Sharis anotó el número sin que el padre se diera cuenta, lo guardó y se despidió.
—Adiós papá, gracias por la ayuda, nos veremos luego… Estaré ocupada, puedes llamarme si quieres —salió Sharis, furiosa.
El padre, se puso a pensar en algo para ayudar a su hija. Estaba cometiendo un error, él no podía dejar las cosas de esa manera, llamó a un gran amigo, un millonario llamado Said Amir. El hombre no es tan mayor tiene unos 30 años, lo conoció en unos de los talleres, se hicieron grandes amigos.
Hablará con él para pedirle ayuda, ha de separar a su hija del seminarista, esa relación no debe continuar.
Sharis llegó a casa echa una fiera, no saludó a ningún m*****o de su familia… Entró a su habitación tirando la puerta y haciendo mucho ruido. La abuela y su hermano estaban conversando, saludaron a Sharis, pero ella no contestó, la abuela viendo la situación, decidió acercarse después de unos minutos.
—Hija, ¿que está pasando? Abre la puerta hablemos, soy tu abuela… puedo aconsejarte bien, anda abre.
—No deseo hablar con nadie abue, discúlpame.
—Sharis, puedo ayudarte, solo deseo saber el motivo de tu molestia, sabes que tú me preocupas, es algo inevitable.
—Está bien abuela, pasa… —le dijo la muchacha.
—¿Qué te pasa Sharis? Puedes confiar en esta vieja.
—Me siento muy mal, Ibrahim quedó en llamarme, ha pasado mucho tiempo, resulta abuela que está metido en un convento de unas hermanas yo que sé, pero se fue, abuela prefirió irse, no me avisó, porque no tomó un minuto de su tiempo para hablarme de su decisión… no es justo.
—¡Ay mija! sabía que esto pasaría, pero deja ya de pensar y perseguir a ese joven, él no quiere tener nada contigo, decidió lo que en verdad desea y esa no eres tú, mi amor, él está orándole a Dios no está aquí dándote besos, ni caricias, disculpa que lo diga de esa manera, pero no sé de qué manera decirlo, entiéndelo de una vez por todas, si así fuese estuviera aquí contigo dándote su cariño.
—Quizás tengas razón abuela, dejaré de comportarme como una tonta, solo estoy obsesionada por alguien que prefirió su encierro sin luchar, sin enfrentarse a nada, a nadie, ese hombre abuela, no es para mí, en algún momento todo esto ha de pasar.
—Así está mejor Sharis, ocúpate de tus cosas, tu carrera, estoy segura de que crecerás, serás una mujer muy famosa con mucho dinero.
—Sí, se terminó… Mañana seré otra mujer, otra Sharis Ross, ya el Briche no me importa.
Conocerán a una mujer con un corazón frío y calculadora, se terminó la historia de Ibrahim Lincolai, al diablo con él y con todo esto que me come por dentro, lo seguiré llevando como una cruz a cuestas, pero ya no será prioridad para mí como yo tampoco lo fui nunca para él.
—No creo sea para tanto mija, es solo olvidarse del chico, nada más, sin exagerar nada.
—Yo veré, sabré que hacer en el momento preciso, he de cambiar y lo haré, se acabó abuela. Mañana buscaré donde mudarnos, nos iremos de este maldito barrio, no regresaremos nunca más.
Sharis, no será la misma chica de sonrisa encantadora, aquella muchacha de buenos sentimientos, incondicional, dulce… Ahora su cambio puede llegar a ser muy desagradable.
A la abuela no le gustó la decisión de su nieta, en algún momento rectificará dándose cuenta de su error, no dejará que nadie entre a su corazón, su padre se lo dejó bien claro, su abuela igual, entonces lo mejor es hacerles caso y cambiar la actitud. Y si algún día ha de aparecer Ibrahim, no sabría de lo que podía ser capaz si de caer nuevamente en sus brazos o simplemente no importarle.
Sharis ya no creerá más en el amor.
A la mañana siguiente, se alistó para ir a la academia, las oportunidades estaban a favor de ella, no podía perder ninguna, de eso dependía su futuro. Sharis caminaba por uno de los pasillos del lugar, de pronto se le acerca un hombre muy guapo de cabello oscuro, ojos marrones muy expresivos, con una barba muy corta y alineada, y bien vestido.
—Buenos días, es usted la señorita Sharis Ross, ¿una de las modelos?
—Sí, diga que se le ofrece, ¿cómo sabe mi nombre? Disculpe, nunca lo he visto y mucho menos por aquí… debo seguir, me esperan.
—No se apure señorita Sharis, ¿puedo acompañarle? —Insistió el hombre.
—Diga, usted es… ¿cuál es su nombre? —insistió.
—Soy Said Mir, mucho gusto me place mucho conocerla, es usted muy encantadora.
—Gracias por el cumplido —Sharis fue amable, no sabía con quién estaba tratando.
—Es usted más bella en persona, las cámaras no siempre enfocan la belleza femenina, me gustaría hablar nuevamente con usted, ¿le gustaría?
—¿Por qué no? ¡Claro! Ya sabe dónde poderme encontrar, pero deseo saber ¿De dónde Salió usted? Me parece muy extraño, sabe mi nombre.
—No se extrañe, soy muy amigo de su padre, estaba por aquí organizando algunos eventos que se llevarán a cabo la próxima semana, ¿Le gustaría acompañarme?
—… ¿A dónde? —preguntó extrañada.
—Vaya, no se preocupe, es un coctel que tendrá lugar el día viernes, ¿puede venir conmigo?
—Está bien, si mi padre lo conoce, creo que no veo el problema, con todo gusto lo acompaño.
—Perfecto, paso por usted a las 8:pm sin falta, disculpe, ¿dónde puedo recogerla?
Sharis, no supo que contestar, balbuceo mirando a los lados, Said se dio cuenta de lo incómodo para responder, enseguida mencionó la posibilidad de hacerlo desde la academia.
—Bueno tranquila, pasaré por usted por acá mismo ¿le parece?
—De ninguna manera señor, pase por la casa de mi padre, dice conocerlo, pues de allí saldré… Pase por ahí, por favor, yo de aquí saldré para allá, debo hablar con él algo importante.
—De acuerdo, como guste señorita Sharis. Gracias nos veremos en la noche del viernes.
Se despidieron, pendiente de una cita…
Sharis pensó:
«Sería bueno divertirme un poco».
Pero su extrañeza de ese hombre, de repente no le parecía casualidad, eso para ella no existe.
Pensó: «De seguro mi padre tiene su mano en esto»
Ella hablará muy seriamente con su papá. Mientras la modelo estaba cada día más segura de su decisión, Ibrahim seguía su vida normalmente, claustrado en las paredes del monasterio, sin saber de nada ni de nadie, él se desplazaba de un lado a otro, cargando sus propios pecados, como a una cruz muy pesada, a él no le importaba, solo quería servirle a Dios, su mundo no estaba afuera, sino dentro de las paredes frías de las hermanas españolas, la madre superiora.
Sor Gertrudis, lo asesoró para que finiquitara sus estudios en ese sitio, allí no es molestado por nadie, solo algunos o más bien, exclusivamente, sus padres y su hermana Leonora. Ese fin de semana, los padre de Ibra, fueron a visitarlo, estaba muy bien se le veía un poco agotado, delgado, sus ojeras más pronunciadas por lo blanco de su piel, sus heridas habían sanado, las de la espalda, pero las del alma estaban latentes…
Aún solía llorar por las noches y rezar por sus pecados, pedía por Sharis, le pedía al señor que la ayudara a entrar en razón, seguir su vida mundana como cualquiera, que su vida fuera normal, enamorase, divertirse, hacer todo lo que afuera se hace, el claustro no es para todo el mundo, solo para los que desean seguir el camino de Dios.
Mientras Ibrahim se ahoga en sus penas y aguanta todo ese peso de pecado en su corazón, Sharis Ross, se divierte de lo lindo… Aceptó la invitación del señor Said, el entorno estaba bastante plácido, todos vestían de una manera un poco extravagante, pero sin mucho color, las chicas elegantes, lucían joviales… la mayoría tendrían la misma edad que ella, se sentía muy bien. Si notó los gastos excesivos en dicho coctel, pero es normal entre tantos.
—Está muy hermoso este lugar, no imaginé verme en un enorme barco, con tantas luces, es espectacular como se ve la ciudad, es realmente hermoso.
—Si… en verdad es fabuloso, ¿nunca te habías subido en uno de estos barcos tan inmensos?
—Nunca, jamás había estado, ni en uno así… tampoco en uno de menor tamaño, pero me agrada el vaivén que se siente al estar aquí.
—Ya te acostumbrarás, dime tienes muchos proyectos en esta nueva temporada, viene la época decembrina, es una de las más hermosas, los desfiles son interminables, no te dará tiempo ni de pensar en nada.
—Es cierto Said, mi vida está comprometida con el modelaje, no deseo nada más, ahora estoy en planes de mudarme, necesito algo muy cómodo para mi familia, yo viviré aparte, ya estoy grande.
—Vaya, ya a la mariposa le crecieron las alas y desea volar —dijo Said con un tono gracioso.
—Es hora, debo tomar mis propias decisiones, y usted, en realidad de dónde viene
—Soy uno de los organizadores o más bien uno de los socios de la academia, de todo lo que a ello respecta. Aparte de tener a una bella modelo en mi agencia… eso me hace sentir mejor.
—¡Wow! Ahora si me dejó sorprendida, muy sorprendida, ¿Cómo llegó a mí? ¿Por mi padre?
—No puedo mentirle, él solo se preocupa por ti, desea que seas feliz, que salgas con tus amigos… y no es malo, al contrario, yo si los tuviera, me preocuparía igual.
—Puede tener razón, yo estuve mucho tiempo sin mi padre, hubo alguien que me impulsó a buscarlo, a perdonarlo, a luchar por mis derechos, a esa persona le debo casi todo lo que soy ahora… lástima que no puede verme.
—¿Murió? ¡Pobre! quizás te pueda ver desde donde esté.
—No está muerto, pero sí, encerrado.
—Ah… está preso, es casi como estar muerto.
—No se trata de eso Said, se trata de que es seminarista, estudia para ser sacerdote, ¡es todo! —aclaró Sharis con un toque irónico.
—Disculpa, me apresuré en contestar, ¿Aceptas mis disculpas? Sabes, me parecía algo así, hoy en día es muy difícil encontrar personas así, de buen corazón dispuestos a ayudar al prójimo. Con razón, es casi un cura.
—Dejemos de hablar al respecto, cuéntame de ti, ¿eres el dueño de este grandioso barco?
—Si pues, lo soy… pero no deseo alardear de mis propiedades, espero no decir nada más (risas)
—Me está diciendo algo así como, ¿no sigas preguntando?
—No malinterpretes, es algo incómodo para mí… ¡Es todo!
—¡Está bien! He comprendido a la perfección.
—¿Tomarás otra copa de champagne? o ¿prefieres conocer el barco?
—Vamos Said, conoceré algunos sitios del imponente barco, pues no creo poder hacerlo en lo que me resta de tiempo, no deseo llegar tarde a casa.