Capítulo cuatro

4599 Words
El vestido era n***o, con un tul debajo de mi cintura y un corsé que enmarcaba con atrevimiento mi figura. Mi peinado, basado en una recogida de mechones delanteros, demostraba un aspecto casual. Aquella tarde mis ganas de ir se reducían a inexistentes, pero las reiteradas insistencias de mi madre, además de hacer que me arrepienta de mencionarle lo sucedido hacía dos días, lograron convencerme a costa de mi compasión por su emoción de encontrarse a Giulio y poder forjar un buen lazo, tanto de trabajo como de afecto. Tenía planes, los que se resumían a la investigación de las universidades a las que tenía como opción asistir, pero estos no pudieron llevarse a cabo. El baño del lugar estaba compuesto por pocos cubículos, en efecto aquello no era lo que importaba, sino que el gran espejo que dejaba en evidencia la deficiencia y la normalidad en el aspecto de cada señorita que entraba, un buen ejemplo era mamá, quien miraba hasta el diminuto desperfecto en su apariencia, para así poder arreglarlo. A su lado, yo esperaba impaciente por nuestra salida, puesto que los bocadillos en el salón se veían tan deliciosos en el momento que llegué que mis ganas de probarlos me carcomía. El lugar se basaba en distintas áreas ambientadas en relación al cuadro a admirar. Cada pared que sostenía la obra de arte estaba pintada en relación a ella, algo destacable a decir verdad, puesto que también varios cuadros estaban continuados en las paredes, lo que ocasionó varios interrogantes al respecto, pero aquello no era una pregunta tan difícil de responder; por el dinero el mono baila. Estaba segura de que habían puesto una gran cantidad de dinero para hacer todo lo que habían hecho dentro del salón, ya que eso de las paredes no era lo único destacable en aquella reunión; había cantidad de chicas, algunas semidesnudas y otras pintadas en su totalidad, moviendo sus caderas al ritmo de la música, y otras enredadas en telas haciendo piruetas que nadie notaba. —Mi silueta quince años atrás me hubiera permitido hacer todo eso —mamá observaba a las chicas como rascacielos sobre nuestras cabezas. —La edad no es un impedimento. —Pero el cuerpo se pone viejo amor, y cosas que podía hacer antes ahora mis años encima me lo impiden... —su lamento por la suma de su edad a medida que pasaban los años era un tema que consumía cada mínima intención mía por entablar una conversación con ella, puesto que a mi parecer no había ningún limitante, mucho menos la edad, pero aquello era un tema que prefería no tocar con mamá para evitar sermones biológicos sobre su cuerpo— ¿Quiénes son esos chicos que me dijiste? —de repente mi mirada comenzó a vagar dentro de aquella pequeña multitud en busca de Daniela, o su hermano, que en efecto, desconocía físicamente. —No los veo mamá. Tal vez aún no llegan. —¿Al menos puedes ver a Giulio? —estiró su cabeza para buscar con mayor facilidad al alcalde. Yo imité su acción sin éxito alguno, pero en el momento que la miré su sonrisa de felicidad me dio a entender que había logrado encontrarlo entre tantas personas caminando. Su desaparición fue para nada sorprendente y demasiado predecible; la vi caminar a paso apresurado hacia Giulio mientras éste la recibía con sus brazos abiertos dispuesto a darle un abrazo de bienvenida. Mamá se estaba esforzando más de lo que en algún momento imaginé en el libro biográfico del alcalde, no descubría por qué tenía tanto interés en escribirlo con compromiso, no negaba que a todos sus trabajos les dedicaba el debido tiempo y la debida responsabilidad, pero aquello era un caso aparte, lo distinguía más el hecho de que se interesaba demasiado en romper el espacio personal de Giulio queriendo ser la causante de sus risas. Según lo que respectaba mi escasa información, se respondían estados de w******p con emojis sonrientes, lo que en su momento no me parecía malo pero sí extraño, pues repito, aquella relación que mamá intentaba forjar no había existido entre sus clientes, hasta Giulio. Mis pasos observando cada cuadro dentro de su debido ambiente eran cortos y prudentes. No entendía ninguna de las figuras que tenía enfrente, pero no negaba que llamaban mi atención más de lo que imaginaba. De repente, y sin previo aviso, una puerta demasiado grande se abrió gracias a las chicas que bailaban entre las telas, dejando en evidencia las luces rojas y azules que alumbraba aquella zona. No fue de desinterés para ninguno de todos los expectantes, mucho menos para mí, y cuando mi atención se concentró en todas las cosas que tenía enfrente mi imaginación se expandió. Sobre todas las telas que cubrían cada pared comenzaron a vislumbrarse figuras humanas moviéndose al ritmo de la música que resonaba con fuerza de los parlantes escondidos. Según sus figuras, distinguía chicas bailar alrededor de un cuerpo masculino estático. Me di cuenta que estaba haciendo su propia presentación cuando las telas cayeron y un chico con traje blanco apareció con sus brazos abiertos, como recibiendo a cada persona que lo observaba. Luego de eso, unas segundas telas que no se hacían notar cayeron haciendo que la aparición de sus mejores cuadros hiciera que cada persona se interesara más por los mismos, excepto yo, que mi atención recayó en la última persona que entró a aquella parte del salón. Hubiera preferido que se vistiera con algún traje que lo hiciera pasar desapercibido entre tantos hombres, pero su estilo era sobresaliente, y era casi imposible no fijarse en ello. Su camiseta blanca le daba, nuevamente, un aspecto despreocupado, fusionando esto gracias a que la misma era manga corta, sin nombrar su pantalón n***o con delicadas lineas blancas que formaban pequeños cuadros, respecto a aquella prenda prefería no pensar en nada, puesto que mi interés ya estaba sobrepasando el limite permitido, pero en el momento que me di cuenta de eso, mi tiempo había llegado tarde, o preferiblemente yo al tiempo, porque su mirada se concentró en mí como si fuera la única persona dentro del lugar, y no digo esto por su forma tan afectuosa de mirar, teniendo en cuenta que eso era imposible entre nuestras masas de aire, sino que, sin saber explicar gracias a mi desistencia por buscar la palabra indicada, prefería decir que era invasiva, todo él era invasivo. —Las moscas niña, cierra la boca —la voz de mamá hizo que me sintiera aún más obligada a alejar mi mirada de él. Su sonrisa era pícara, pero mi mirada fulminante apagó eso—. Yo sólo digo lo que veo, y según mi mirada e intuición, que aclaro nunca falla, te atrae. Aquello no era algo incierto, estaba segura que no era la única persona que se sentía atraída física y sexualmente por Angelo, pero entre tantas yo conocí su personalidad, o la parte mala de ella, y al menos a mi criterio, eso tiró todas sus cualidades positivas respecto a lo físico por debajo del suelo. No hice más que un ademán con la mano y me dispuse a escuchar al anfitrión de esa noche. —Gracias, gracias y gracias. Es un honor para mí poder compartir mis cuadros con ustedes. Diría que me llevó trabajo pintarlos pero estaría mintiendo; cada uno fue elaborado con esa utopía mental después de mi propia metamorfosis, así que sientanse honrados por tener la dicha de verlos. Otra vez, gracias... —las personas, a pesar de su vil presentación, lo aplaudieron, más por cortesía que por reconocimiento. Bajó del pequeño escenario en el que se encontraba, y como si fuera la única persona que podría traer cura para la hambruna, un montón de personas se le acercaron, especificamente del sexo femenino, lo cual no me extrañó, su aspecto no era ofensivo, al menos para mi gusto. Las personas comenzaron nuevamente a dispersarse y las bailarinas volvieron a su lugar. Yo me quedé allí, completamente sola después de unos cuantos minutos, puesto que los mozos comenzaron a salir con bocadillos en bandejas para ofrecer a cada invitado y mamá se había ido tras la figura del alcalde. Carecía de hambre en aquél momento, y el cuerpo desnudo de una mujer plasmado en un pedazo de madera había llamado mi atención, la suficiente como para centrarme en el punto tan realista de su entrepierna. Aquél cuadro estaba más que detallado, cada parte del cuerpo de la mujer parecía real, tomando en cuenta hasta la arruga más delicada y diminuta que se divisaba en el pedazo de pintura. —Tiene buena mano para pintar —una voz hizo presencia alertando a mis sentidos de mi vergonzosa posición. Alejé mi cara de la v****a de la mujer pintada para concentrar mi mirada en él—. Veo que te llama la atención la particularidad en cuanto a los detalles de sus cuadros... —Sí. Es muy detallado en sus pinturas —aquél fue un comentario careciente de apoyo a la certeza de mis palabras; en realidad no sabía con exactitud si todos sus cuadros eran así puesto que no les había prestado la debida atención a los que había admirado momentos antes. —A mi también me llama la atención las partes que decide detallar... —su mención fue claramente una indirecta sobre la intimidad de la mujer en pintura. Era impresionante como cada parte estaba tan perfectamente detallada y pintada que hacía parecer que estábamos en frente de una v****a en forma física— Estoy seguro que este cuadro no lo ha sacado de su imaginación, está claro que es una mujer con la que ha congeniado sexualmente, es imposible detallar tan específicamente la v****a de alguien sin haberla visto antes —sus palabras tenían soporte, y coincidía con él. —Tal vez es su enamorada... —No tiene una —aclaró mirándome. Mi intención de replicar se vio resguardada por los recuerdos de lo sucedido hace pocos días; él claramente conocía al hermano de Daniela, imposible no haber congeniado alguna vez con él. —Tal vez algún ligue —aporté. —Puede ser...—su ceño fruncido y su dedo índice sobre sus labios demostraban cuán pensativo estaba respecto a la pintura— Pero yo no hubiera pintado la v****a de cualquier mujer. —Un amor imposible, o un amor que no pudo ser. —Seguramente. Samuel es muy cerrado en estos temas, y en cualquier otro... Aunque, desde mi punto de vista, me hubiera concentrado más en alguna otra parte llamativa, no exactamente su v****a —acotó—. Tal vez en sus facciones, o sus caderas... Me atraen las caderas —sus ojos instintivamente recayeron en mí, dejándome observar con claridad el color café que teñía su iris. Sus labios carmesí, tomando cierta distancia, parecían pintados, pero la forma en la que repetidas veces se los relamía, además de favorecerlo sin límite alguno, demostraba que no. No pasé desapercibida la forma en la que su mirada recayó en mi boca, haciendo que desde mi punto de vista se viera más deseable de lo normal, pero el instante que se mantuvo entre nuestras masas de aire se esfumó gracias a la voz de una persona detrás de nosotros, lo cual agradecí puesto que hizo que volviera a mi realidad. —Lia... viniste —mis brazos rodearon a Daniela en un fuerte abrazo. —Estás hermosa —su vestido dorado favorecía su piel morena, y dejaba en evidencia ciertas partes de su cuerpo que le daban un aspecto demasiado sensual. —Tú también, ¡por dios! ¿te has visto? preciosísima —me sonrió con efusividad—. Veo que ya conoces a Angelo. —Sí, estuvimos hablando sobre la pintura de Samuel. —Oh, ya veo, sin dudas es el mejor pintor de la ciudad —comentó con orgullo. —No sabría decirte ya que no conozco a muchos pintores, pero sus cuadros son llamativos... y muy detallados —mencioné. —Si bueno, habrá más presentaciones en donde te invitaremos. Tienes que conocer a Samuel, ¿sabes? Le emocionará conocer a la hija de su musa de poesía... —Oh, me encantaría —la verdad no era de mi interés congeniar con Samuel, pero la forma en la que su mano se aferró a mi antebrazo hizo que, además de no querer negarme, me obligara a ir con ella gracias al tirón que ejerció. Pasamos por entremedio de muchas personas hasta llegar a un grupo de chicas en donde, indudablemente, Samuel se encontraba en medio. —¡Es Lia! —el ceño fruncido de su hermano me dio a entender que no tenía idea de lo que estaba hablando— Hija de Giovanna —como si de un tirón de orejas se hubiera tratado, Samuel reaccionó a saludarme amistosamente luego de escuchar el nombre de mamá. —Es un placer tenerte a ti y a tu madre aquí —sus manos encerraron las mías sobre el aire sosteniéndolas. Le sonreí por cortesía. —Tus cuadros son bellos. Me encantaron todos —mentí. Sus manos cayeron al lado de su torso, y se posicionó a mi lado para hablarme mirando a su frente. —Sí, no son los mejores, pero tuve que apurar mi presentación así que no me quedó otra opción más que enseñar cuadros que no quería mostrar —su sonrisa demostró su disgusto a aquello. —¿Por qué? —sus ojos se concentraron en mí dejándome ver el semblante serio que mantenía. —Ya sabes, cosas de familia —luego de decirme aquello entendí que era algo que no me incumbía, así que miré hacia otro lado. Segundos después, guardando el celular en su cartera de mano, Daniela se acercó a Samuel. —Louis está afuera —Samuel asintió y, luego de anunciar que su huída sería de poco tiempo, se encaminó lejos de nosotras. Ella me miró fingiendo que no había dicho ni una palabra cuando en realidad había hablado más fuerte de lo que hubiera querido. No me privé de sacar mis dudas, por más que fuera descarado, le pregunté. —¿Es algún primo de ustedes o algo? —Oh no, sólo un amigo —claro que no era un amigo, pero nuevamente entendí que era algo que no me incumbía, así que volví a callarme. La jornada luego de eso pasó monótona, teniendo en cuenta que luego de quince minutos hablando trivialidades de las personas presentes con Daniela, y la inexistente vuelta de Samuel, la gente comenzó a dispersarse dando a entender que ya era hora de partir. —Daremos una fiesta a la salida de aquí, como conmemoración a Samuel y a sus cuadros, me gustaría que vinieras con nosotros... —en realidad no quería, pero su gentileza y su bondad me obligaron a mentir. —Claro, sólo me gustaría ir a mi casa a cambiarme de ropa. —Oh, sí —sacó su teléfono de su cartera y sin mirarme me pidió mi número, el cual le di sin ningún problema. Me alejé de Daniela en busca de mamá, a la cual, en vez de buscarla a ella, buscaba a Giulio, quien por obviedad sabía que estaba con ella. La salida de aquél salón era un tanto angosta, y no teniendo en cuenta esto, varias personas se quedaban hablando en la puerta, obstruyendo el paso y formando una larga fila para lograr salir a la calle, lo que por desgracia tuve que hacer. No pasé desapercibida la forma en la que Angelo, a un lado de mí, hacía el mismo esfuerzo por salir. No había tenido el tiempo suficiente de asimilar nuestra civilizada conversación, pero agradecía que haya sido tan educado como para no atacarme con sarcasmo o comentarios para nada agradables, o en efecto no hacer que yo lo ataque con todo lo nombrado anteriormente. Pensé que nuestro problema había sido algo de aguas pasadas y nada emocionante como para traer al presente, y me gustaba pensar en aquello ya que nuestra relación, si se podía llamar así, iba a tener que ser todo lo derivado a la palabra cortés teniendo en cuenta que nuestros padres trabajaban juntos, por consecuencia a eso, y por lo visto, también ibamos a tener que encontrarnos en varios lugares en relación a nuestros padres y su trabajo. Una vez que encontré a mamá nos subimos al auto rumbo a casa. —Te vi hablando con los hermanos Xaviero, son muy amables —mamá habló con una gran sonrisa en su rostro. Se la notaba muy feliz luego de saber que su trabajo y su relación con Giulio iba avanzando a una velocidad para nada limitante. —Sí. Son muy agradables. —Se ven buenos chicos. Su madre es bellísima y muy gentil, su padre es un tanto amargado, pero por lo poco que vi se nota que quiere a Giselle. —Al parecer ya has formado buena relación con Giulio. —Sí. Todo va viento en popa, y me gusta. Estoy congeniando con mujeres que se comprometen a integrarme a su grupo. Me hubiera encantado venir con papá... —mamá y yo habíamos sido las únicas invitadas, no obstante, tanto nosotras, como papá, ansiabamos que él pudiera ir a aquella presentación; papá no entendía nada dentro del ámbito artístico, pero con la sola mención de la presencia de Giulio, sus ganas de ir se habían activado, por supuesto que obviaba decirle aquello a mamá pese a que esta era consciente de su interés. Por desgracia, y aunque quería, no pudo ir puesto que puso en primer lugar su preparación para la reunión con sus socios y futuros socios— Te vi hablando con Angelo —la sola mención de mamá hizo que rodara mis ojos. Sabía para qué lugar quería llevar su conversación, y estaba segura de no querer seguirle la corriente, además de también pisarle su mínima ilusión creciente entre nosotros. —Sé para dónde vas con esto, y desde ya te digo que todo lo que tu cabeza ideó, aunque en tu mente suene bien, es imposible. —Es un buen chico... —Imposible, mamá. Una vez que llegamos a casa mi cuerpo pasó, como si de un fantasma se tratara, hacia el baño. Tenía como idea deshacerme de cualquier rastro que haya dejado el maquillaje para luego cenar y acostarme a dormir, pero gracias al llamado de Betta, aquello se vio imposible. —No hay peros niñita. En quince paso por ti —su voz divertida me demostraba que ya estaba en sintonía de fiesta. —Sí Lia, ¡por dios! Tienes dieciocho años, demuéstralos —Erick gritaba por detrás haciendo que una risa salga de mí—. Estamos yendo a tu casa para poder prepararnos, avisale a los Cleveland —luego de eso, cortó. Mi reflejo frente al espejo demostraba todo menos ganas de salir, aún así, me armé de valor y comencé a secar mi pelo y a volverme a aplicar maquillaje, ahora, más liviano y de noche. Antes de que mamá se acostara mencioné la visita de mis amigos que llevaría a mi huída de casa, como siempre, no mostró molestías y se encerró en su habitación con papá. Betta y Erick tardaron menos de quince minutos en llegar, lo que maldije puesto que golpearon la puerta en el momento justo que mi plato de fideos estaba servido sobre la mesa. —Disculpa por interrumpir tu cena, pero no hay tiempo para eso —Erick apareció con su bolso violeta lleno de ropa. Betta por detrás lo seguía con un vestido n***o entallado a su cuerpo y unos zapatos del mismo tono. Su cabello recogido en una resistente cola de caballo dejaba una buena vista de sus facciones. —Es mi cena. No he comido nada —mi amigo me miró como si hubiera dicho algo careciente de su interés y siguió metiendo fideos a su boca. Rodé mis ojos y le arrebaté el plato comiendo lo más rápido que mi estómago me permitía para poder subir a mi habitación a arreglarnos—. Veo que estás demasiado lista —le mencioné a Betta mientras me sacaba mi pantalón de pijama. Ella me miró con un semblante nada agradable mientras dejaba de pintar sus labios de un rojo furioso. —Va Louis, el rubio tarado —Erick habló rodando sus ojos. —No es tarado —Betta replicó. —Es tarado si te deja varada a las diez de la noche en la carretera. Tú eres tarada también —mi amiga decidió no contestar para evitar una posible pelea entre ellos, algo que internamente agradecí. Aquella noche mis ganas de producirse eran inexistentes, así que opté por un vestido verde oscuro que se adhería a mi figura. No tenía mangas y su cuello era como el de una polera. Decidí no ponerme ningún cancán a pesar de que su final llegaba hasta mis muslos, pero sí llevar un saco para no ser parte de la población que se obligaba a pensar que el frío era psicológico a pesar que estaban a punto de una hipotermia. —Muy sexy —mi amigo me dio un nalgazo en señal de halago. Le sonreí en respuesta para luego ponerme mis botas negras. Una vez más, Betta nos apuraba desde la puerta de la habitación mientras Erick y yo hacíamos lo posible para hacer nuestras cosas lo más rápido que nuestros cuerpos nos lo permitieran, gracias a eso no pude ver con detalle mi aspecto, mucho menos cargar el cargador de mi celular en mi pequeño bolso de mano. Decidí no preocuparme por la poca batería que ocupaba mi celular cuando me subí al auto y lo agarré. Te esperamos hoy. La dirección es Wallace 340. El mensaje de un número desconocido, al cual le di la identidad de Daniela por obvias razones, me apareció como primera notificación en el momento que desbloquee mi celular. Decidí no contestarle para ponerle la excusa al día siguiente que el sueño había superado mis ganas de salir. El camino, del cual desconocía nuestro paradero, fue todo menos monótono. Erick y Betta discutían gracias a las intenciones para nada agradables del ligue de ella, discusión de la que decidí no ser parte puesto que tenía la firme idea de no meterme en relaciones que no eran de mi incumbencia. Sabía que aquél chico no era alguien favorable para mi amiga, pero también sabía que repetirle reiteradas veces que no era bueno para ella, además de hacerme perder el tiempo, le entraría por una oreja y le saldría por la otra. No necesitaba recordarme que cuando necesitara mi ayuda acudiría a mí, mientras tanto, opinaba cuando me lo pedía. Evidentemente eso era algo que a Erick le costaba entender, y no lo culpaba, sabía que se preocupaba demasiado por el bienestar de nuestra amiga, pero su preocupación se había incentivado gracias a la pelea que mantuvieron Betta y Louis yendo en una carretera durante la noche hace días atrás, lo que ocasionó que Louis la dejara varada en media ruta y mi amigo tuviera que ir a socorrerla. —Erick ya cállate. Quiero pasar una linda noche y tú no estás ayudando para nada. —No vas a pasar una linda noche corriendo a los brazos de un idiota —mi amigo contestó, dando por terminada la discusión mientras miraba por la ventana. El ambiente había quedado tenso, por lo que mi pregunta sobre nuestro paradero aquella noche hizo que la pelea fuera agua pasada. —Es en la casa de unas personas amigas de Darío. La verdad es que no los conozco. Cuando llegamos a la casa, la cual estaba explotada en personas, encontrar estacionamiento fue lo más difícil, y las insistentes indicaciones de Erick respecto a los lugares disponibles, los cuales iban contra la ley, no ayudaba a la poca paciencia que manteníamos con Betta. —¿Sabes qué? Si me llega una multa la pagas tú —Betta giró el volante con una impresionante agilidad estacionando su coche en frente de un garaje. —Claro, porque a mí la plata me sobra. La alarma del auto se hizo oír entre el bullicio de toda la gente que se encontraba, incluso, fuera de la vivienda. Todos estaban con alguna bebida en mano, algunos hasta fuera de sus cinco sentidos, lo cual era algo extremista ya que era obvio que la fiesta recién empezaba. La casa por dentro era demasiado amplia y bien decorada, lo que hizo que un sentimiento de aflicción inundara mi sistema, porque sabía que nada iba a terminar igual que antes, pero también era evidente que el anfitrión no iba a tener que limpiar absolutamente nada. El ambiente, además de inundarte con olor a cigarrillo, se volvía más caluroso a medida que te ibas metiendo entre todas las personas, lo cual hizo que agradezca haber dejado mi saco dentro del auto de Betta. Una vez que llegamos a la cocina, tratamos de hacernos paso entre la gente que estaba sirviendo su trago. Mi amiga sacó una botella de vodka de la heladera y cogió varios vasos para verter el líquido en ellos. Como primera instancia, tomamos varios shots que quemaron hasta lo más recóndito de mi garganta. —Esto está muy bueno —exclamó mi amigo con una sonrisa en su rostro—. ¡Me dan ganas de darle un beso a todas con lo hermosas que están! —Eh, tranquilo, que no se te olvide que intentas ligar con Darío—Betta mencionó por encima de la música. —No hay nada formal aún, y mientras tanto puedo divertirme. —Necesito ser parte de ese chisme —informé a mi amigo. Su historia había quedado en el olvido dentro de mi mente, lo único que supe de ellos fue que Erick se lo había encontrado en la playa, después de eso, nada. La música comenzó a oírse un poco más fuerte de lo normal, y no supe si fue culpa de los vodka, pero mis ganas de ir a bailar se intensificaron de una manera para nada limitante. A mi lado mis amigos reían ajenos a mi presencia, así que, luego de mencionarles mi huída a la parte central de la casa, me siguieron el paso. La cocina constaba de una isla demasiado grande y ancha, lo que hacía que todas las personas dentro se vieran apretadas y sin mucho espacio para moverse, sin tener en cuenta la puerta, que era demasiado angosta como para que las personas que pasaban con insistencia tuvieran la poca libertad de entrar y salir a cada rato. La entrada a la parte principal de la casa se nos hizo larga gracias a la pequeña fila que había para salir de la cocina, lo que no nos detuvo a bailar en nuestros lugares riendonos con euforia ya que la corta hilera no avanzaba con lentitud, y eso ocasionaba que mientras bailabamos en nuestro lugar avanzaramos a la vez también, pero aunque dentro de nuestras cabezas aquello sonara divertido, no fue más que el culpable de un accidente; vi mi vaso caer sobre el suelo mojando todo debajo de mí, seguido de un ligero dolor en mi brazo izquierdo, el cual pasó a un segundo plano en el momento que mi mirada divisó un pantalón n***o demasiado conocido para mi gusto, y aunque deseaba que no fuera la misma persona que había estado conmigo horas antes, su vestimenta indicaba todo lo contrario a mi deseo. Cuando subí mi mirada para encontrarme con mi cruel realidad, Angelo Camellieri estaba mirándome con su camiseta empapada en vodka .
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD