Eder Ross
Recuerdo bien la primera persona que maté, imploraba para que lo dejará libre; su rostro determinaba miedo, sufrimiento y arrepentimiento; no me importo el haberle perforado el pecho con una bayoneta AK 47.
Desde mis veintidós años fui entrenado por Peter para ser lo que soy ahora; el jodido jefe de la mafia inglesa. Cada que mato a una persona y la sangre me salpica siento repulsión, poder y satisfacción; todo lo contrario, a lo que siento desde hace años.
Nunca una muerte me pesó tanto, nunca me sentí jodido, acabado y, lo peor de todo, el sentimiento de culpa que no me deja vivir en paz.
Recuerdo todo con exactitud, la recuerdo bien a ella. Sus hermosos ojos brillando por el exceso de lágrimas combinado con un gesto de arrepentimiento por algo que no cometió; el miedo que sintió por mí, el dolor que le generé. Quise mostrarme fuerte y empoderado como se me educo.
Soy Eder Ross el jefe de los Rossvelt, una de las mafias más importantes de Europa y, gracias a mi esfuerzo y trabajo tengo el reconocimiento que merezco.
Pensé que ser valiente ante ella lo sentiría como una muerta más que con el tiempo se me olvidaría, pero la de ella no. Ella me tatuó su muerte en mi cuerpo, alma, mente y corazón; y es un dolor que no se va, perdura cada jodido día de mi vida.
Después de la crisis que pasé por su muerte salí a dar la cara como el jefe que soy para continuar con mi vida haciendo crecer mi imperio. Muerte tras muerte, batalla tras batalla, negocio tras negocio crecí e hice alianza con los alemanes y los franceses dándome más poder del que poseía.
Bebido a mi gran negocio los franceses se unieron a mi imperio y se hicieron socios. Mintternacht ha crecido tanto, que más mafias y gobernadores quieren ser miembros de mi negocio, gracias a ello, he estado enfocado en mi trabajo dejando de lado su partida.
El sabor amargo que perdura en mi boca al pasar el licor es el mismo que perdura en mi vida, un sabor liguero pero molesto.
Dejo de pensar en ella y me enfoco en las personas que entran a mi oficina, en los nuevos socios de mi éxito.
La brillante dama entra agarrada del brazo del enigmático alemán. Ambos se acercan a la mesa de porcelana blanca donde me encuentro esperándolos. Cedrick como un buen caballero le cede el asiento a la rubia, para después el sentarse y quedar ambos enfrente de mí.
— ¿Les ofrezco algo de beber?
Le pregunto a los socios y ellos asienten con un movimiento de cabeza; de inmediato dos s*x fraeun se acercan a mis invitados y sirven de su licor favorito.
Es momento de comenzar con el negocio; el propósito es subastar joyas o prendas de mayor valor para que Mitternacth tenga más reconocimiento.
—Subastar es una gran oportunidad para generar más dinero. Aquí no solo viene la gente rica, también vienen la gente con mayor poder en el mundo —menciona la “brillante dama”, así es como la denominan en su territorio.
Desde hace dos meses se tiene la idea de subastar, pero hasta ahora se va a implementar. En Mintternacht no solo se ofrecen a las s*x Frauen, también se implementa la venta de droga, y ahora vamos por la subasta.
Poco a poco mi negocio está creciendo y yo soy el único dueño.
—Las joyas son buena opción. En Mintternacht no solo vienen hombres, también mujeres. Yo estoy de acuerdo en subastar.
El alemán apoya la idea de la francesa. Tener el clan de Francia y Alemania de mi lado me da más poder de lo esperado.
—Yo ofrezco donar las joyas de mi difunta esposa.
El moreno de ojos azules sonríe ante la idea de subastar las joyas de una de las mujeres más importantes de Alemania, la hija del presidente, que con anterioridad fue amante de un monarca.
Las joyas que posee Cedrick son muy valiosas y el que él este de acuerdo en subastarlas me incentivan a seguir con la idea.
—Si es así, yo también pongo de mi parte —La francesa Charlotte Durand, con seguridad se desprende de la joya que tiene en su cuello y la avienta en el centro de la mesa haciendo un estruendo al chocar las costosas piedras con la porcelana de la mesa —. Es una L'Incomparable Diamond Necklace, tiene un valor de 55 millones de dólares, es una pieza única en todo el mundo.
La iniciativa de ambos socios me agrada. Después de una larga platica de negocios apruebo el nuevo negocio que se implementará.
—Bien, estoy de acuerdo con la idea… Le pediré a Christa que se haga cargo de la subasta —bebo un sorbo de mi licor y paso el amargo sabor que se queda por segundos en mi garganta. —Me tengo que ir, los dejo.
De un sorbo bebo todo el licor y me levanto de la mesa.
—Bien, yo buscaré una s*x frauen. Necesito distraerme un momento… Fue un placer hacer negocios con ustedes caballeros.
La rubia francesa se levanta de su lugar, le da un sorbo más a su bebida y se marcha de la oficina moviendo las caderas con elegancia. Tanto Cedrick como yo no le quedamos viendo hasta que atraviesa la puerta y desaparece.
—Si a ella le gustarán los hombres sería un placer follarla.
Cedrick se levanta y voltea a verme. Le doy la razón al pensar que Charlotte es una hermosa mujer, no solo tiene a hombres detrás de ella, también a mujeres; pero ella va más para el lado femenino.
—También tengo que irme, debo ir de casaría… Te veo después Eder.
El alemán se va dejándome solo en el enorme y silencioso lugar. Sin nada más que hacer salgo en busca de la encargada de Mintternacht.
Me adentro al elevador y mientras bajo al primer piso observo los salones que están siendo limpiados por mis empleadas. Limpian con delicadez las piezas de oro blanco mientras otras pulen el azulejo brillante del suelo.
El ascensor se detiene y de inmediato se abren las puertas, salgo del interior y voy hacia la habitación donde se supone que se encuentra Christa. Golpeo la puerta de madera tallada con adornos de plata y en seguida aparece la pelinegra.
—Mien Merr. ¿Qué lo traer por mi habitación?
(Mien Mer: Mi señor)
Carraspeo la garganta al ver la curvatura de sus pechos sobre salir de la bata de seda blanca que traer puesta e ignoro los pezones que se le marcan.
—Necesito tu ayuda para el proyecto de la subasta. ¿Podemos hablar ahora? —la miro a los ojos.
—Por supuesto, mien merr.
Christa se inclina ligeramente demostrando su respeto hacia mí. Abre por completo la puerta y me permite la entrada; sin dudarlo lo hago. Camino hacia el interior y me detengo en medio de la habitación.
—Debes planear la subasta, te encargaras de difundir el evento y recibirás las joyas que serán subastadas. Es el nuevo proyecto para Mitternacht.
Volteo para verla y, me percato de la distracción de Christa, está observando la desnuda piel de mi pecho y mis antebrazos.
Ella viene hacia mí con tranquilidad y se posa muy cerca. Sus manos no tardan en acariciar mi pecho, levanta la cara y me mira directamente a los ojos.
— ¿Hay algo más que deba hacer por mien merr?
Siempre diré que Christa es hermosa, pero no siento atracción por ella. Hace unos meses ella se me declaró proponiéndome convertirse en mi mujer, incluso me grito el amor que siente por mi desde que llego a Alemania junto a su madre.
Yo no puedo amar a otra mujer que no sea la hermosa de ojos verdes. Ese es mi condena por lastimarla.
—No, Christa. Es todo lo que debes de hacer por mí.
Agarro sus manos y las alejo de mí. Me muevo para alejarme, pero rápidamente me detiene y de nuevo sus manos me acarician.
—Mi señor, no te vayas…
Acerca sus labios a los míos y en un susurro su cálido aliento golpea en mis labios.
—Me estoy volviendo loca…
— ¿Por qué lo dices?
Me es inevitable no mirarla. Trato de intimidarla, pero es lo menos que logro hacerle sentir.
—Déjame demostrar mi verdadero amor hacia usted.
La pelinegra no me deja negarme, se pará de puntas sobre los dedos de sus pies y me besa los labios. Sus labios se mueven y tratan de que abra los míos para darle el paso a que se profundice el beso; pero la detengo separándome.
—No, Christa…
— ¿Por qué no?
—No tengo porque repetirlo, ya sabes la respuesta.
Me alejo raídamente para no tener que pelear con ella. Detesto discutir el mismo tema, pero ella se empeña en saber por qué no puedo corresponderle.
—No te estoy pidiendo que me ames…. Solo acéptame ser tu compañera.
Escucho sus ligeras pisadas acercarse a mí. Al instante sus brazos rodean mi cintura haciendo un abrazo.
—Ser tu compañera s****l… Aquella que te satisface… Así.
Sus brazos me sueltan y en segundos aparece frente a mí. Con curiosidad observo sus movimientos.
Sus manos se dirigen a la atadura de la bata y de un solo jalón la bata se abre dejándome ver sus redondo pechos blanquecinos, como su demás piel. Sin poder evitarlo mis retinas se enfocan en esa pelvis depilada y bien marcada que tiene.
Desnuda, se inca enfrente de mi. Sus manos van a mi pantalón. No puedo detenerla, mi corazón me pide a gritos que la detenga, pero la mente y la tentación no me lo permiten.
Sus ojos dejan de mirarme y se enfocan en mi m*****o. Sus dedos logran desabrochar el botón y enseguida bajan el cierre dejando expuesto el bulto que está escondido.
Poco a poco la respiración se me descontrola.
La largura de sus dedos acaricia esa parte sensible, de inmediato me eriza la piel y la llama de la tentación crece. Su rostro se acerca a mi pelvis y con un solo acto le doy paso a que continue con su atrevimiento.
—Mein merr~ —gime al oler la desnuda piel de mi m*****o.
El calor de apodera de mi cuerpo, al sentir sus suaves labios besar la palpitante glande.
Sin poder evitarlo, con los dedos la tomo de la barbilla, hago que me mire y al notar la sumisión en sus ojos suelto la suelto y con dos dedos separo sus labios y le hago entender que abra la boca. Christa, tan obediente, abre la boca, sin dudarlo con la mano izquierda tomo mi m*****o y se lo meto a la boca; y de una sola estocada su boca es llenada por mi pene.
Enfocado en solo mi placer le follo la boca, importándome poco las arcadas que hace al tener mi pene a lo más profundo de su garganta.
Sus ojos brillan por las pequeñas lágrimas, pero no demuestran dolor, sufrimiento, nada de eso. Me demuestra lo contrario, le gusta que le esté follando la boca.
Extasiada por la escena se acaricia un pecho y jala del pezón mientras que con la otra mano se autocomplace. De pronto su lengua la mueve de un lado a otro dejándome sin aliento. Poco a poco el placer va aumentando y sin medir mi control me libero en su ensalivada boca, dejando mi esencia blanquecina,; Christa sin dudarlo traga el caliente semen.
Al recuperarme y recalcarme la estupidez que hice me visto lo más rápido que puedo sin verme como un idiota. «Solo la utilicé», pienso al verla aun hincada en la alfombra.
Sin dejar de lado mis modales me acerco a ella y le ayudo a levantarse, de nuevo me agacho al suelo y recojo su bata, se la entrego y sin dudarlo se la pone.
—No debiste sumirte de esta manera, por más que me ames debiste detenerme. —le reprocho.
Ante mi regaño no dice nada, solo me mira.
—No intentes persuadirme de nuevo, sabes que no me fijaré en ti.
Lo único que veo en sus ojos es decepción. No sé qué más decirle para que se aleje de mí, no sé cómo expresarle que nunca la veré como algo más que amigos.
Me alejo de ella encaminándome a la salida, esta visita se alargó más de lo esperado.
De nuevo su voz me detiene.
—Por qué no simplemente la olvidas. ¿Siempre permanecerá en tu mente? Déjala en paz, ella ya no existe, ni siquiera te amo. Solo te uso para que no la mataras, jugó con tus sentimientos, te hizo de ella su juguete.
Sus palabras me enfurecen, «No debió abrir la boca.»
Regreso a ella y enrollo mi mano en su garganta haciendo que deje de hablar.
—No hables de ella como si la conocieras —digo con furia.
Nadie conoce mi historia con Aina, solo saben el trágico momento que vivimos, en donde ella me utilizo para su beneficio (eso es lo que dicen todos). Que ella es la hija de Alessandro Ivanov, el padrino de la mafia rusa, el hombre con más poder en el mundo, también saben lo que pasó con Juliette, pero no saben mi historia con ella… Dicen pura mierda.
—Deberías elegir bien con quien te metes… Primero Juliette, quien te engaño con Mohammad, y ahora la hija de Alessandro que también te engaño con el italiano. Ambas son unas perras interesadas.
Aprieto más la mano en su cuello impidiendo que respire.
—No sabes lo que dices, así que no te metas. No porque seas una Rossvelt no te mataré, lo haré si sigues diciendo pura mierda.
Aprieto más fuerte al sentir su mano apretar la mía para que la deje respirar.
—No quiero volver a escuchar que hablas mal de ella... No doy terceras oportunidades.
Suelto su cuello y la dejo molesta por defender a la mujer que amo.
Sin más que hacer ahí, salgo de Mitternacht yendo hacia los jardines traseros, donde saco un cigarrillo, lo enciendo con un mechero y le doy la primera calada para calamar la ira que sus palabras me hicieron sentir.
Cierro por un momento los ojos y de inmediato recuerdo lo zafiros verdes jades que atormentan mi corazón.
Como quisiera tenerla de frente y pedirle una disculpa por dudar de ella, estaba cegado por la venganza; si tan solo la hubiera escuchado las cosas serian diferentes, cabría la posibilidad de tenerla a mi lado junto al hijo que estaba esperando. Pero como siempre por mi culpa lo jodí todo.
Aina Ivanova no está más, ella murió, yo fui el culpable de su muerte y eso no me lo perdono. «Me siento jodido.»
Mi castigo es amarla hasta el último día que respiré y así lo haré, moriré pensando en la persona que amo, la única mujer que he amado en verdad, en Aina Ivanova.