- ¿No me puedo ir a mi casa? El anillo ese ya no es cosa mía – escucho la voz aguda y protestona de la mujer que camina a mi lado o, más bien, se desplaza por la carretera a consecuencia del agarre de mi mano en su brazo – Y me apetece perderte un poco de vista. - Nena, si vas a mentir, primero debes aprender a hacerlo – niego con mi cabeza sin creerme sus últimas palabras, ella se muere por pasar más tiempo conmigo – Además, tu turno de trabajo acaba a las 2 de la tarde, todavía no es esa hora. - ¡Esto ya no es trabajo! - Tu responsabilidad es ayudar y acompañar a tu jefe en cualquier recado y asunto que tenga. - Eso es verdad, pero hay un pequeño detalle que se te olvida. - ¿Cuál? - ¡Tú no eres mi jefe! – grita en mi oído, literalmente. - Joder, ¿no puedes hablar sin chillar? - N

