Duele. Duele dejar ir a la persona que amas. Duelen los recuerdos, los buenos momentos, las frases bonitas, la cantidad de risas, las noches en vela, las sonrisas en la cara... Duele todo, pero en el fondo sabes que, si continúas con esa persona, todo lo bueno que te viene a la mente cada vez que piensas en ella, se irá. Se reemplazará por cosas malas. Las relaciones de pareja pueden acabar de diferentes formas. Personalmente creo que, si has llegado a compartir toda tu vida con otra persona, si realmente la has amado, no se hace daño y no acaba mal. Claro que hace daño por dentro, pero recordando todo lo bueno que has tenido junto a ella y con la tristeza en el corazón de que ya no va a haber nada más de ello. No el daño emocional causado por los insultos, faltas de respeto, reproches y gritos. Ese daño no. Si ocurre eso, si ya está pasando eso, la relación debería haber acabado mucho antes.
Me deberíais haber dado ese consejo a mí. ¿Por qué no me le disteis? Habría sido mucho más fácil si lo hubiera sabido.
Miento, no lo habría sido. No os habría hecho ni puto caso. Supongo que, para aprender esas cosas, se tienen que vivir.
Y eso me pasó a mí.
¿A que no os lo esperabais? Aquí, el chico duro, sin sentimientos, follador #1, bromista, gracioso y divertido ha sufrido por amor. Sufrí como un puto cabrón. Aún sigo sintiendo la opresión en mi pecho cada vez que recuerdo el insoportable dolor que me aparecía al pensar en cómo una persona puede llegar a ser tan retorcida. Me enamoré. Mostré cada pequeña célula de mí, me abrí prácticamente en canal, compartí cada puta cosa con esa maldita mujer... La di mi corazón en mano y me traicionó. Yo no soy de prestar cosas, pienso que las van a romper. Acerté de pleno. Ella agarró, estrujó, tiró y rompió mi corazón como si fuera un trapo viejo y sin valor.
Siempre dicen que un corazón roto se puede volver a unir... Ajam. Me río en su cara a carcajada limpia. Una puta mierda. No estoy de acuerdo con eso, para nada. Llevo soltero 6 años y nadie ha venido con ninguna cinta adhesiva o un mínimo celo para volver a unirle.
Hubo una chica... Mi princesita. Ella unió varios trocitos con su preciosa sonrisa, sus palabras bordes y sus ojos adorables. Ella podía haber sido la indicada, pero ¿sabéis qué pasó? Oh, sorpresa. Amaba a otro. Yo no cuadraba en su preciosa historia de amor. Era el malo, ¿a que sí? ¿A que me odiasteis un poco? ¿O un mucho? Pero yo sé que, aunque todas deseabais mi muerte, en el fondo os ponía. Yo pongo a todo el mundo. Todas me follaríais, monadas. Lo sé.
Soy Víctor, por cierto. Imagino que al decir que todas me follaríais, os ha venido directamente mi nombre a la cabeza, pero yo os lo recalco por si alguna no se acordaba y quería saber mi nombre para gritarle mientras se toca.
En fin. Que yo respeté y asumí la relación de ellos, pero tampoco voy a ser falso y tengo que admitir que los primeros meses de ver a esa puta parejita tan enamorada, me ardía el estómago por dentro. Sí, me jodía. Ahora ya no. Los quiero muchísimo a los dos. Mi princesita es mi mejor amiga, prácticamente una hermanita más y la deseo todo lo bueno que hay en esta vida. Y a Jack, ese cabrón con suerte... Le mataría. Nah, mentira. Él es un crack. Ambos son la representación pura del amor.
A lo que vamos, que no hay ninguna mujer en este mundo que me transmita... Eso que me tiene que transmitir. O que simplemente me haga ver más allá de unas grandes tetas. Y, si la encuentro, cojo el primer billete al país más lejano que haya.
No quiero enamorarme, es una trampa.
No quiero flores ni corazones, es un invento de la tele.
No quiero juramentos eternos, nunca se cumplen.
No quiero nada. Solo quiero vivir la vida con mis amigos, follar, pasar tiempo con mi familia, tocar la guitarra y labrarme un buen futuro como abogado. Que lo haré, lo lograré así tenga que dejarme la piel en ello. Soy el puto amo, me encanta mi trabajo y llegaré muy lejos. Con eso me es suficiente. No necesito nada más, el amor está sobrevalorado.
¿No me creéis?
A las que habéis pensado que sí, que sí me creéis, sois la hostia. Si os tuviera delante, os metería la lengua hasta la campanilla por creer en mí. Y os encantaría mi lengua.
A las que habéis pensado que no... Que os den por culo. Yo os daría por culo, pero más rudo por no creer en mí. Muy mal.
¿En serio no me creéis? ¿Pensáis que esto es el típico discursito del chico que pasa del amor, pero acaba tan jodidamente enamorado que hasta no sale un sábado? ¿Eh? ¿Pensáis eso de mí?
Hacéis bien en no creerme. Hacéis bien en pensarlo.
Yo siempre os he dicho que lo consigo todo. Tenía una cabeza tan insistente, cuadriculada y genuina que no había cosa que se me escapara. Mi corazón estaba atrancado con cinco candados, alarma con infrarrojos y una valla electrificada. Mi mente mandaba, era fría y racional. Tenía todo pensado al milímetro. Tenía todo controlado... Hasta que apareció ella.
Yo no quería enamorarme.
No lo conseguí.