Capítulo 1

1659 Words
Es un privilegio para mí el despertar, abrir los ojos y ver la hermosa luz del sol entrar por mi ventana demostrando lo inverosímil que es la vida. Hace años que deseaba esto, una vida de ensueño. Desde del primer día que desperté y se me otorgo una nueva identidad he aprendido a guardar mi falsa identidad. Recuerdo quien soy y lo que sucedió y, al pasar los años, los recuerdos y el dolor perduran en mi mente y alma; he aprendido a vivir con ello.  Deje de ser Aina Ivanova, la pobre chica que vivía en una burbuja y que los cazadores lograron romperla y herirla. En esa burbuja que mi madre y padre hicieron lo posible para cuidarla y no romperla. Ahora soy Sharon Beckett, una mujer sencilla que vive en Canadá junto a su esposo Sebastian Derricks. Hace tres años conocí a mi esposo Sebastian, un hombre comprensible, detallista, atento, amoroso, responsable; es perfecto ante mis ojos, mi hombre ideal. Y gracias a él he podido lograr mis sueños, mis metas, juntos, tomados de la mano, porque yo también apoyo su carrera como médico cirujano. Muchas de las personas que son cercanas a mi envidian mi vida, desean tener a un perfecto hombre (como ellas lo llaman) a su lado. Estoy eternamente agradecida a Leo Mohammad, por su verdadero amor hacia mí, por su lealtad; sus actos me demostraron lo mucho que me amaba, porque si no fuera por él yo no tuviera una segunda vida; una vida que deseaba junto a él. Pero por cuestiones del destino así no fue. Lo único que puedo hacer por él es continuar y cumplir aquellas metas que tanto deseábamos cumplirlas juntos. Pero no todo en esta vida es fácil, no es sencilla y maravillosa todo el tiempo. Mi “perfecta vida” se vino abajo tras una mala noticia. Y aquí, en este omento es cuando entiendo, comprendo quién soy y no dejaré de serlo. Hay una gran mancha negra que perforó y marco mi vida. —Lamento mucho decirle esto señora Beckett. Las palabras del doctor y la confirmación en el sobre me desestabiliza, de un momento a otro un mareo golpea mi cabeza y siento que quiero cerrar los ojos. —Las pruebas a las que se ha sometido y su tratamiento de recuperación por el accidente que tuvo hace tiempo dejaron graves secuelas en su cuerpo. Es por ello que…—el doctor no termina de decir las palabras. El doctor Greystone hace tiempo que lo conozco. Es amigo de mi esposo y tras la recaída que tuve por el trágico final de Aina, él me ha ayudado con mi tratamiento de recuperación y sabe lo que sucedió conmigo. Un falso documento que afirma que las marcas en mi cuerpo son provocadas por un grave accidente automovilístico. —Lamento decirle que usted no puede concebir hijos. La barra que perforo su vientre la daño y es riesgoso para usted tener un embarazo. Sabía que una falsa identidad no cambiaría mi vida, tenía noción de que esa guerra dejaría dañado algo en mí, no solo la mente, mi alma; ahora mi cuerpo y mi sueño de ser madre. Cómo le explicaré a Sebastian que no podré darle los hijos que tanto desea. La tan soñada familia que deseamos tener, que soy una mujer infértil. Es aquí donde termina la vida de ensueño que tenía. Adolorida por la noticia, le agradezco a Greystone por ayudarme en mi recuperación y sin decir más me retiro de restaurante. No suelo visitarlo a su hospital, no me gusta, los detesto; ese es otro defecto en mí, no puedo soportar estar en un hospital, entro en crisis. Los hospitales me recuerdan a los difíciles y dolorosos días de recuperación que pasé hace años. Al sentir el aire frio golpear en mi rostro dejo escapar las lágrimas contenidas en mis ojos. Con fuerza arrugo el papel entre mis manos y sin dudarlo subo al auto que me espera para llevarme a casa. El conductor no dice nada ante mi lloriqueo, y se lo agradezco, no tengo fuerza para afrontar esta triste noticia. Al llegar a casa bajo y camino con pasos pesados a la puerta, la mano me tiembla al meter las llaves y tras un respiro profundo entro a mi hogar. Todo está como siempre, solo y silencioso. Sebastian aun no llega y deseo que no llegue, no tengo palabras para decirle la noticia. Camino hacia nuestra habitación y al entrar miro directamente la cama, la gran cama donde hacemos el amor para cumplir uno de nuestros sueños, el tener hijos. Con el corazón adolorido me dejo caer al suelo y lloro por el coraje que me tengo por ser infértil. Deseo con toda el alma borrar cada jodido recuerdo, cada marca en mi cuerpo, olvidar todo y ser la mujer perfecta para Sebastian. Los cazadores no solo mataron a Aina Ivanova, también dañaron a Sharon Beckett. Me golpeo metal mente recriminándome por ser Aina, por meterme con los cazadores y no medir las consecuencias. Nunca debí de creer y enamorarme de ninguno de los dos. El dolor en mi pecho no cesa y comienzo a tener problemas para respirar. Rápidamente me levanto con dificultad y busco el inhalador en mi bolso; abro el bolso y vacío todas mis cosas en el suelo en busca de mi salvación. Las manos me tiemblan y el no poder respirar me dificulta el concentrarme. Las lágrimas en mis ojos no me permiten ver, y con solo el tacto logro hallar el aparato, con rapidez lo ubico en mi boca e inhalo el aire. Poco a poco recupero mi respiración y me controlo para no caer en otra crisis. Cansada y sin fuerza los ojos se me cierran y caigo en un profundo sueño. Un hermoso sueño donde imagino que estoy con Sebastian en nuestra hermosa casa con nuestros hermosos hijos cuidando de ellos como una familia feliz. *** Unas cálidas manos mueven mi cuerpo y reacciono abriendo los ojos al escuchar la voz de mi amado esposo. —Sharon, amor ¿Estás bien? Mis ojos se encuentran con el hermoso azul cielo de su iris. Sin dudarlo me levanto de la cama, pero al hacerlo un fuerte mareo invade mi mente y hace que me queje. —Amor, no te levantes. Recuéstate. Sebastian hace me que tire de nuevo en la cama, él se sienta a un lado de me y me mira con amor, como en los primeros días en la universidad. — ¿Estás bien?, ¿Tuviste una recaída? —Estoy bien, solo me falto el aire —digo con ligera voz. Sebastian se preocupa ante mis palabras, rápidamente tomo su mano y la acaricio dándole a entender que no fue nada grave. —Estoy bien, tenía el inhalador en mi bolso. Siempre lo cargo —hago una pequeña sonrisa, aun así, Sebastián no quita esa cara de preocupación. —Sharon, aun así, me preocupa que entres en crisis estando sola. Te dije que es mejor que pida mis vacaciones por adelantado y me quede contigo en casa mientras estas en tratamiento. —No lo hagas —de inmediato me niego —. Eres un médico que salva vidas todos los días, y si faltas no podrás salvar a muchos. — ¿Y mi esposa qué? Debo de ver por ella y cuidarla… Sharon, mi deber es cuidarte y estar contigo. —Lo sé, pero sé cuidarme sola, estoy bien. El tratamiento va de lo mejor. Sonrió tratando de convencerlo de que estoy bien. Adoro que se preocupe por mí, pero es innecesario. Él no está conforme con mi pregunta así que decido cambiar de tema. — ¿Cómo te fue en el hospital? —Lo de siempre, estresante y con muchas cirugías. Levanto su mano con la mía y la beso demostrándole mi admiración por él. —Eres el mejor, ¿Lo sabes? —Lo sé, cada día me lo dices —sonríe y mis ojos capturan esa linda sonrisa. Feliz por tenerlo a mi lado, me levanto y beso sus rosados labios. —Vamos a cenar y me platicas como fue en tu sesión —propone después de besarme. De inmediato recuerdo las palabras negativas del doctor y me desanimo un poco. Haces meses que hablamos sobre tener hijos y entre los dos decidimos tenerlos, es por ello, que cuando Sebastian tiene tiempo libre hacemos el amor, lo intentamos varias veces, pero en ninguna he quedado embarazada, por eso decidí hacerme un examen médico. Sé a la perfección que la mayor alegría para Sebastian es que tengamos hijos, desde que nos casamos me ha recalcado lo mucho que quiere tener hijos conmigo, quiero dos niños y una niña. Me ha dicho que la niña quiere que sea igual a mí, de ojos verdes y piel blanca, los niños que se parezcan uno a él y el otro a mí. Ese es el sueño más anhelado de Sebastian y me aterra decirle que no soy candidata para complacerle su sueño. Dejo de lado la mala notica y acepto su mano para bajar a cenar. En cocina nos sentamos y le sirvo la comida que preparé en la tarde antes de ir a mi cita con Greystone. — ¿Qué te dijo Matthew? —Voy mejorando —respiro hondo para tranquilizarme —El tratamiento funciona mejor de lo esperado. Mi cuerpo responde a ello y es una ventaja, si continuo así pronto dejaré mis males. Sebastian se emociona por la noticia, no duda en tomarme de la mano y entrelazarla con la suya. —Lo sabía, sabía que eres fuerte. Eres muy valiente Sharon. Deseo que esto no se termine, no quiero dejar esta vida, no quiero separarme de Sebastian, él es mi motivo de seguir en esta jodida vida. Sin él no tengo rumbo, mi camino se termina. Él es la mejor medicina que tengo, es mi salvación en este diluvio. 
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