Fuerte

1161 Words
―Al fin despiertas ―Escuché a papá decir. ―¿Qué me pasó? ―inquirí confundida, pero no tardé mucho en recapitular los últimos instantes antes de desvanecer. ―Me llamó Samuel. Dijo que habías tenido un desmayo y aquí estoy. ―¿Dónde está él? ―pregunté sentándome sobre la cama. ―Lo envié al apartamento. ―¿Te dijo lo que sucedió? ―Sí. Me lo dijo. Pero eres una mujer fuerte y no vas a permitir que eso interfiera en la perfecta vida que te tomó años construir ―dijo, pero quería decirle que yo no la construí, solamente seguí sus instrucciones. ―Voy a pedirle el divorcio ―anuncié sintiendo que cada palabra me dolía. ―No vas a pedir nada. ―¿Por qué no? ¡Papá! Estaba en la cama con Margaret. Ellos estaban… ―Bajé la mirada―. No me hagas decirlo. ―No dirás nada, porque ahí no pasó nada. Ya me arreglaré yo con Margaret. Ahora mismo tienes que recuperarte. ¿Cuándo ibas a decirme que estabas embarazada? ―cuestionó a modo de reclamo. ―¿Estaba…? ―A pesar de lo mucho que esto me duele, y de que dejo escapar más de una lágrima, mi padre se mantiene frío. ―No se logró. ―Espero que al menos eso lo haga sentir más mierda de lo que es. Ha sido su culpa ―acuso refiriéndome a Sam con tanto enojo. ―Él no lo sabe. Le dije que estabas bien porque el médico me lo informó y entonces le pedí que regresara al apartamento y sacara a Margaret de ahí. ―¿Por qué no se lo dijiste? ―reclamé―. No puede simplemente andar por ahí con la conciencia tranquila. Esto ha sido su culpa. Ha sido culpa de esos dos. ¡¿Por qué lo defiendes, papá?!... ¿Por qué lo proteges? ―Protejo tu imagen, hija. Él me importa un carajo. Tu imagen es lo que realmente me interesa que quede intacta. Eres la mejor abogada de esta región, no voy a permitir que por una estupidez toda esa reputación se vaya abajo ―sentenció. ―¿Y lo que siento, papá? ¿Qué hay de mis sentimientos? ¡Ella es mi hermana y él el hombre que por desgracia amo! ―Lo que sientes se hace a un lado, hija. No vas a permitir que, a estas alturas de tu vida, los sentimientos intervengan en la cúspide de tus éxitos. Serás quien tome mi lugar cuando me retire. Quizá es algo que te duele, pero tal lo dice el dicho: Lo que no te mata, te hace más fuerte. Un juez debe ser de carácter fuerte, y es como te necesito. Así que, vas a regresar más fuerte. Volverás con tu marido, a tu hogar y continuarán sus vidas. De Margaret, me hago cargo yo. Ahora, iré a saldar los recibos del hospital y nos vamos de aquí. Fueron sus palabras. No sabía cómo iba a reaccionar si veía a Samuel, por lo que me levanté enseguida de la cama y busqué mis cosas. Me vestí y salí de ese lugar sin que mi padre se diera cuenta. No iba a soportarlo más. No podía solamente hacer lo que él quería a costa de mi sufrimiento. Una mujer con el corazón roto, con la mente confundida y sin una dirección exacta para tomar, es como me encontraba. Admito que, es mucho lo que dejé atrás. Pero era eso, o buscar la felicidad a mi manera, vivir sin que nadie me diera un itinerario diario, lo cual de verdad deseaba. No quería volver a sentir ese temor de no llegar a cumplir las expectativas de mi progenitor. Había sido tan moldeada que, a veces me sentía una desconocida, pues todo lo que hacía era una formación estricta que fue supervisada por mi padre desde mi adolescencia. No me pertenecía a mí misma. A veces creo que Samuel Collins me hizo un favor con esa traición. Aunque debo admitir que, lo amaba… realmente lo amaba y él era lo único que sentía real en esa vida simulada por mi padre. Estaba tan absorta en moldear mi nueva vida a mi antojo que, no llegué a pensar en la posibilidad de volver a abrir mi corazón. Un mes después de haberme ido, volví dispuesta a cortar cualquier lazo que me siguiera uniendo a Samuel. Llegué al edificio de nuestro bufete de abogados que habíamos fundado tres años atrás, y subí hasta el último piso donde se encontraban nuestras oficinas. ―Fírmalos por favor, es lo menos que puedes hacer por mí ―exigí colocando la carpeta con los documentos sobre su escritorio. Su mirada me estudió por unos segundos y tomó la carpeta entre sus manos para hojear los documentos. Después su mirada se desvió hacia el ventanal de esa misma oficina. ―Los firmaré solamente si accedes a escucharme. Después de que diga todo lo que necesito aclarar, firmaré todo lo que quieras ―dijo con cierto aire de autoridad. ―No gozas de ese privilegio. Firma el maldito divorcio y así puedes hacer de tu vida lo que te plazca. ―Por favor, amor ―suplicó levantándose de su silla para rodear el escritorio. ―No, Samuel. No quiero escuchar nada. Solamente necesito que firmes, y se acabó. ―¡Es que yo no quiero que acabe nada! Estás mal interpretando lo que viste, yo no tengo nada qué ver con Margaret. ―Eso ya no es mi asunto. Yo sé lo que vi y nada de lo que digas va a poder borrar esas imágenes de mi mente. Así que, mejor firma si no quieres que este litigio llegue más allá de lo que puedes manejar. ―¿En serio crees que no lo puedo manejar, amor? Si eso piensas, ponme a prueba ―incitó y no iba a permitir que me intimidara. ―Perfecto. Nos vemos en la corte. Espera pronto mi notificación ―dije tajante y caminé hacia la puerta, pero enseguida me detuvo. ―Espera, amor. No hace falta ―dijo con un tono de voz más tranquilo y me di la media vuelta enfrentándolo―. ¿De verdad quieres esto? Asentí manteniendo mi postura. Tomó un lapicero cromado que le obsequié en nuestro aniversario pasado, y tras unos segundos, dejó salir el aire que retenía. Negó con la cabeza y firmó los documentos. Se incorporó colocando las manos dentro de los bolsos de su pantalón y se recargó en el borde de su escritorio, anunciando con su postura que estaba hecho. ―Te amo, y eso no va a cambiar ―dijo en cuanto me acerqué al escritorio para tomar los papeles. No dije nada, y salí de ese despacho. Al subir al auto, vi por última vez C&M Asociados estampado en letras plateadas sobre la puerta de cristal. Fue la última vez que vi a Samuel.
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