Un hormigueo de aire frío. Una voz suave en algún lugar a lo lejos. Calor, luego fuego, luego frío. El sonido de pasos arrastrados, puertas que se abren y se cierran. Un golpe de dolor, seguido de un ardor profundo en las extremidades. Hakon se sentía como si nadara bajo el hielo, buscando la abertura que lo liberara de su limbo. Podía oír las voces en lo alto, casi podía ver los rostros y los contornos amorfos de los cuerpos, pero no podía alcanzarlos del todo, no podía salir del todo de su turbia prisión. De repente, el hielo se derritió y las siluetas tomaron forma a su alrededor. Mujeres. Dos mujeres, una anciana y otra joven. Una habitación. Una manta de piel. Dos pequeñas llamas ardiendo en sus candelabros de metal. Hakon intentó moverse. Un dolor agudo lo impidió. Se sometió con u

