—Sabes que siempre te he agradecido la confianza que me das —me apartó y tomó mi rostro entre sus manos, limpiando con sus pulgares las lágrimas —y no tienes idea de cuánto lamento lo que pasó, te aseguro que estás yendo por buen camino, que no solo tu hermano sino toda tu familia está orgullosa de ver en quién te estás convirtiendo, serás una excelente arquitecta no tengo ninguna duda de eso y te aseguro que en su momento el recuerdo de tu hermano dejará de doler. —¿Cómo estás tan seguro? —El tiempo sana las heridas, y eres Mia Campbell, no conozco a una chica que sea tan fuerte como tú lo eres, así que vamos, quita esa cara larga y dame una sonrisa. —No puedo. —Sí que puedes —me picoteó las costillas —vamos, mira estoy viendo que ya quieres sonreír, vamos, hazlo. —No —se levantaron

