POV Fabiola El invierno en Vancouver fue más frío de lo que recordaba. La nieve cubrió las calles, las ventanas se empañaban con el vapor del horno y yo pasaba las madrugadas amasando pan con la barriga cada vez más grande. Los clientes me miraban con curiosidad. Algunos me felicitaban, otros preguntaban por el padre de la criatura. Yo sonreía con cortesía, pero por dentro me partía en dos. Porque el padre era un hombre que jamás estaría aquí. Mi tía Leticia hacía todo lo posible por cuidarme. —Siéntate un rato, Fabi —me decía mientras sacaba bandejas del horno. —Estoy bien, tía. Necesito distraerme. No discutía conmigo. Sabía que trabajar me mantenía cuerda. Pero las noches eran insoportables. Cuando todos dormían, me quedaba en la sala, mirando la televisión en silencio. Y ahí es

