Sharis, estaba desayunando el pollo que no probó la noche anterior, tenía las manos llenas de grasa, se preguntó quién sería que tocaba tan temprano pero aun así fue y abrió, cual su sorpresa era Ibrahim, sus ojos se le salieron de los párpados de tanta emoción, soltó el muslo frito que se estaba comiendo y abrazó inconscientemente a Ibrahim, él delicadamente se la soltó, parecía una araña agarrada del cuello del joven.
— Ibrahim ¡Volviste! Creí que me habías abandonado. ¡Estoy de cumpleaños hoy! Ahora si estoy feliz, deseaba verte, ¿cómo estás?
— ¡Tranquilízate! Estas muy… Muy efusiva, ¡Ven pasemos traje algo para ti! —le dice Ibrahim, entrando a la casa.
— ¿Para mí? ¿Un regalo? No puedo creerlo, ¡Es un regalo, abuela levántate! Mira, Ibrahim me ha traído un obsequio —Sharis saltaba de alegría como una chiquilla.
— ¡Caray! Puedes dejar de chillar, estás como niña en fiesta de payasos… con esos gritos, ¡Cálmate por Dios!
— No puedo abue, es muy hermoso el empaque, ¿Qué puede ser? Ahora si estoy feliz.
— ¡Ábrelo, Sharis! Espero te guste.
Abrió con rapidez el obsequio y cuando vio la caja, no pudo creerlo, era un teléfono celular, quedó con la boca abierta. La abuela les interrumpió por un instante diciendo unas palabras a los dos chicos.
— ¡Eso no me está gustando nada!
Cada vez los veía más involucrados el uno con el otro, él a distancia y ella demasiado cerca de ese amor imposible, ya no deseaba ni pensar. La abuela veía a futuro mucho dolor y resentimiento.
— No puedo creerlo Ibra, un celular, podrás llamarme cuando lo desees. Gracias, muchas gracias.
Sharis, volvió a acercarse por la emoción, pero Ibrahim echó un paso hacia atrás y tomó el teléfono para indicarle, como debería hacer y darle unos pasos a seguir, la abuela enseguida se dio cuenta del rechazo de él, pero prefirió callar.
— Ven, te enseñaré como usarlo —Ibrahim bastante esquivo, con Sharis.
— ¡Qué bonito es el celular! Espero no perderlo… ¡Lo cuidaré mucho!
— Eso espero señorita, debe cuidar lo que le obsequian, ¿qué te parece si mañana vamos a ver a tu padre?
— ¡Muy bien, ya tengo la ropa adecuada para eso! ¿Iremos en la tarde?
— Sí, iremos en la tarde recuerda que en las mañanas no puedo y ¿cómo estuvieron las cosas en mi ausencia?
— Ahora que hablas de eso ¿por qué no viniste en todos esos días?
— No pude y recuerda habrá momentos en los cuales no podré venir, no debes angustiarte por ello.
— Mi abuela me habló de algo, no recuerdo… Ya va deja recordarlo… Ya de claustro, eso ¿Qué es?
— Es quedarse en casa por unos días y no salir a ningún lado.
— ¡Vaya! No me agrada tal cosa, ¿cómo se puede hacer eso? yo me ahogo encerrada.
— Solo es cuestión de costumbre.
— Imagino que así es, ¿dime este botón para qué?
— Subes y bajas el volumen, y este otro es para encenderlo, es muy fácil ¡Ah! nada más enciende y con uno de tus dedos haces lo siguiente.
Sharis entendió muy rápido a manipular el celular, estaba feliz por el regalo, aunque no debió molestarse, ella no se lo hizo saber, no deseaba ser malagradecida y mucho menos grosera.
Ibrahim aprovechó el momento para preguntarle a Sharis si se había llegado hasta el sitio donde se supone trabaja, en el seminario. Necesitaba decirles ciertas cosas, sin herir sus sentimientos de nuevo.
— Sharis, podrías por favor no ir a mi sitio de trabajo y estudio, pueden llamarme la atención, en verdad te lo agradecería de corazón, promete no volver hacer eso.
— Está bien lo prometo, estaba asustada creí en algo malo, pero no lo volveré hacer lo juro… fue mala idea, mañana nos veremos recuerda, vamos a la oficina de mi padre, me enfrentaré a él de una vez por todas.
— Pasaré por ti, y recuerda vístete como lo que eres una señorita ya cumpliste diecinueve, y eso, ya es bastante como para aprender a comportarte, deja las niñadas, eso no te representa.
— Sabes a veces eres duro conmigo… No entiendo.
— Claro que lo entiendes, eres malcriada, eso te hace ser odiosa e infantil, debes crecer… Crece Sharis, tu mente debes ponerla a funcionar de otra manera, puedes buscar otros tipos de amigos, enamorarte, trabajar, estudiar la mayoría lo hace con posibilidades o con esfuerzo, pero al menos lo intentan.
Estaba claro que Ibrahim deseaba ayudar en todo a su amiga Sharis, pero sin ninguna mala intención, él sabía su camino, pero ella aún estaba confundida y olvidada por su familia, pero lo que es peor por ella misma.
Abandonarse no es la mejor solución, echarse a morir menos. Dios les da la vida, él mismo sabe cuándo partir para siempre.
— Tienes mucha razón, después de hablar con mi padre, las cosas deberían de tomar otro rumbo, he de suponer que es así buscaré la manera de ver cómo puede él ayudarme, se lo pediré estoy en mi derecho.
— Sharis, no es tan sencillo, ya tienes mayoría de edad. Debes buscar un empleo por tus propios medios, sin contar con nadie, lo de tu padre es diferente, es importante hacer las paces con él, luego ya se verá, no te apresures a los acontecimientos.
— Como siempre estás en lo cierto, pienso que Dios te mandó para ayudarme y debe estar contento, pues lo estás logrando.
Ibrahim puso sus manos en la cara y rio para sus adentros, no podía creer lo que escuchaba, pero no le dio mucha importancia, a veces no desea escuchar de su boca cosas de religión y ahora dice algo al respecto, definitivamente enloqueció.
La chica vive confundida, está viviendo ciertas cosas que nunca antes había vivido, eso la hace vulnerable. En ese barrio, la gente, los pandilleros, la mafia que recorre las calles, es una vida muy dura. Las bandas de delincuentes dispuestos a llevarse a el que se atraviese por delante, en la mayoría de esos lugares abunda de todo tipo de personas, buenas, regulares, malas y endemoniados, aquellos de los “come gente” no les importa la vida de los demás porque piensan que no valen nada…