—¡Maldición! —grité enfurecido. Revisamos toda la zona y no había forma de que ese zorro idiota pudiera haber sobrevivido a una caída como esa. El acantilado era franco, empinado y muy alto, al final del vacío se podía vislumbrar la boca de un bosque con enormes árboles, pero ni siquiera seres como nosotros podría sobrevivir a una caída desde esa altura. Tomé la mesa de café que estaba en el centro del salón y la tiré contra el televisor de pantalla plana que estaba sobre la chimenea. El quiebre del vidrio se escuchó justo como me sentía. Estaba a punto de entrar en un estado de desesperación, porque si no podía encontrar a Grace jamás iba soportar vivir. No me consideraba tan fuerte como Lauren, no, no. —¡Estábamos tan cerca! Esta vez tomé uno de los sillones individuales, pero Luk

