La señora Abigaíl, está bastante mayor, le gustan las plantas, les habla y conversa con ellas como si lo hiciera con una persona real… —Abuela, ¿qué te pasa? ¿Estás hablando sola? —pregunta Sharis, al ver a Abigaíl junto a sus matas. —Tengo una conversa con mis plantitas, ellas me escuchan, aunque tú no lo creas, pero ¿Qué vas a saber tú de eso, muchacha? —responde la anciana, mientras acaricia sus hojas. —Lo único que sé, es que estás enloqueciendo, creo que las necesidades atrofian el cerebro, abue. La vida ha golpeado fuerte a la familia, pero no se rinden, siguen en la lucha, sobreviviendo en su agonía. Sharis, sentía algo especial por su ángel, estaba dispuesta a conquistarlo, lo que no sabía era lo contrario de su amigo, estaba estudiando para ser sacerdote, las veces que se ha

