Capítulo 28.

1211 Words

Narrador. Las niñas fueron dadas de alta esa mañana. El médico dijo que estaban fuertes, que solo necesitaban calor, leche y descanso. Las miré envueltas en mantas limpias, dormidas en los brazos de Fabiola, y sentí algo que nunca había sentido antes. Orgullo. Miedo. Y una culpa tan profunda que me pesaba hasta en los huesos. Yo, un sacerdote, mirando a mis hijas. Mías. De carne y sangre. Pequeñas, frágiles, inocentes. Cuando salimos del hospital, el aire de Calgary era frío, casi cortante. Fernando y Fabricio esperaban afuera, pero les hice una seña para que nos dejaran un momento a solas. Necesitaba hablar con Fabiola. Ella lo notó enseguida. —¿Qué pasa, Ángel? Respiré hondo. —Nos iremos a Italia. Me miró confundida. —¿Italia? ¿Por qué? —Porque allá estarán seguras. Tengo una

Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD