslumbrantemente dorados, siempre fueron sus ojos, los ojos del rey Dorado, los ojos de su Huargo. El animal dormido dentro de Kyle no solo había despertado, también había recuperado su legítimo poder; el aspecto del sol. El amanecer llegó, junto con el funeral de Gustav que, había hecho el máximo sacrificio. Aun en su último respiro, con la poca fuerza que le quedaba, fue capaz de proteger, no solo a Kyle y Amaia, sino a todos los Canni. Fue capaz de proteger la profecía de los siete reyes y, lo más importante, murió con honor, como un guerrero, de la forma más heroica que hubiera podido desear. Porque, morir por un cuerpo degradado por soportar la carga de un poder que no era suyo, no era exactamente como él hubiera deseado terminar. Era un guerrero a fin de cuentas y no había mayor regalo que morir luchando con honor. Amaia, lejos de estar tranquila, se sentía terrible, porque sabía que Kyle sufría en silencio por la muerte de su abuelo. Fue fácil olvidar que casi fue violada por esos vampiros, cuando la persona que más amaba, estaba a su lado, sufriendo prácticamente solo, por una perdida tan significativa como la que ella ya había experimentado años atrás con su padre. Todo parecía fuera de lugar para Kyle, incluso pensó en abandonar la aldea y marcharse para siempre de aquel lugar, pero, había encontrado a su alma gemela o, al menos eso creían ellos respecto a su relación. Amaia era la única razón para quedarse y, ella, indiferentemente de lo que él hiciera o dijera, no lo dejaría a solas en ningún momento. Siempre lo acompañó, lo consoló y lo ayudó a procesar la muerte del anciano que, si bien no siempre fueron muy cercanos, Kyle había podido desarrollar un lazo lo bastante fuerte con él. Lo suficientemente fuerte como para que su muerte le doliera y le pesara. Había mucho que él hubiera querido decir. Muchas palabras, pero, ninguna de ellas podía salir de sus labios, incluso ahora que todo había terminado para él, incluso ahora que su abuelo ya no podía oírlo. Él deseó poder decirlo, poder hablarle al hombre al que ahora lloraba, aunque no pudiera oírlo, aunque estuviera muerto, pero simplemente no podía. Sus labios no se separaban, las palabras no subían de su garganta, no había nada más frustrante que querer decir lo que sentía y no poder hacerlo. El tiempo se les había terminado, ahora Kyle tendría que aprender a dominar el poder del rey Dorado por su cuenta. No había nadie que pudiera enseñarle a dominar un poder como ese, un poder capaz de manipular las memorias de las personas, capaz de irradiar una luz tan poderosa como la del mismo sol, un poder que trascendía cualquier conocimiento que había adquirido hasta ahora sobre los Huargos. Al terminar el funeral, Oketon se acercó, con un rollo de papel en su mano. Kyle, que estaba sentado siendo consolado por Amaia, miró al líder de los Canni, algo confundido, cuando este último le extendió el rollo de papel. - Es una carta de Gustav – dijo Oketon – la preparó para ti. Sabía que su vida se apagaría en cuanto te entregara este poder – sin decirle nada más, se dio la vuelta y los dejó solos en la plaza de la aldea donde se había celebrado el funeral del anciano Stefan. Kyle abrió la carta, dubitativo y afligido. Lo siguiente que vio, fue la letra de su abuelo, en lo que parecía ser, más que una despedida, una serie de instrucciones. “Kyle, sé que nuestro tiempo juntos ha sido corto… mi vida se está apagando rápidamente y no hay nada que pueda hacer. Mi cuerpo ya no soporta el peso de este poder. Es inevitable, moriré cuando te haya entregado el poder que siempre ha sido tuyo, así que, he decidido dejarte esta carta porque soy el único que puede decirte cómo funcionan tus poderes. Si la estás leyendo, significa que has recuperado tu poder y que yo, por consecuente, estoy muerto. Es absolutamente necesario que aprendas a dominarlos y estes listo para cuando el paladín plateado te encuentre. Él vendrá a ti, así que ten paciencia. Dicho eso, procederé a explicarte los poderes de los que gozarás de ahora en adelante. Tendrás que aprender a controlarlos por tu cuenta, pero te ayudaré a comprender como funcionan; primero: tienes el poder de manipular las memorias. Puedes borrar o manipular las memorias de cualquiera que tenga un dominio de su aura que sea inferior al tuyo; segundo: puedes mimetizar tu aroma, para eliminarlo por completo o, camuflarlo e imitar otros aromas. Eso significa que puedes evitar emitir olor alguno, lo que permitirá que puedas ocultar tu aura, tu sed de sangre y por consecuente tu presencia; también puedes camuflarlo, ya sea que lo modifiques o imites el aroma de cualquier otra criatura para pasar desapercibido, ya sea humano, vampiro, otro Huargo o cualquier otra criatura; tercero: siendo el aspecto del sol, esta es sin duda la habilidad más poderosa dentro de tus poderes. Puedes manipular la luz del sol, almacenarla en tu propio cuerpo infinitamente y, expulsarla cada vez que quieras en forma de energía o simplemente de luz. Lo que significa que, siendo de noche, puedes convertirte en un pequeño sol que ilumine tanto como tú quieras, o también puedes crear un pequeño sol artificial que podrás extinguir cuando lo desees. Además, mientras el sol no se haya ocultado, podrás reflejar su luz como si tu cuerpo fuera un espejo y eso maximizara todos tus poderes; cuarto: naturalmente también posees telepatía. Es una habilidad que todos los reyes poseen; quinto: la luminiscencia sensorial es una habilidad sensorial que depende de la luz solar, para agudizar todos tus sentidos y brindarte una capacidad sensorial de la que nadie podría escapar. Incluso de noche, si expulsaras la energía almacenada en tu cuerpo, simplemente como luz, obtendrás una imagen clara en tu mente de todo lo que fuera tocado por esa luz; sexto: también puedes crear avatares hechos de luz, avatares que podrán tener las características físicas que desees y que podrás controlar siempre que haya luz solar; por último: tienes la capacidad de volverte invisible tanto de día como de noche. Tu cuerpo puede crear prismas de luces que te ayudaran a mimetizarte con el ambiente y obtendrás un camuflaje perfecto con el que serás invisible. La clave para entender cómo controlar todos estos poderes, reside en la concentración, la visualización y la sensación. Tendrás que concentrarte, visualizar y sentir la energía solar fluyendo y envolviéndote. Cuando puedas hacerlo, podrás manipular esa energía, para darle forma, expulsarla de tu cuerpo, cubrirte con ella, e incluso hacerlo todo al mismo tiempo. Kyle terminó de leer la carta y suspiró cansado. Apartó la mirada de la carta y bajó su mano mientras se sentaba. A su lado se sentó Amaia, mirándolo con curiosidad, pero sin decirle nada. Permanecieron así por al menos una hora, ella sabía que Kyle necesitaba tiempo para digerir todo, también espacio, pero no estaba dispuesta a dejarlo solo. No le agradaba la idea de apartarse de su lado en un momento como ese. Al cabo de una hora, ella lo miró de nuevo con curiosidad, notando que él estaba sumido en sus pensamientos. - ¿Qué estás pensando? – preguntó y él giró para mirarla, afligido. - Tal vez… todo lo que hacemos es en vano – dijo, pero ella no lo entendió – mi abuelo siempre dijo que, no deberíamos interferir con la línea del destino. Lo que está destinado a ser, será, no importa lo que hagamos, incluso podría ser catastrófico. Intentar cambiar la línea del destino podría tener graves consecuencias… ¿Qué tal si todo este tiempo hemos estado interfiriendo y por eso sucedió todo esto? Sería nuestra culpa… - Kyle – lo interrumpió dulcemente acariciándole la mejilla con suavidad – aunque el destino resulte ser ineludible, no es inalterable. Mi abuelo dice que el destino no puede ser predicho, porque es tan maleable que cualquier cosa puede suceder. Es algo tan impredecible como ineludible. Así que nosotros podemos construirlo a nuestro antojo y, tal como dices, lo que esté destinado a ser, será, y lo que no, entonces no sucederá sin importar cuanto lo intentemos. Lo único que tendrá importancia será que nuestras acciones hayan valido la pena. - ¿Cómo sé que valió la pena? – cuestionó mirándola afligido. - Valdrá la pena siempre que hayas sido fiel a ti mismo. A tu mente, tu corazón y tus instintos. - ¿Y si resulta que todo el tiempo estuvimos equivocados? - Aun así, habrá valido la pena – insistió ella con una sonrisa llena de ternura – si fuiste fiel a ti mismo, descubrir que te equivocaste solo debería hacerte más fuerte y sabio… la venganza es un veneno, pero aun así quiero continuar con ella ¿sabes por qué?: porque no sería capaz de perdonarme a mí misma si no pudiera mantenerme firme con la decisión que ya tomé, así que, llegaré hasta el final, sin importar cual sea el resultado. - ¿Aunque eso signifique que mueras? - Aunque eso signifique morir – reafirmó ella sin dejar de sonreírle – y si ese es el resultado, entonces… - Entonces yo continuaría por ti – dijo él con el ceño fruncido, lleno de determinación – si termina en eso, yo mismo me vengaré. - Si eso pasa, no puedo detenerte ni persuadirte. No sería consistente ni congruente con mis acciones y decisiones y no tendría ningún derecho moral de hacerlo, pero, si quisiera que no te centraras únicamente en eso. - ¿En qué otra cosa podría centrarme? - ¿Qué tal tus sueños? – preguntó y él la miró, completamente perdido, intentando hallar algo en su cabeza, ínfimamente similar a lo que ella estaba apelando, pero no encontró nada. - ¿Mis sueños? – repitió tratando de entender a qué se refería y ella asintió. - ¿Qué te gustaría hacer? - No lo había pensado hasta ahora – admitió y ella lo miró horrorizada – supongo que no tengo tal cosa como un sueño… ¿Y tú? – ella siguió mirándolo sin poder creerlo y suspiró cansada. - ¿Yo? – repitió mirando al cielo – sueño con salir de esta aldea algún día. Quiero visitar otras tierras, conocer las ciudades, estudiar en una universidad y conocer más personas… eso hubiera hecho, si papá no hubiera muerto peleando con ese hombre. - ¡Bien! – exclamó y ella regresó a mirarlo, un poco confundida – entonces desde ahora, mi sueño será el mismo que el tuyo – Amaia dibujó una sonrisa en sus labios y dejó escapar una risita de ternura, estaba conmovida y, al mismo tiempo, le parecía muy infantil. - No funciona así – repuso. - No hay otra cosa que quiera hacer, más que estar contigo – rebatió y ella lo miró más conmovida que antes – si debo tener un sueño, entonces quiero que sea este: estar contigo todos los días y apoyarte para alcanzar tus propios sueños. Y si alguno de los dos llegase a faltar, entonces uno continuará con el sueño del otro. Amaia sonrió de nuevo, enternecida, y levantó la mano, extendiendo el dedo meñique para formalizar una simbólica promesa entre ambos. Él, le sonrió feliz y entrelazó su propio meñique con el de ella, sellando la promesa de mantenerse fieles a sus propios sueños y los del otro, aun si alguno llegase a faltar. Cuatro años pasaron de la muerte de Gustav, Kyle, ahora con dieciséis años, tenía el físico de un adulto, ni que hablar de su fuerza, destreza y habilidades. Había conseguido dominar casi por completo sus dones y finalmente había conseguido convertirse en Huargo a voluntad. Su transformación en un lobo gigante, totalmente dorado y brillante como el sol mismo, era por decir poco, asombrosa. Ni que hablar del respeto que solo su aura infundía en todos. Se había convertido en el mejor guerrero de la aldea, también era el mejor cazador y el mejor explorador. Cualquier tarea que los Canni pudieran realizar con perfecta destreza, él lo hacía todavía mejor. Parecía imposible que pudieran ser superados, incluso Amaia, pero para Kyle era tarea sencilla. Cargar con el poder de un aspecto de la existencia podría haber sido abrumador en principio, especialmente sin entender cómo funcionaban sus poderes, pero no era el caso para él. Kyle había tenido mucha ayuda de su fallecido abuelo y, también de Oketon y otros miembros antiguos de la tribu que habían podido ser testigos del asombroso poder del rey del sol mientras estaba en manos de Gustav Stefan. Ahora no solo podía transformarse en un Huargo a voluntad tras haber alcanzado la edad adulta de los miembros de su r**a, sino que su dominio y control sobre sus dones de sangre eran casi impecables. Aun le hacía falta aprender a dominar su aura, pero iba bien encaminado. Aquella mañana se celebraría el cuarto aniversario de la muerte de Gustav Stefan. Kyle y Amaia salieron de los límites de la aldea, adentrándose en los terrenos de caza de la tribu, para conseguir las presas para el banquete que harían en honor a su fallecido abuelo. La relación entre ambos no había avanzado en lo absoluto. Eran muy jóvenes como para dar algún paso más allá y ambos habían acordado esperar a poder convertirse en Huargos a voluntad para poder avanzar. Habían hecho esa promesa el mismo día que se prometieron apoyarse mutuamente con sus sueños y seguir con el sueño del otro si alguno llegase a faltar, así que, este también era el cuarto aniversario de su promesa y, desde la perspectiva de Amaia, era el momento perfecto para avanzar. Aquella mañana, después de haber cazado a sus presas, fueron por algunas flores al bosque dónde solían reunirse para pasar tiempo a solas. Tiempo que sin lugar a dudas habría sido tortuoso para ellos, de no ser porque los instintos más básicos y primitivos de los Huargos, no despertaban hasta que no adquirieran la capacidad de transformarse a voluntad, ya que solo entonces habría despertado realmente, el animal que habita dentro de ellos, y con él, también despertaban sus instintos. Mientras Kyle preparaba todo para volver a la aldea, Amaia se sentó a su lado en aquella roca donde solían pasar horas y horas hablando de cualquier cosa. Ella lo miró en silencio, fija y analíticamente, con una sonrisa coqueta. Kyle notó su mirada y paró de hacer lo que estaba haciendo, para mirarla. Entonces se encontró con aquella sonrisa tan seductora y esa mirada enamorada. Sin poder apartar la mirada, o evitar emocionarse al punto que su corazón latiera tan fuerte que, Amaia fácilmente podía oírlo, pasó saliva con dificultad, tan nervioso que ni siquiera podía hablar. Ella le tomó el rostro entre sus manos y se acercó tanto que Kyle pudo sentir su respiración. Sus sentidos se agudizaron, tanto que fue difícil no sentirse en las nubes con el aroma de la chica, que se acentuó desproporcionadamente apenas se acercó tan solo un poco. Nada había cambiado, salvo el hecho que sus instintos como Huargo estaban comenzando a hacer de las suyas. Su lado animal estaba reaccionando instintivamente y llevándolo a experimentar lo que no había experimentado todos estos años con su alma gemela: el deseo físico, emocional e instintivo, mutuo y prácticamente incontrolable. Su corazón dio un vuelco, pero no era el único, Amaia también estaba hecha una montaña rusa de sensaciones que no alcanzaba a controlar. Sabía perfectamente lo que le estaba pasando, a diferencia de Kyle, pero ella quería que sucediera, por eso no lo evitaba ni trataba de controlarlo. Todo el dominio que se tuvo durante meses después de alcanzar su transformación a voluntad, lo desechó en ese preciso instante. Ella podía oír su corazón latir, eso la emocionaba más, su cuerpo solo estaba reaccionando instintivamente a sus deseos y los de Kyle. Deseos que él no entendía, pero estaban ahí y no los podía controlar. Amaia inhaló profundamente, deleitándose con el aroma de su alma gemela, dejando que las sensaciones invadieran todo su ser y se apoderaran de ella, a medida que su rostro acortaba la distancia con el de Kyle, para finalmente fundirse en un beso, lento, suave, apasionado, como si no existiera nada más que ellos en ese momento. Cuando se separaron, él la miró extasiado y preguntó – ¿Eso que fue? – ella le sonrió y suspiró profundamente, con una mirada llena de amor y ternura. - Hace cuatro años hicimos una promesa, y la sellamos con nuestros meñiques – dijo en voz baja mientras su frente se juntaba a la de él, ambos habían cerrado los ojos, abrumados por el éxtasis que estaban experimentando – ese beso es literalmente el sello de otra promesa. - ¿Cuál? – preguntó en voz baja también, casi susurrando. - Soy tuya, siempre lo seré – afirmó – partiendo de ese beso… estoy marcada. Seré tuya para siempre, incluso después de la muerte. - ¿Marcada? – intentó confirmar y ella asintió, frotando su frente con la de él. Ella se hizo para atrás y ambos abrieron los ojos, logrando apenas reaccionar del trance en el que estaban – los Huargos pueden formar un vinculo imposible de romper – dijo mirándolo fijamente – existen dos formas de hacerlo: mentalmente, compartiendo un secreto que nadie conoce o cualquier forma de intimidad física s****l, pasionalmente hablando. En esencia, un beso, como el que te di, puede crear ese vínculo, porque ese beso está cargado de toda la atracción y el deseo físico que ambos sentimos el uno por el otro. Ese beso ahora me ha marcado, lo que significa que, ningún otro Huargo podrá fijarse en mí, porque sentirán tu aroma mezclado con el mío. Será así hasta que alguno de los dos muera. - Entonces… - Soy tuya, y tú eres mío – dijo ella con una sonrisa feliz. - Suena bien para mi – le dijo sonriéndole y volvió a besar sus labios con dulzura. Ella se rio en medio del beso y luego lo abrazó, aferrándose a él, con una inhalación profunda que le permitió disfrutar a plenitud de su aroma. Ese día, ellos se hicieron uno, en la privacidad de aquel escondite al que iban juntos en secreto. Ya no había nada que pudiera separarlos. Amaia se había convertido en su Luna, posiblemente alterando toda la línea del destino, o quizá como consecuencia de las acciones de otros, como Ezra y Arya. Una mañana, mientras cazaban, Amaia escuchó la alerta de la aldea. Había intrusos en el territorio Canni. Kyle la miró y ella le asintió, entonces comenzaron a correr en dirección a los intrusos. Kyle, que ahora era un Huargo en todo su esplendor, se movía a gran velocidad, saltando de árbol en árbol, entre ágiles y elegantes acrobacias. Al llegar al extremo del territorio, Kyle se sostuvo de la copa del árbol más alto que halló, inspeccionando el terreno para localizar a los intrusos; no tardó en hacerlo. Unos cien metros al este del árbol, un grupo de cazadores circundaba el bosque, pero ellos no eran el problema; la sed de sangre que sentían, cuyo origen desconocían, era lo desconcertante. Amaia intentó averiguar de dónde venía esa sed de sangre, pero no lograba encontrar la fuente de origen, mientras que Kyle, usaba sus poderes para tener una mejor percepción del terreno. Entonces los vio, ocultos detrás de unos árboles, algo que nunca antes había visto, pero reconocía debido a las historias de su abuelo. Un grupo de licántropos acechaba a los cazadores. Kyle no entendía cómo, ni por qué estaban aquellas criaturas en las tierras Canni. Había oído historias sobre algunos hombres lobo que lograban alcanzar esta abominable transformación, pero todos tenían algo de humanidad en ellos, sin embargo, estos licántropos, no tenían nada parecido a la humanidad. Lo único remotamente similar, era su forma humanoide, pero fuera de eso, de humanos no tenían nada. Lo poco que sabía sobre hombres lobo que alcanzaban la forma licántropa, le hizo entender que estos no eran hombres lobo, sino licántropos en todo su esplendor. La mayor diferencia entre un licántropo real y un hombre lobo que puede transformarse en uno, eran las piernas. Mientras que las de un hombre lobo eran estructuralmente idénticas a las humanas, salvo por la densidad ósea, las de un licántropo real eran más parecidas a las de un lobo, por lo que los licántropos nunca estaban del todo erguidos. Kyle no pudo evitar preguntándose como era posible que hubiera licántropos reales, especialmente sabiendo que los licántropos reales estaban confinados en otra dimensión. Eso solo podía significar una cosa: alguien los estaba trayendo de esa otra dimensión. Inmediatamente pensó en Damian Cross como el único posible responsable. Era la única conexión real que podía establecer con respecto a lo que estaba ocurriendo. Amaia lo miró preocupada, sabía lo que estaba pensando aun sin que se lo dijera. Ella también se dio cuenta que no se trataba de hombres lobo y le resultó aterrador que fueran licántropos reales. - ¿Qué hacemos? – preguntó la muchacha, mirando dubitativa en dirección a los cazadores, totalmente desprevenidos del peligro que los acechaba. - Esos humanos no son una amenaza – dijo Kyle mirando en la misma dirección – los licántropos por otro lado, son un verdadero problema. Si esos hombres mueren, más vendrán buscando respuesta y entonces los humanos comenzarán a ser una amenaza. Lo primero será echarlos de estas tierras, antes que esos licántropos cobren alguna víctima. - ¿Cómo? – cuestionó volviendo la mirada hacia él. - Se me ocurre una forma – dijo y entonces cerró sus ojos. Pronto el sol se escondió sobre las nubes, la luz casi desapareció por completo. Parecía que la noche había caído mucho antes del atardecer. Los cazadores miraron el cielo, casi carente de sol, gris y tan oscuro como la noche misma. No dudaron en abandonar las tierras Canni enseguida. Los licántropos sintieron el aura de Kyle fluyendo cual riachuelo y, entendieron que lo que estaba ocurriendo era obra suya. Supieron de inmediato que el rey Dorado estaba cerca, aunque no podían verlo, mucho menos olerlo. Extrañamente su aura era lo único que podía sentirse, casi palparse, pero la fuente de origen era imposible de conocer. No tardaron mucho en darse cuenta que estaban siendo cazados por el rey Dorado, así que decidieron emprender la huida, pero Amaia era tan rápida como ellos. No tardó en alcanzar a un par y atravesarlos con flechas imbuidas en magia. La tribu las fabricaba para enfrentarse a otras tribus. Hacían uso de la magia desde tiempos antiguos, aunque ellos eran Huargos. Otro par se dispersó, mientras que otros tres se detuvieron para plantarle cara a la chica. Pronto se vio rodeada, pero no era un problema. Kyle estaba al acecho, así que Amaia simplemente se concentró en evitar que los otros dos huyeran y, para cuando los demás intentaron atacarla, Kyle apareció, dominándolos a todos fácilmente, eliminándolos uno a uno y, dejando con vida únicamente a uno con la intención de sacarle algo de información. Rápidamente se volvió hacia Amaia, que sostenía su arco apuntando al suelo, lo que le hizo entender que ella ya había hecho su parte. Los dos que habían huido, ya no serían un problema y, la tribu no tardó en presentarse. Los Canni recuperaron los cuerpos de los licántropos muertos, mientras que Kyle llevaba a su prisionero a la aldea, envuelto en una especie de trance mental. Esta sería la primera vez que ponía a prueba sus habilidades de manipulación mental. Ya que su poder para manipular los recuerdos de las personas, tenía más que ver con la habilidad de controlar a través de las luces, los canales sensoriales ligados a la memoria y su mente en general, por lo que, no se limitaba a solo poder manipular sus recuerdos. Kyle podía inducirle un trance a cualquiera que tuviera un dominio de aura menor al suyo. Aquel licántropo estaba a punto de convertirse en su primer experimento con este poder y de cierta forma él estaba emocionado. Amaia se limitó a observarlo desde la distancia, igual que el resto de los guerreros de la tribu, aunque no tan lejos como ellos. Los guerreros Canni no pudieron evitar sentirse perplejos y aterrados al ver a un licántropo real, porque sabían perfectamente lo que eso significaba. Finalmente, Amaia se acercó con curiosidad y se paró junto a él, mirando fijamente al licántropo que yacía frente a ellos, hincado involuntariamente sobre sus rodillas. - ¿Qué le hiciste? - inquirió intrigada y él suspiró mientras miraba al licántropo analíticamente. - Está en un trance. Ahora mismo se encuentra sumergido en una ilusión óptica y mental. Está viendo lo que él cree que está pasando. - ¿Y eso es?... - Piensa que me capturó y que me está llevando con su líder. Si consigo recrear todas las imágenes que tiene en su memoria, podré saber cómo es que llegaron estos licántropos a nuestro mundo. - ¿Crees que alguien los trajo? - Preguntó Amaia mirando con preocupación a Kyle y el asintió - ¿Quién? - indagó intrigada. - Tengo mis sospechas, pero no estoy seguro. Por eso necesito verlo en sus recuerdos – dijo y ante la mirada intrigada y ansiosa de su Luna, finalmente le dijo el nombre de quién tenía en mente desde el principio – Nuestro enemigo en común – dijo y la ira se encendió en el rostro de la chica. - ¿Cuánto crees que te tome descubrirlo? – preguntó más ansiosa que antes y Kyle la miró fijamente. Entonces suspiró y se giró hacia ella. Le tomó ambas manos entre las suyas y la obligó a mirarlo a los ojos. La ira que se acumulaba en su pecho de pronto disminuyó, el fuego en sus ojos comenzó a disminuir su volatilidad hasta que su mirada volvió a ser la misma de antes y, sin siquiera darse cuenta, su corazón, que había comenzado a latir con mucha fuerza, se había calmado por completo y había vuelto a aquellos latidos suaves, controlados y apacibles que la caracterizaban. - Lo descubriré, en cualquier momento, puedes estar segura – dijo y besó su frente – tranquila, no dejaremos que siga huyendo de nosotros. Es una promesa – ella suspiró mientras cerraba y apretaba los ojos, luego los abrió con una mirada mucho más dócil y asintió aceptando las palabras de su Lobo. Un par de minutos después, finalmente encontró la imagen que buscaba en los recuerdos de aquel licántropo, pero para su sorpresa, no se trataba de Damian. Era alguien totalmente desconocido para él. - “probablemente un Guiverno” - pensó para sí mismo, pero no podía estar seguro. Amaia seguía mirándolo fijamente y no hizo falta que él dijera nada para entenderlo. Ella lo supo con tan solo ver sus ojos sorprendidos. Lo cual hasta cierto punto le produjo mucho alivio, sabiendo que Damian no era el culpable de que esos licántropos amenazaran su aldea y su tribu. Ahora que lo sabían, el licántropo no servía para nada.
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