— Hola — la saludo con total normalidad, agitando mi mano. — Keira — me ignora poniendo atención a su hermana — ¿Qué te he dicho de no abrir la puerta a desconocidos? Y menos dejarles entrar a casa. — No es un desconocido, es tu jefe — le aclara la niña, defendiéndome. Me cae bien. ¿No podrían intercambiarse los papeles? — Qué coño va a ser este mi jefe — dice con desagrado — Es un narcisista idiota que solo piensa con la cabeza de abajo. A veces, pero lo compenso con que en el fondo soy buena persona. — Pues a mí me ha caído bien — hablan delante de mí como si yo no estuviera y yo me lo paso fenomenal viéndolas — Y es más guapo de lo que me habías contado. — ¡Keira! — la loca tapa la boca a su hermanita para que deje de hablar más de lo necesario, pero a mí me ha bastado ya con eso.

