Ser fuerte

1518 Words
Joanna ha estado insistiendo en que asista al evento de la administración, pero incluso para eso me siento sin ánimos. Aun así, trato de convencerme de que no puedo esconderme. De cualquier manera, tarde o temprano Samuel dará con mi dirección; si es que no lo averiguó ya, y únicamente está calculando cuando avanzar. Es cuestión de tiempo para que toque a mi puerta. —Entonces pasamos por ti Regina —anuncia Joanna al teléfono mientras busco en mi armario un vestido para la ocasión. —Solamente porque tú me lo pides. No tengo ganas de ir. —Servirá para que te distraigas un rato. Pasamos por ti a las ocho. Deja de pensar tanta cosa que, estoy segura es lo único que has hecho. Ya nos vamos a ver y entonces me cuentas todo para que te desahogues. —Ok. Te espero entonces —Cuelgo la llamada, y me preparo para mi baño matutino. Una hora después ya estoy camino al trabajo. Comienzo mi día revisando los horarios de cada departamento y después voy a piso para entregarles a las jefas la autorización de los horarios. —Hola, Carol. Aquí tienes los horarios —Le entrego la lista. ―Gracias, Regina ―dice observando detenidamente la hoja. ―Carol, a Emily le queda un mes para que solicite su licencia por maternidad ―anuncio―. Te traeré una suplente para que te ayude. —Respecto a eso, ¿podría hacerte una recomendación? ―Claro. Llévame la solicitud a la oficina y yo le llamo para una entrevista, ¿te parece? ―¡Sí, por supuesto! ―dice emocionada―. Mañana mismo te la traigo. Gracias, Regina. ―No es nada ―digo y me retiro al siguiente departamento que es el de Raymond. —Hola Ray. —¿Ya vas a hablar conmigo? ―pregunta a modo de reclamo―. Llevas dos días evadiéndome. —No te ofendas Ray, pero no eres el único que quiere hablar conmigo ―respondo entregándole la hoja de horarios. —Lo sé, pero si no me escondieras lo que está ocurriendo contigo, no te llegaría con esa pregunta. —No te he ocultado nada. Te lo dije —aclaro buscando con la mirada al jefe del departamento de electrónica—. Ese hombre está aquí, insistiendo en querer darme una explicación. —¿Después de tanto tiempo?, ¿no crees que esté buscando algo más? —No lo sé, ya le he dado muchas vueltas al asunto ―digo regresando la mirada a mi amigo después de ubicar al chico de electrónica. —Vamos a almorzar juntos y te planteo lo que pienso. Otra cosa, los chicos van a tocar el próximo fin de semana en un bar. ¿Quieres venir? —Claro que sí. —Bien. Salgo a las once. —Lo sé. Yo manejo tus horarios —presumo con una sonrisa. Después observo nuevamente la hoja para asegurarme de que tiene el nombre del departamento de electrónica. —Pero ¿qué es esto? ―chismorrea mi amigo con un tono juguetón―. Tienes un admirador. —¿Tú también? ―inquiero con fastidio―. Dame motivos para no suponer que has estado hablando con Susan. Se lo he dejado claro que no me interesa. —¿Segura de que hablamos de la misma persona? —inquiere ladeando la cabeza sembrando curiosidad en mi interior. Volteo con curiosidad hacia el área de libros; es el ojiazul disimulando leer la sinopsis de un libro. —No puede ser cierto ―susurro regresando la mirada hacía Raymond. —¿Por qué te pones nerviosa? —pregunta con diversión―. Ese sujeto no tiene pinta de ser algún tipo de amistad de Susan. —No es un admirador. No digas tonterías. Y no estoy nerviosa ―aclaro falsamente, porque sí lo estoy. —No son tonterías. Estaba mirando hacia acá, y claro que estás nerviosa ―garantiza con seguridad. —Vete a trabajar Raymond, te busco a las once —digo sonriendo y me encamino a electrónica para entregar la hoja. Ese hombre… ¿Qué pretende? Su actitud comienza a terminar de convencerme de que todos son iguales. ¿Qué hace mirándome cuando tiene una esposa y un hijo esperándole en casa? Descarado. Pff… Doy un suspiro, porque es un descarado, sinvergüenza, y endemoniadamente atractivo. Evito seguir pensando más en el asunto y mejor me voy a la oficina esperando que llegue la hora del almuerzo. […] Salimos de la tienda y nos dirigimos al Starbucks. Llegamos pidiendo nuestros respectivos vasos de café, y nos sentamos donde acostumbro reunirme con las chicas. Volteo buscando a Susan asegurándome de que no se encuentre. —Entonces suéltalo, ¿quién es el tipo? —pregunta impaciente volteando hacía todos lados imitándome—. ¿A quién buscas? —Me aseguro de que Susan no aparezca por aquí. —Esa chica las huele a cuatro locales de distancia Regina. Ya cuéntame. —Ok —digo dándole un sorbo a mi café—. No tengo idea de quién es. —No se vale mentir. El tipo te miraba muy atentamente y sin disimular. ¿Cómo vas a creer que me voy a tragar eso de que no lo conoces? —cuestiona ofendido, y con un ademán lo obligo a callarse. —¿Qué gano con mentirte? ―planteo inmediatamente. —Regina, el tipo te miraba con atención. ¿Entiendes? Directamente ―insiste señalándome con sus manos como si estuviese presentando algún objeto―, y sin disimular, hasta que tu volteaste a verlo. ―Pues no lo conozco. Lo he visto un par de veces quizá. Pero no sé quién es. ―¿Dónde lo viste ese par de veces? —La primera vez aquí, después en el ascensor. Y abre los ojos de par en par incorporándose por un momento. Posteriormente, da un sorbo a su café como tratando de procesar lo que acabo de decir. —¿Y cómo porqué estarían en el mismo ascensor? ―inquiere con incertidumbre. —Porque yo huía de Samuel. —No puedes estar huyéndole a tu ex. Enfréntalo y hazle saber tus firmes —recalca lo último—, decisiones. —Ya lo habría hecho. Pero, realmente no quiero hacerle frente, Ray. Es un tema que quiero dejar para siempre enterrado en el pasado. —Mientras sigas sin enfrentarlo, te va a seguir a donde quiera que vayas. Tienes que enfrentarlo de una buena vez. Yo entiendo que todo esto es muy diferente porque interfieren los sentimientos que una vez tuviste por él. Sé que te duele verlo por todos esos años que estuvieron juntos, pero tienes que enfrentarlo y sanar tu corazón, Regina. —Lo intentaré ―digo tratando de sonar convencida, pero él sabe que no es así. —No lo intentes, deja de tener miedo y enfrenta la situación como debe ser. ―Como ya lo mencionaste, no es miedo, es dolor. —Eres una mujer diferente ahora, Regina. No sabrás que tan determinante eres con esta nueva yo para tomar decisiones, si siempre te encuentras dolida. Necesitas sanar. ―Lo sé. ―Entonces, cuéntame desde el principio. ¿Qué te ha dicho? ―Que quiere hablar. Dice que nunca tuvo sexo con ella ―platico irritada y a la vez ofendida y susurro―: Yo los encontré desnudos en mi cama ¿cómo se atreve a negarlo? ―¿Y si tiene razón? ―inquiere incrédulo arqueando una ceja estudiando mi expresión―. Porque acostarse, cualquiera puede. Pero de ahí a que hayan tenido sexo es otra cosa. Te estás dejando llevar por la subjetividad, Regina. ―No puedo creer que te pongas de su parte ―discrepo ofendida. ―No es ponerme de su parte. Es solamente que, en eso tiene razón. ―¿En eso tiene razón? ―cuestiono repitiendo lo que dice. ―El beneficio de la duda, Regina. Solamente digo, ¿qué tal y es verdad lo que dice? No lo sabrás porque no lo escuchas. —¿Sugieres que lo escuche? —Sí. Escucharlo no significa que vas a volver con él ¿o sí? —No. —Entonces no entiendo por qué no cerrar ese ciclo. Escucha lo que tenga qué decir, aclaren las cosas y así te quedas más tranquila. De ese modo podrás continuar y de paso le dejas saber que no volverás con él. —Suena tan fácil. —Pero no lo es. Sin embargo, creo en ti y tu fortaleza; Jane lo hace y te aseguro que Joanna también. —Gracias, Raymond. ―¿Gracias? No, señora. Ya me las cobraré ―anuncia y ambos reímos. —Está bien. Oye, por cierto. Habrá una cena de la administración hoy por la noche, ¿quieres ir? Rose nos consiguió invitación. Puedes venir si quieres. ―Me encantaría acompañarte, pero Jane llega hoy de su viaje y prometí ir por ella al aeropuerto. ―Oh, es cierto ―digo recordándolo―, me lo mencionó la semana pasada. Lo olvidé. Nos terminamos nuestras bebidas, y continuamos conversando otras cosas.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD