POV Isadora Valente Las paredes doradas de la mansión Alighieri parecían tragarse el aire. Todo era demasiado ostentoso. Demasiado cargado. Como si el barroco mismo se hubiera emborrachado de poder y de ambición… y hubiera vomitado cada rincón de esa maldita casa. Caminé entre los pasillos largos como un eco, el mármol frío resonando bajo mis tacones. Mis dedos apenas rozaban la baranda de una escalera tallada a mano, y el vestido blanco de seda se movía como si flotara en un sueño… o una pesadilla. No estaba huyendo. Estaba dando inicio al primer paso de la destrucción. Entré al baño del ala este, el menos concurrido. Frente al espejo, mi reflejo era impecable. La prometida. La reina. La traición encarnada. Saqué el pequeño comunicador del broche en mi cabello y susurré: —Cód

