—Grace es una buena chica—declaró Joel finalmente, y sonrió solemne—. Ella lo quiere mucho, se lo aseguro. Apréciela y cuídela. Esas palabras no llegaron a mí como debieron, me atravesaron y el dolor fue duro y real. Entonces escuché a Hunter tragarse una risita sin esmerarse en ocultarlo realmente. —Él hace un buen trabajo en eso, es el mejor. —¿Te diviertes mucho? —estuve a punto de arrancarle la sonrisa de satisfacción. —Pues, la verdad es que sí. ¿Por qué no le dices cuanto la amas cuando volvamos? Me planté frente a Hunter y él no se hizo inmutó para hacer lo mismo que yo. Si las miradas matasen no sé probablemente ambos estaríamos desintegrados en el piso. —Bueno, bueno—intervino Joel divertidamente—. ¿En qué los he pillado? ¿Qué necesitan? —Un anillo—contesté, con la estupe

