POV Isadora Valente El auto avanzaba en silencio. Ni una palabra. Solo el ronroneo del motor y la tensión palpitando como un corazón enfermo. Mathias conducía como si no acabara de presenciarme destrozando a Matteo Alighieri frente a su padre, su familia y medio imperio. Como si no me hubiera visto salir del baño con los dedos aún oliendo a muerte. Como si no hubiera sentido la furia latente que aún burbujeaba en mis venas. Yo miraba por la ventana, las luces de Roma pasando como fantasmas sobre el vidrio. Mi reflejo era una máscara blanca de porcelana. Impecable. Letal. —¿Estás bien? —preguntó Mathias, sin apartar la vista del camino. Asentí. No porque lo estuviera. Sino porque lo sería. —¿Dónde está el cuerpo? —pregunté con calma quirúrgica. —El equipo ya lo desintegró. Ce

