La inútil espera.

1614 Words
Llegaron a la avenida. En minutos estaban en el centro comercial Hudson Yards. Hicieron un recorrido. Nadia se estaba comportando, un chico muy guapo se les acercó saludándolas. —Hola chicas, a usted la he visto en la televisión y en revistas, es modelo… pero a su amiga no ¿También lo es? Es muy bella. —¡Hola! No, ella no lo es, pero lo será algún día, gracias chico eres muy guapo —Sharis lo elogió con respeto. —Ese chico es lindo Sharis, está para mí… Tendré que venir más a menudo para este sitio —comentó Nadia. —¿Te comerás el helado? Tú puedes hacerlo pero yo no puedo, debo cuidarme. Las modelos no debemos abusar. —Sharis… tienes un metabolismo único, ¿por qué te quejas tanto? No puedo con esto, no puedo aquello, por Dios. Ojalá yo pudiera ser así, apenas como algo pesado subo un cuarto de libras (risas). —Eso es cierto amiga, puedo comer de todo y no engordo nada… Pero no debo, eso también se refleja en la piel, las uñas, ojeras, el cabello. Todo. —Tal vez tengas razón, iremos a ver una película, hoy es tu día libre deberías aprovecharlo… ¿vamos? —Sí, iremos a ver una peli ¿Cuál te gusta? Veamos, si hay una buena, entremos no podemos salir tarde. Las chicas adquirieron las entradas al cine, pasaban una película en estreno, había mucha gente, pero les dio tiempo. Salieron comentando la trama de la película, se divirtieron muchísimo, les hacía falta un poco de diversión. Así Sharis, se olvidaba un poco de la llamada de Ibra, se quedó esperando, pero no ha cumplido con su promesa. Ella espera hasta el final. Tal vez él no desee hacer esa llamada, ya Ibrahim está muy comprometido… De comunicarse con ella, sería seguirle dando pie a los sentimientos profundos de la modelo, él desea olvidarla, tiene que hacerlo si piensa seguir con el sacerdocio. A pesar de que el pecado está hecho, consumado, realizado, Ibrahim tratará de seguir adelante, las circunstancias podrán ser las perores, pero no se rendirá en lo absoluto. No se puede luchar contra corriente, ama a esa mujer, pero no desea abandonar la carrera trazada desde niño, él está jugando con fuego, en cualquier momento ha de quemarse o como dice la abuela “arderán en el fuego del infierno” mejor esperar… tal vez las cosas suelen cambiar de pronto. Los meses pasaron, no había noticias de Ibrahim, Sharis pensó en la decisión que pudo haber tomado y precisamente no fue la de estar a su lado y abandonarlo todo. Ella se quedó esperando la comunicación en su teléfono, en el que nunca repicó el tono guardado para él… Llamaron muchos, habló con todo el mundo, pero menos con su amado, el corazón de Sharis se entristeció, pensaba en qué podía estar haciendo o tal vez pensando… Definitivamente la dejó en el olvido, no quiere saber de ella. Una mañana, Sharis se dispuso a indagar, pidió a su padre que le hablara al señor Lincolai, ella tenía algo en mente, le suplicó a su papá la ayuda, él por supuesto no se la negó, al contrario. —Papá necesito un gran favor, no puedes negarte es urgente, recuerdas aquel señor Lincolai, tú lo conociste o lo conoces, ¿tienes como comunicarte con ese señor? —No… no, en realidad tenemos mucho que no hablamos, ¿necesitas algo con respecto al amigo Romano? —Sí, padre, tengo que hablarle, recuerdas aquel chico ese que andaba conmigo… ¿ya te acordaste? —Lo recuerdo, muy buena persona… es el hijo de Romano, que pasa con él, tiene problemas. —No papá no se trata de eso, tú puedes ayudarme a hablar con él, pero primero habla con su padre… por favor. —Está bien lo haré hija, veo en tu mirada el amor por ese chico. —Hay muchos problemas alrededor de eso padre, es un amor prohibido. —¿Cuál es la razón hija? No se ve mal. —No lo es, más bien es muy bueno, su padre igual, pero debo hablarle. —Veré que puedo hacer por ti, tranquila, en realidad no sé… ¿Debo decir o peguntar por algo? —replicó Emilco. —Pregunta por su hijo Ibrahim, desenvuélvete en el asunto papá, sabes cómo manejar esto. —Pero… ¿Dónde puedo llamarlo? —preguntó su padre. —Busquemos, vamos a averiguarlo, ¿nunca te dio un número… nada? —Pensemos hija, a ver tu estuviste en Londres, ¿viste a Romano? —Lo vi, estaba en una iglesia, dónde fui a buscarlo… estaba un monaguillo. —Pero, ¿cuál de las tantas iglesias Sharis? —Tengo una idea, busquemos por internet, el nombre del señor Romano Lincolai, podemos localizar su número. ¿No te parece una buena idea, padre? —Si aprovechemos y busquemos… pueda que encontremos, como comunicarnos con él. Ambos, estaban buscando en las páginas de internet, querían ver si daban con alguna información por constructores de iglesias, en Londres, encontraron el nombre, dirección, pero no había ningún número… Sharis estaba desesperándose, no localizaba el asunto hasta ver una de las construcciones de la iglesia, San juan de Dios, colocaron el número bajo la imagen y pudieron dar con el contacto. Enseguida el señor Emilco marcó, contestó una mujer preguntando quién era, el padre de Sharis no hallaba que decir, su hija le quitó la bocina, preguntando por el señor Romano. —Buenas, por favor el señor Lincolai, ¿se encuentra? —¿Quién lo necesita? —preguntó la mujer con voz gruesa. —Estoy llamando desde Nueva York, por favor me urge hablar con él, ¿está? —Ya se lo comunico, deje ver, acaba de llegar. Sharis le pasó el teléfono al papá y él preguntó por Lincolai. —Buenas, compañero Romano ¿Cómo le ha ido? Soy Emilco Briche, me recuerda… estudiamos juntos. —¡Ah caramba! Claro que sí lo recuerdo, y eso ¿usted llamando a un viejo amigo? —asintió Romano. —Supe, que su hijo estuvo por este país, lo conocí, no sé si le comentó, quería expresarle mi respeto, tiene usted un joven muy educado. —Si, gracias en verdad mí hijo Ibrahim es excelente chico. —Y… Por cierto ¿cómo está la familia, su hijo aún está en esta ciudad? —No, él regresó hace un tiempo, no quiso seguir estudiando el sacerdocio allá en Estados Unidos, ahora se encuentra en un colegio llamado María de la Concepción, donde no puede recibir visitas por ahora sino de nosotros… su familia. —Entonces tu hijo es seminarista, ¿estudia para ser sacerdote? Qué importante profesión, debes estar muy orgulloso pues recuerdo que desde siempre has sido muy católico. —Estamos felices, mi esposa Samantha, mi hija Leonora y yo… no deseamos nada más que ver a nuestro hijo graduado en teología. —Bueno querido amigo, muchos saludos… estaremos comunicándonos, adiós. —Adiós amigo me dio gusto saludarte, si algún día deseas venir a Londres, estoy a la orden junto con mi familia. Emilco colgó el teléfono, Sharis lo miraba con ganas de salir huyendo del sitio, pero se contuvo, necesitaba saber que contestó el señor Romano, no saldría de allí hasta saberlo. —Papá, ¿qué te dijo el señor. Lincolai? —Dime algo, Sharis. ¿Tú sabías lo del joven?… Estudia para ser cura, ¿Lo sabias? —Al principio no lo sabía padre, pero luego me enteré, ya era demasiado tarde para eso, me enamoré de Ibrahim, no lo dejaré seguir con eso, él también me ama, papá. —Hija entiende, debes respetar esa decisión de toda esa familia, dime, ¿vas a esperar, que salga de su carrera? Él escogió ser sacerdote, no puedes luchar contra eso hija entra en razón. —¡Lo siento, pero no! No pienso dejarlo padre, es mi ángel, él me sacó de esa vida dónde me estaba hundiendo cada vez más, y no lo amo por agradecimiento sino… por amor. —Lamento escuchar eso, sufrirás, por ello… date cuenta, su padre me comentó que se fue a un sitio donde solo ellos pueden ir a visitarlo, nunca podrás verlo Sharis, debes olvidarte de él, no puedes andar por la vida actuando de esa manera… —Pero, padre... —¡No está bien hija! Debes respeto a su decisión a Dios, él eligió y no fue precisamente a ti… porque si no él estuviera a tu lado, no metido en ese convento. —Es que él me ha dicho que me ama, padre. ¿Cómo no creer que es posible nuestro amor? —No puedes permitir que este tipo de cosas dañen tu carrera como modelo, te imaginas de enterarse de esto, enseguida serás una mujer sin nada en las manos después de tanta lucha, no te hagas más daño Sharis, aprovecha tu juventud de otra manera haciendo que las demás personas, sufran por tus desavenencias. —Papá yo amo a ese hombre, y sé que estuvo mal, pero las cosas pasaron de esa manera, yo no inventé nada de esto, tampoco que pasara, solo pasó, yo estaba allí muy mal y él me salvo la vida, padre. La sensación ansiosa de Sharis, estaba muy descontrolada, deseaba saber exactamente dónde estaba Ibrahim y como comunicarse con él. No lo dejará en paz hasta obtener lo que desea. El padre no pudo convencerla, pero más adelante idearía un plan para que su hija se olvidara del seminarista, dejándolo en paz. Él no permitirá la ruina de ese joven por más amor o ilusión… tal vez, lo que pasa con Sharis, es que está obsesionada.
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