Desperté sin reconocer en qué lugar me encontraba. Miré a mi alrededor buscando algún indicio que permitiera orientarme pero parecía inútil, todo lo que había a mi alrededor era kilómetros y kilómetros de espeso bosque.
Comencé a caminar entre los árboles y malezas tratando de encontrar una salida. El lodo me cubría por completo los pies se me hundían hasta la mitad de mi pantorrilla, haciendo mi avance demasiado lento.
¿Cómo había llegado hasta ahí? Era la pregunta en mi mente, lo último que recordaba era estar en mi cuarto y haber caído en un sueño pesado.
Entonces escuché un sonido. Quería creer que era el viento pero no, sabía que no era eso.
— ¡Princesa! —su voz viajó a través del silencio sepulcral de aquel bosque como un murmullo, despacio y seductora. — ¿Dónde estás princesa? No huyas de mí.
Sentí el corazón que se me agitaba. Él me había encontrado pero ¿cómo?
En todo este tiempo nunca se acercó, nunca intentó hacerme nada, ¿por qué precisamente ahora? ¿Será acaso que intuyó que yo intentaba rehacer mi vida y volvió para terminar lo que inició? No lo podía permitir. No ahora.
Luché con todas mis fuerzas para salir del lodo. A lo lejos podía divisar una zona en la que la tierra era lo suficientemente firme para correr, así que luché. Debía llegar a ese lugar si quería salvarme.
Salí del lodazal hacia la parte firme y seca y eché a correr. Podía escuchar sus pasos detrás de mí, como un león que persigue a su presa. Seguí corriendo todo lo que daban mis cansadas piernas por el esfuerzo de salir del lodo. No vi la raíz gruesa que atravesaba el camino por el cual iba, entonces tropecé. Quise ponerme en pie pero no pude, el tobillo me dolía como si un clavo me atravesara de lado a lado.
— ¿Por qué quisiste huir de mí princesa?—su voz resonó a mis espaldas.
Comencé a llorar, a gritar desesperada por ayuda, pero no había nadie en ese oscuro y denso bosque que escuchara mis lamentos. Cerré los ojos fuertemente, esperando el momento en que se acercara y me tomara con sus sucias manos.
—Mírame, —me dijo—nunca dejes de mirarme.
El miedo de que me golpeara me hizo obedecerle. Lentamente empecé a abrir los ojos. Vi su sonrisa retorcida de dientes blancos y perfectos y volví a cerrar los ojos.
— ¡Que me mires!
Abrí los ojos de golpe y estaba en mi cama, el cuerpo empapado en sudor pero con la sensación de estar tiritando de frío. No había sido más que una pesadilla.
El sol ya empezaba a filtrarse por la ventana de mi habitación y podía escuchar el trinar de los parajillos que revoloteaban sobre las copas del pequeño árbol que estaba frente a mi cuarto. Me llevé la mano al pecho para sentir las palpitaciones aceleradas de mi corazón, aunque no era necesario para saber que latía desbocado.
El reloj de mi mesita de noche indicaba que eran las ocho. Miyu no tardaría en llegar por mí para ir a la universidad y ya me estaba arrepintiendo de haber aceptado. Dejé la cama y en ella mi pesadilla, dirigiéndome al cuarto de baño. Me lavé el cabello y dejé que el acondicionador hiciera algo de magia en él mientras me enjabonaba el resto del cuerpo.
La ducha siempre era relajante y estimulante, me gustaba la sensación de limpieza que me producía; en realidad estaba casi obsesionada con ello, para alguien que vive sintiéndose sucia las duchas eran importantes. Salí del baño y puse una toalla alrededor de mi cuerpo, con la otra sequé cuidadosamente mi cabello.
Cuando me miré al espejo reparé en lo demacrada que me veía. No parecía una chica que acababa de cumplir los 23 años, parecía una mujer de mayor edad. Pensé entonces en Miyu, mi prima. Era apenas mayor que yo por un par de meses y aun así se veía más joven y bella. Ambas habíamos heredado en los ojos el mismo tono de azul cielo de nuestra abuela paterna y su esbelta figura; pero Miyu lucía con más gracia que yo.
No quise seguir viendo aquella imagen, así que volví a mi cuarto y abriendo el closet busqué uno de los conjuntos que Miyu había preparado para mí. Cuando estuve lista bajé a desayunar.
—Buenos días a todos.
—Buenos días cariño, ¿qué quieres para desayunar?
—Café y tostadas por favor.
Mamá me sonrió y fue a la cocina rápidamente a preparar lo que le había pedido. Lenie estaba terminando de comer, hoy no tenía que ir al colegio así que no tuvo que levantarse temprano; pero papá ya había salido a su trabajo.
El timbre de la puerta sonó. —Yo abro, debe ser Miyu que viene por mí.
Abrí la puerta esperando encontrar el rostro sonriente de mi prima, pero en lugar de eso lo que vi me pasmó.
— ¿Quién es cariño? —gritó mamá desde la cocina.
No respondí. La mirada azul que tenía frente a mí me había dejado congelada.
— ¿Selene? —seguía preguntando mamá— ¿Selene?
—Iré a ver. —gritó Lenie.
— ¿Qué sucede Selene? Parece que has visto un fantasma.
Desde que había despertado de mi agonía en el hospital supe que había algo diferente en mí. "Memoria Selectiva", fue el diagnóstico que dio la doctora Asuna Mei.
—Tu mente ha suprimido los recuerdos de ese hombre como un mecanismo de protección, posiblemente veas algunos de sus rasgos pero te será difícil recordar cómo era hasta que no superes el trauma.
— ¿Selene? —esta vez era la voz de Miyu. Balbuceé un saludo—Te has quedado muda, ¿Qué sucede?
— ¿Quién es él? —las palabras salieron por sí solas.
— ¿No lo recuerdas? Es Sergei, estuvo con nosotras en preparatoria.
Las palabras de Asuna resonaban en mi cabeza cada vez que me cruzaba con una mirada de ese tono de azul por la calle o como en este momento, que esa mirada se asomaba justo por la puerta de mi casa.
—Incluso llevó contigo las clases de pintura que...
— ¡Miyu!
La voz aprensiva de mi madre hizo callar a la indiscreta de mi prima. Por supuesto que recordaba a Sergei, como olvidar a uno de mis hubieras. Si yo hubiera dejado que él me acompañara a casa probablemente no habría ido sola al parque y no habría conocido a aquel hombre y no... Ahí estaba otra vez, pensando en las decisiones que no tomé.
—No te preocupes mamá, —conseguí decir—no hay problema.
—Sergei va a la universidad a la que yo voy y a veces me acompaña. —Dijo Miyu—Pensé que sería bueno tener un apoyo adicional hoy.
Le sonreí con suavidad, tratando de disimular la conmoción que había sentido hacía unos instantes.
—Es una excelente idea Miyu, entre más mejor.
Abrí la puerta de par en par para que ambos entraran. Sergei saludó caballerosamente a mamá y tomó asiento en la sala de estar, al lado de Miyu. Volví a la mesa donde esperaba un desayuno que ya no tenía ganas de comer, pero no quería dejar a mamá preocupada, así que me esforcé en comer todo lo que había puesto en el plato.
Salimos de casa sin hacer ni un solo comentario. El auto de Miyu estaba aparcado frente a la salida. Sergei me abrió la puerta de atrás y después tomó asiento del lado del copiloto.
— ¿Estás lista?—preguntó mi prima ajustándose el cinturón.
—Eso creo.
Miyu me sonrió a través del retrovisor, Sergei se volteó y me dio una pequeña sonrisa para infundirme valor. El motor rugió a la vida, luego de unos instantes ya estábamos de camino hacia la universidad.
No imaginaba lo enorme que era aquel lugar y mucho menos la cantidad de chicos que estarían allí para inscribirse. Los que pretendían inscribirse por primera vez debían hacerlo personalmente, una vez que te dan la identificación estudiantil, te dan el acceso para el campus virtual; a partir de ese momento puedes matricularte en las clases a través de internet sin tener que ir hasta el campus.
Miyu me ayudó a revisar la lista de materias generales, aquellas que no pertenecían a una carrera en específico y que me permitirían ganar tiempo mientras decidía qué carrera tomaría. En la universidad aún estaban mis registros, así que tenía un par de materias generales ganadas.
—Yo estudio criminología. —dijo Sergei en tono despreocupado. —Aún no he tomado algunas de las materiales generales, así que podríamos matricularlas juntos para que no estés sola.
Asentí. Sergei me mostró cómo llenar los formularios de inscripción y tomamos las mismas materias y horarios. Miyu coincidió conmigo en dos materias, ya había tomado la mayoría de las que yo apenas iba a cursar.
—Tal vez deberías tomar una de biología, quien sabe y termines estudiando conmigo.
Miyu quería convertirse en bióloga marina desde que tuvo edad para memorizar las diferentes especies de peces. Solíamos soñar con salir en una embarcación por el mundo, mientras ella estudiaba las especies yo las dibujaría para ella y luego publicaríamos un libro. Lamentablemente aquello ya no podría ser.
—No creo que sea lo mío, pero me lo pensaré. —De todas formas debía matricular talleres de orientación vocacional.
—La biblioteca tiene un área con equipos de cómputo a tu disposición para que puedas hacer tus tareas, además de que cuenta con la biblioteca virtual más grande que conozco. —comentó Sergei mientras caminábamos al edificio.
—Cerca está la cafetería, tienen servicio de entrega por si quieres tomar un café mientras estudias. —prosiguió Miyu.
—El edificio marrón al fondo es donde se ubican la mayor cantidad de salones.
—Veo que las cosas no han cambiado mucho por aquí— comenté dando a entender que el lugar no me era desconocido.
Mientras Sergei seguía mostrándome cada zona de la universidad, ignorando por completo que había iniciado carrera ahí tiempo atrás, yo no dejaba de preguntarme si aquello sería bueno para mí. No sabía por qué, pero tenía la sensación de que la gente me miraba como si fuera un bicho raro, como si me reconocieran.
—Eres Selene Kino ¿cierto?—una chica pelirroja de cabello corto me detuvo de frente—Soy Naru, tomamos algunas clases juntas, ¿lo recuerdas?
Estreché la mano que me había ofrecido. Su sonrisa era justo como la recordaba, tan dulce y llena de calma.
—Es un gusto.
— ¿Vas a estudiar aquí nuevamente?
Asentí. —Acabo de inscribirme.
—Me alegro, espero verte por ahí.
Volvió a estrechar mi mano y se fue. Seguí mi camino con Sergei. La universidad era más grande aún de lo que recordaba, tenía varios campos de diferentes disciplinas deportivas, una piscina olímpica y un salón de juegos.
—Por último este es el salón de los profesores. —anunció mi improvisado guía.
—De este lado no hay mucho que ver, —dijo Miyu con desdén—mejor regresemos a los salones principales.
Dimos la vuelta para finalizar el pequeño recorrido. Fue entonces cuando lo vi. Su cabello n***o azabache era despeinado por la brisa que soplaba, llevaba unos pantalones tipo sastre, una camisa de manga larga blanca y un suéter de cachemira azul. De pronto volteó su mirada hacia donde estábamos y sus hermosos ojos azul zafiro se encontraron de lleno con los míos.
— ¿Qué hace él aquí?
No me di cuenta de que había hecho la pregunta en voz alta hasta que Sergei volteó a mirarme con confusión en el rostro.
— ¿A quién te refieres?
Levanté tímidamente el brazo para señalar hacia donde estaba Derian, quien me sonreía desde el otro lado y empezaba a caminar hacia nosotros.
— ¿Conoces a Shield? —preguntó Miyu con sorpresa.
—Él es Derian, del grupo de apoyo.
— ¿Él es Derian?
Su pregunta alarmada llamó la atención de Sergei. Tuve que hacerle una mueca para que fingiera normalidad, no quería que nuestro amigo se enterara de mi secreto.
—Buen día chicos, —dijo Derian con una sonrisa al acercarse al grupo—no sabía que estudiaras aquí.
Era obvio que su pregunta la dirigía hacia mí ya que Miyu y Sergei le conocían y posiblemente él ya los hubiese visto en el campus.
—Inicio en el siguiente curso.
— ¿Y qué vas a estudiar?
—Aún no lo sé, por el momento llevaré generales y luego veré que pasa.
—Suena como un buen plan. —sacó un reloj de bolsillo, de esos antiguos que ya casi nadie usa. Miró la hora—Debo irme, tengo una clase. Espero volver a encontrarte por aquí.
Me quedé mirando el camino por el cual desaparecía entre el mar de gente. Su aroma a verbena continuó en el aire por algunos segundos más hasta que ya no pude percibirlo.
—No sabía que fuese alumno de esta universidad.
—Es que no lo es, Selene. —Se apresuró Sergei a aclarar—Es profesor desde el semestre pasado.
— ¿No es muy joven para ser profesor?
—Sí lo es, aunque eso no es de extrañar en él. Terminó la universidad cuando cumplía apenas los diecinueve, es un pequeño genio.
—Estudió psicología—continuaba Miyu—luego se especializó en criminología y análisis del comportamiento humano; además de trabajar en el centro médico y psiquiátrico ayuda a la policía en los casos más complicados, hace perfiles de los criminales para que ellos puedan atraparlos.
— ¡Y todo eso con tan sólo treinta y dos años de edad!
Las palabras de mis amigos me dejaron asombrada. Derian no sólo tenía ese carisma que me cautivó en la primera sesión a la que asistí del grupo de apoyo, además era todo un cerebrito que había terminado joven su carrera y colaboraba con la justicia. ¿Acaso se podría pedir más de un hombre?
Sergei me tomó del brazo para que siguiéramos nuestro camino. —Tal vez sea nuestro profesor de sociología, en lo cual también tiene estudios.
Me sentí un poco abrumada por ese leve contacto con Sergei, pero obligué a la otra Selene a permanecer escondida, no quería salir corriendo y gritando en mi primera visita al campus. Por suerte ni Sergei ni Miyu notaron el esfuerzo que hacía, así que continuamos la ruta que nos llevaría de regreso al estacionamiento donde mi prima tenía su auto.
—Bueno, debo volver adentro, aún tengo cosas que hacer. ¿Nos vemos luego?
—Por supuesto, Sergei. Y muchas gracias por todo.
—No fue nada, para mí es un placer.
Sergei se despidió de nosotras y regresó hacia el campus. Miyu y yo subimos a su auto.
—Jamás pensé que “tu Derian” y el profesor Shield fueran la misma persona. —dijo poniendo el auto en marcha—Sencillamente no los relacioné.
—No es mío, Miyu.
—Pero te interesa y con eso es suficiente.
Miyu me miró de reojo mientras tomaba la curva para salir a la carretera principal, su escrutinio me puso los pelos de punta.
— ¿Qué?
—Si vas a intentar conquistarlo necesitas mejorar tu imagen, Derian es muy popular entre las chicas del campus y aunque no le he conocido una sólo novia, no creo que el celibato sea una de sus virtudes.
—Él podría tener a la chica que quisiera. —Dije pensando en lo poco que quedaba de la antigua Selene. —No creo que desee complicarse la vida con alguien como yo.
Por suerte llevaba puesto el cinturón de seguridad ya que la forma en que Miyu pisó de pronto el pedal de freno me impulsó con violencia hacia adelante.
—No quiero volver a escuchar que te menosprecies de esa manera. No lo digo por ser tu prima Selene, en realidad eres una chica hermosa y muy noble, cualquier chico, incluido Derian Shield, estaría más que feliz de que les dieras una oportunidad.
—No sé si pueda hacerlo Miyu. —Admití— ¿Qué sucederá cuando quiera besarme o tan solo tomar mi mano?
—Bueno, —dijo poniéndose en marcha nuevamente—aún nos queda tiempo para pensar en eso. Primero debemos hacer que llames su atención.
Llegamos al centro comercial en el cual habíamos comprado aquella ropa que ahora lucía y que me hacía sentir que en realidad no era yo. Subíamos por las escaleras eléctricas, volteando a mirar las vitrinas que exhibían prendas nuevas, lo último de la moda. Miyu se detuvo frente a un local pequeño con el rótulo de Centro de Belleza Destino.
—Un nombre peculiar para una peluquería. —Pensé, aunque no lo comente a Miyu, no sabía qué tipo de relación tenía con el dueño del salón, un hombre de mediana edad y cabello tinturado de rosa que mi prima llamó Florence.
— ¿Qué te trae por aquí, Mon Amour?—dijo Florence con su voz cantarina.
—Necesitamos un rescate urgente, Florence. —Miyu me tomó del brazo y me puso frente a sí para que el hombre me viera—Mi prima Selene hace mucho tiempo que no se hace ni un solo tratamiento en el cabello, ¿puedes creerlo?
—Oh querida, pero ese peinado es del siglo pasado, tienes las puntas abiertas y el cabello sin brillo. —me sentó en la silla giratoria, masajeando mi cabellera y levantándola en el aire para que notara en el espejo aquello que me decía—Pero no te preocupes princesa, Florence te va a dejar espléndida.
En cuanto aquella palabra salió de sus labios embadurnados de brillo labial, mi ritmo cardiaco empezó a disminuir. La palidez de mi rostro les indicó que algo me sucedía, podía escuchar sus voces pero las percibía distantes, como si no estuvieran justo detrás de mí.
— ¿Dije algo malo, Mon Amour?
—Es difícil de explicar, sólo no uses esa palabra. —No escuché a Miyu pero sabía muy bien qué palabra le había pedido a Florence que no usara. —Selene, todo está bien yo estoy aquí contigo.
Expulsé el aire que hasta ahora no me había dado cuenta que contenía y me obligué a relajarme. Poco a poco me sentí normal nuevamente y le sonreí a Florence para que se diera cuenta que todo estaba bien. —Sólo no lo dejes demasiado corto y por favor, no me cambies el color.
—De acuerdo Mon Amour, voy a dejarte divina.
Seis horas y un hambriento estómago más tarde, Florence terminaba de aplicarme el tratamiento de queratina posterior al corte y la aplicación de una permanente. Debía reconocer que sabía lo que hacía, me había hecho un corte en capas para elevar el volumen de mi cabello y me hizo un fleco, aplicó permanente para definir más mis rizos y por último el tratamiento de queratina para suavizarlos y reconstruir las hebras.
Tal como se lo había pedido no me cambió el tono de rubio ni cortó demasiado cabello, lo dejó a media espalda. Pude ver el producto final luego del enjuague y secado. La chica que me devolvía la mirada en el espejo era muy distinta a la que había visto en la mañana al ducharme, aquella parecía muerta, en cambio ésta estaba llena de vida.
—Quedaste preciosa, Derian tirará la baba cuando te vea. ¿Cuándo debes ir al grupo de apoyo?
—El viernes en la tarde.
—Te ayudaré a escoger un atuendo para ese día, no debe parecer que te esforzaste por arreglarte pero sí es necesario que note el cambio.
Cuando pasamos frente a una vitrina noté nuevamente mi reflejo. Quizás en el exterior había cambiado, pero la chica rota que vivía en mi interior aún estaba ahí, la podía sentir a mi acecho, esperando el momento para emerger de mi interior y tomar nuevamente el control de mi vida. ¿Sería capaz de lograr sepultarla para siempre? Suspiré y seguí caminando para darle alcance a Miyu.
Quizás algún día podría hacerlo, pero en ese momento, en ese preciso instante, sólo podía dudarlo.
.
.
Los siguientes días me sentí como un bicho raro, bueno, más todavía. Al regresar aquella tarde después de mi excursión al salón con Miyu, mi familia estuvo al borde de un ataque cardíaco masivo al abrirle la puerta a "la nueva Selene".
—La nueva Selene me gusta. —había dicho Lenie.
A partir de ahí se empezaron a referir de esa forma cuando querían hacerme algún comentario positivo o si ponía reparos en alguna cosa mamá volteaba y me preguntaba: "¿qué haría la nueva Selene en tú lugar?" Después de tres días oyendo eso ya comenzaba a fastidiarme de la nueva Selene.
Sin embargo aquella mañana desperté extrañamente de un humor genial, incluso al verme en el espejo noté que mi semblante era mejor. Aunque no lo admitiría a nadie, sabía muy bien que eso debía a que por fin era viernes, día de mi "cita no cita" con Derian.
Había convencido a mamá que me dejara ir sola al grupo de apoyo, cosa que fue una tarea sumamente difícil ya que su instinto de mamá gallina le impulsaba a estar cerca de mí prácticamente las veinticuatro horas del día. Al final papá intervino y logró que me dejara hacerlo.
—Sólo habrá una condición—dijo—te llevaré en la van hasta el centro y luego pasaré por ti.
No me quedaba más remedio que aceptarlo, además que tampoco quería tomar el transporte público.
Miyu no sólo me había indicado la ropa que debía ponerme, también me dejó instrucciones precisas para el peinado y maquillaje. Sujeté medio cabello con una prensa, dejando el resto suelto sobre mi espalda y hombros. Me apliqué cuidadosamente las cremas y bases, un poco de sombra sobre mis ojos y delineador, rematando con un brillo labial rosa pálido. Sencilla y natural, repetía en mi cabeza como si fuera un anuncio de Cover Girl.
El conjunto que Miyu escogió se componía de una blusa de tirantes verde esmeralda que se ajustaba a mi forma, revelaba un poco más de lo que normalmente hacía pero reprimí el impulso de ponerme la vieja sudadera de papá. La falda era de vuelos, blanca, y me llegaba cuatro dedos encima de la rodilla. El día estaba algo fresco así que me puse un suéter blanco, el cual dejé abierto para que se mostrara mi blusa.
Mi madre no dijo nada al verme bajar, lo cual agradecí, de haberlo hecho quizás hubiera regresado por la sudadera. El recorrido hacia el centro lo hicimos igual, en absoluto silencio, pero no era incómodo, incluso me hizo sentir mejor y más en calma con mis decisiones de vestuario.
Tal cual lo prometió, me dejó en la entrada del edificio, no sin antes recordarme que estaría de vuelta para cuando terminara la sesión. Le sonreí, más para tranquilizarme a mí que a ella y comencé mi camino hacia las puertas de vidrio automáticas del centro.
—Buen día. Vengo al grupo de apoyo.
— ¿Sabes en dónde está el salón?
—Sí, estuve aquí la semana pasada.
Tomé el elevador y pronto estuve en el piso indicado. Apenas crucé el pasillo llegó a mis oídos el sonido de su voz. Hablaba con una chica que supuse era nueva ya que no la había visto allí la semana anterior. Sentí un dolor agudo en el estómago, quise pensar que podría estar enfermando producto de un virus, pero en el fondo sabía que era por la cercanía que tenían Derian y aquella pelinegra.
Hice caso omiso de las ganas que tenía de acercarme y romper esa intimidad que tenían, pasando de lado sin ni tan siquiera saludarles. Derian me siguió con la mirada hasta que me senté en el mismo lugar que había ocupado la semana anterior con mi madre; pero a pesar de poder sentir todo el peso de sus ojos en mí, me esforcé por no levantar la vista hacia él.
Unos minutos después el salón estaba lleno y Derian comenzaba a dar una bienvenida a la chica con la que antes estaba hablando. Se llamaba Rania Fuji, era alta, mucho más que yo. Una pelinegra de sensuales curvas y cabello largo que le llegaba hasta la cintura a pesar de tenerlo sujeto en una coleta. Tenía los ojos de un hermoso color verde. Parecía muy confiada de sí misma, todo aquello que yo no era.
—Rania es una de mis estudiantes de la carrera de psicología y me ayudará en alguna de las sesiones.
La chica saludó a los presentes, agradeciendo a Derian la oportunidad de asistirlo en el grupo de apoyo. No pasé por alto cuando su mano descanso sobre uno de los hombros de él, ni mucho menos la forma cálida en la que él le sonreía. Estuve a punto de dejar el salón en aquel momento, aunque aún no me explicaba de dónde había salido ese deseo posesivo en mí hacia un hombre que me era desconocido.
«Tu Derian» podía escuchar la voz de Miyu en mi cabeza y por un breve instante deseé que en verdad fuera así.
El tiempo se pasó de lo más aburrido. Los demás asistentes hablaban de cómo había sido su semana, lo mucho que les costaba haber sobrevivido a los deseos de quitarse la vida al recordar las situaciones traumáticas que los habían llevado hasta ahí. Uno de ellos era un chico que se llamaba Alan.
Lo reconocí pues su rostro había salido en las noticias, lo habían encontrado en un callejón, golpeado e irreconocible; un grupo de chicos a los cuales no pudo identificar le habían propinado una paliza debido a que era homosexual. Por supuesto que eso sólo había sido una de las razones por las que ansiaba acabar con su triste existencia, según sus propias palabras.
—Si enciendes un cerillo y lo pones en tu mano, seguro que te dolerá hasta que este se acabe. Así es la vida, puedes estar sufriendo por el periodo de vida que te queda o puedes decidir eliminar de tu vida aquello que te hace sufrir. Debes apagar el cerillo Alan, pero es tu decisión hacerlo.
—Decirlo es muy fácil, —interrumpí—para alguien que nunca ha pasado por lo mismo que nosotros.
— ¿Quieres compartir algo, Selene?
Su voz era calma, si estaba molesto por mi comentario no lo había demostrado lo que me hice paralizarme y sin darme cuenta empecé a tartamudear.
—Yo... este... yo...
—Tranquila. Aquí puedes expresarte sin temor, Selene, nadie va a juzgarte ni existen respuestas equivocadas.
—La gente siempre dice lo mismo, —dije al fin con mayor firmeza—hablan de decisiones y de dejar ir el pasado que nos atormenta; pero ninguno de ellos saben lo que se siente vivir con este peso.
— ¿Hablas por tus padres?
—Mis padres, mi hermano, mi psicóloga... tú. Todos dicen lo mismo pero ninguno ha sufrido lo que nosotros.
— ¿Entonces piensas que no podemos comprender sus emociones puesto que nosotros no hemos tenido las mismas experiencias?
—Sí, eso es lo que pienso.
— ¿Alguien más piensa como Selene?
Me sentí satisfecha cuando la mayoría de los presentes levantaron la mano. Derian miró con calma a todos, luego agachó la cabeza, se quitó las gafas que llevaba puestas desde que empezó la sesión y las limpió. No podía creer que su rostro lucía una dulce sonrisa cuando levantó nuevamente la cabeza para mirarnos. Se colocó los lentes y empezó a hablar.