POV Ángel. La primera vez que encontré los vitrales rotos pensé que era un accidente. Algún vándalo de la calle, un borracho, cualquier cosa. Pero cuando apareció la primera nota, lo entendí. "Algún día me la vas a pagar, sacerdote de mierda. Por tu culpa se fue." Era su letra. Julián. Los meses siguientes fueron un tormento. No se acercó a mí directamente. No tocó a ningún feligrés. Pero cada semana encontraba algo: un vidrio roto, un banco destrozado, una cruz rayada. Y siempre la nota, con insultos, amenazas veladas, recordándome que su odio estaba vivo. Lo denuncié a la policía. Vinieron, tomaron fotos, hicieron preguntas de rutina. Nunca hicieron nada más. “Sin pruebas claras, Monseñor, poco podemos hacer.” Yo sabía que era él. Todos lo sabían. Pero no había un arresto, ni una

