POV Isadora Valente El despacho de mi padre olía a madera antigua, whisky añejo y secretos jamás enterrados del todo. No había cambiado nada. Ni el sillón de cuero n***o que rechinaba con cada movimiento. Ni el cuadro de la Nonna Valente colgado sobre la chimenea, observando como si pudiera juzgar desde el más allá. Ni él. Salvatore Valente. Mi padre. El arquitecto de alianzas imposibles. El autor intelectual del imperio… y de mi ruina. Él no se levantó cuando entré. Solo alzó los ojos desde los papeles que fingía leer. El rostro curtido por los años, los ojos de acero que yo heredé y la boca que solo sonreía cuando se ganaba una guerra. —Te esperé durante semanas —dijo, sin molestarse en disimular su tono neutro—. Teníamos cosas que discutir. Pero tú nunca viniste. Cerré la pue

