Ambos pasearon parte del grandioso barco, Sharis estaba encantada de ver tanta belleza junta. El hombre es uno de los íconos más importantes de la ciudad, no podía creerlo…
Las instalaciones eran únicas, los camarotes, la piscina, el ambiente, la noche… Todo se prestaba para pasarla espectacularmente bien.
—Sentémonos aquí, estoy un poco cansada; la noche se siente tranquila, la música te pone a soñar… El sonido del agua relaja tus sentidos.
—En verdad eres hermosa Sharis, dime ¿dónde estabas, que nunca supe de ti?
—Estuve y estoy aquí, pero esta ciudad es tan grande, no nos tropezamos, a menos que el destino, “del cual yo creo mucho” nos junte haciendo el encuentro siempre o muy a menudo.
—Ven, deseo mostrarte algo, no tendrás que andar mucho… Te encantará.
—¿Qué será? —sintió Sharis la curiosidad de saber que era.
—Ven cierra los ojos… Cuando estemos cerca los abrirás, te diré cuando hacerlo.
Said la llevó a un lugar hermoso que forma parte de la naturaleza marina.
—A ver vamos, hemos llegado… Puedes abrirlos
—¡Ah! increíble… Es lo más hermoso que he visto, ¡Wao, es fantástico! un acuario, tienes muchos peces, cientos… Espectacularmente hermoso. Me encantó es lo más bonito del barco.
—¡Sí, llama mucho la atención! A la mayoría de mis invitados les encanta este sitio, es fabuloso.
Sharis admiraba la belleza, la decoración del lugar, se impresionó tanto... No podía creerlo.
En ese momento Said se acercó un poco más a Sharis, trato de mirarle a los ojos color ámbar que le agradaban mucho. Ella se dio cuenta de lo que pretendía, pero deseó sentir los besos de Said, poco a poco fueron acercando los labios, hasta darse el beso más largo que jamás le habían dado a Sharis, no mostró incomodidad, ni rechazo, le gustó ser besada por ese hombre tan guapo.
Después de esa prueba de debilidad por parte de la modelo, Ibrahim estaba quedando atrás, en el pasado… A pesar del amor que siente Sharis por el seminarista, aún así no se limitó a aceptarle el beso al millonario Said Amir.
Al entrar en postura, Sharis, se apartó al instante, diciendo que lo sentía mucho, que eso no estaba bien, Said se disculpó de la misma manera.
—Siento mucho esto Said, no debió haber pasado, aunque... el momento se prestó para esto, lo siento.
—Está bien pierde cuidado, espero no volverlo hacer… a menos que tú lo desees —Objetó Said.
—Ya debo volver, ¿Puedes llevarme a casa de mi padre? O mandar a uno de tus choferes, no hay problema.
—Yo mismo te llevaré a casa, no me molesta en absoluto…me agradó tu compañía, eres especial.
—Bueno, muchos halagos por hoy, ya podemos irnos, estoy exhausta.
Salieron del barco, el frío estaba comenzando, se acercaba la época decembrina, Sharis no recordó llevar un abrigo. Gentilmente, Said la abrigó con su gabardina, ella se sintió mucho mejor, Said le pasó el brazo por los hombros alejándose del lugar, la mayoría de los invitados se habían ausentado.
Sharis al llegar a casa de su padre, cruzó una palabra con él, deseaba irse a casa donde está su familia, le pidió a su padre que por favor la llevara a Harlem, pero él simplemente se negó, no pensaba dejar a su familia por llevar a Sharis, le pidió que se quedara, pero no lo desea, allí no tiene ni un pijama, ni nada para ponerse al día siguiente.
—Padre, pide un taxi debo regresar a casa.
—Hija deberías quedarte e irte mañana temprano, mi esposa no se molestará por eso… puedes dormir en el sofá tranquilamente, tus hermanos ya están dormidos.
—Papá no entiendes, no tengo ropa en esta casa, no es mi hogar, lo sabes bien y no voy a discutir eso… A propósito, sabes quién es Said Amir, ¿cierto?
—Cierto, es un gran amigo mío, es un hombre muy adinerado, forma parte de ese mundo donde estás metida de lleno, tiene mucho tiempo en esos menesteres, lo conocí por medio de la moda, mandó a hacer una colección con mis empleados del taller de alta costura eso fue hace algún tiempo.
—¡Vaya! Por lo que veo lo tenías todo planeado… Oye papá, espero no repetirlo, está bien, me sacaré al seminarista de la cabeza, solo de allí… Ya te lo dejé claro, pero de allí a buscarme pretendiente, eso no me agrada, deja que yo me ocupe o me preocupe por eso.
—Pero, Sharis... Yo solo quería...
—Lo siento papá, estoy en la capacidad de buscar y encontrar lo que quiero, cuando quiera, no cuando otros lo impongan.
—Hija, solo deseaba que te divirtieras un poco nada más, no veo nada malo en eso, o sí… Eres imposible. —reprochó su padre.
—Está bien, espero no vuelva a pasar, aunque te lo agradezco, la pasé muy bien… ¡Ah, llegó el taxi! Adiós, hablaremos mañana, dale saludos a tu familia.
—Bien hija adiós, cuídate mucho, mira que me preocupas.
La chica tomó el taxi y se alejó hasta su casa. Al llegar, todos dormían, ella trató de no hacer ruido, se dirigió a su habitación, pero la abuela estaba rondando por el baño y se percató de la llegada de la nieta. Se detuvo por un segundo y dejando sonar sus pasos se le acercó. Ella tomaba un poco de agua sentada en un sofá, donde todos se sientan a ver la tele, se quitó los zapatos, pues tenía los pies cansados.
—Abuela, ¿por qué estas despierta? son las diez de la noche, deberías estar durmiendo.
—¡Ay hija!, cuando una está vieja ya ni el sueño alcanza, pero cuenta mija ¿Cómo te fue?
—Bien abuela, estoy muerta de cansancio, estaba en un barco, no tomé mucho alcohol, solo una copa… No soportaba el vaivén que sentía en ese lugar, del resto, todo muy lindo, abuela, hermoso, el señor Said, tiene mucho dinero, mucho, abuela… Algún día nosotros seremos ricos.
—Hija, el dinero no hace la felicidad, el amor hace la felicidad.
—¡No, abuela eso no es cierto, el dinero lo puede comprar todo!
—No chiquilla, la felicidad, no se compra y mucho menos, se vende, nadie puede pensar así hija, ya deja de ver la vida como si no valiera nada.
—Mañana buscaremos a donde mudarnos, puedes decirle a mi madre, si sabe de alguien o no se, ehh… Buscar en los diarios, necesito salir de este lugar tan terrible, irnos a un sitio lindo, con el dinero por mi debut triunfante… Compraremos una casa.
—Y… ¿No te agradaría un departamento?
—Mucho mejor, un departamento, pero debe ser grande, cómodo y con una gran piscina. Tienes razón abue, veremos el sitio, los precios… todo lo relacionado con eso.
—Los muebles, Sharis, ¿Qué haremos con todo lo nuestro?
—Cuando nos marchemos de esta casa dejaremos todo esto aquí, no nos llevaremos absolutamente nada, solo las pertenencias de cada uno, nada más.
—Pero mija, mis matas… mis adornos, mis recuerdos.
—Eso puedes llevártelos abuela, pero nada de muebles, camas, compraremos todo nuevo.
—Ojalá, así sea Sharis, aunque me dará nostalgia tantos años en este lugar, aquí vine con tu abuelo, Raimundo, él era un hombre muy bueno, nos amábamos mucho… Un día me llevó con los ojos vendados, no sabía a donde me llevaba, pero yo seguí caminando y cuando me quitó la cinta que cubría mi cara… delante de mí estaba un sacerdote. Nos casamos hasta que Dios nos separó.
—Abuela, que linda historia, tienes toda la vida en este lugar, lo extrañarás mucho, igual yo haré lo mismo, por muchas razones, esas que ya conoces, por cierto, tengo curiosidad, ¿el abuelo murió enfermo? Abue, ¿por qué lo llamaban Rosso?
—Ese nombre le parecía más corto, una vez dijo, “A la gente se le olvida mi nombre, es muy largo, ahora me llamaré Rosso”. Al pobre le dio un derrame, duró unos días en el hospital y de pronto, dejó este mundo, no pudo despedirse de mí, eso me dolió, me hubiera gustado que me dijera muchas cosas antes de partir, pero no pudo hacerlo.
—Pronto se acabarán nuestras penas… Ahora iremos a dormir, mañana no tengo trabajo, no voy a la academia, así que nos pondremos en marcha, a buscar departamento.
Ambas se fueron a descansar, Sharis deseaba darle a su familia una vida mejor, así que se disponía a buscar donde mudarse, ella tenía muchas cosas en su mente, proyectos, más estudios, deseaba ser empresaria. Es muy joven puede emprender otra carrera, pero deseaba seguir creciendo profesionalmente.