- Dime por qué estoy haciendo esto – me ato la corbata de color azul cielo con mis dedos entrelazándose entre ellos por un poco de nerviosismo. - Porque tienes buen corazón y quieres ayudar a una compañera de trabajo que te gusta. - No sé si me gusta, princesita – por fin, ya terminé con la corbata. Ahora quedan los botones del puño de mi camisa negra, ponerse traje es como meterse en una ciudad con mucho tráfico, siempre encuentras obstáculos. - Anda, pero si ya hemos pasado del “no me gusta” al “no sé si me gusta”. - Si cada vez que la veo me entran ganas de someterla y tenerla toda la noche rogando para que no pare de follarla, digo yo que algo me guste, aunque sea físicamente. - ¿No habíais quedado como amigos? - Sí, yo puedo ser su amigo, pero de que me pone, me pone. Listo, tr

