POV Isadora Valente El aire olía a flores muertas, a vino derramado sobre mármol y a mentiras vestidas de gala. Los invitados comenzaban a retirarse. Las risas fingidas se apagaban, las copas vacías tintineaban en bandejas plateadas, y los músicos afinaban notas que ya no importaban. La noche estaba rota. Y yo… intacta. Me deslicé entre los asistentes con elegancia asesina. Mi vestido blanco aún relucía como si no acabara de partirle el cuello a un hombre. Cada paso mío sobre los pisos de mármol era un mensaje. Cada mirada que evitaba la mía… una confirmación: sabían quién mandaba ahora. Agatha se acercó, discreta. —Todo listo. El cuerpo fue... desvanecido. Asentí, sin detenerme. Mathias ya me esperaba en la entrada. El auto n***o, impecable. Las puertas abiertas. El conductor c

