Ahora estábamos en verano, muchas lluvias, pero también había sol y el clima era más cómodo para Grace. A menudo disfrutaba de verla levantando su rostro al sol y respirando el aire. No sólo porque me gustaba verla feliz, sino que ahora llevaba menos ropa y le quedaban demasiado bien esos vestiditos y botas vaqueras que usaba diario. Durante el camino hablamos de algunas cosas sobre la boda, ella tenía ese gusto por lo pastel y las flores. Intentó sacarme de nuevo el tema la luna de miel, pero obviamente insistí en que era una sorpresa, además, no me iba a arriesgar de que se lo dijese a alguien y mi plan de cero interrupciones se dañara. —Ahron y Helen todavía no han llegado de su cita—mencionó Grace cuando cruzamos el umbral de la puerta en la casa de Ahron—. Espérame aquí. —Por su

