Hola, Afrodita. No tengo otro apéndice para operarme, pero me gustaría volver a escucharte. . . La llegada del mensaje a su teléfono, justo en medio de una conferencia de traducción comenzó a inquietar a Bianca, quien debió cerrar sus ojos para concentrarse en lo que oía Llevaba una semana hablando con Willy, se habían despedido sin mirarse, con una promesa tácita de volver a intentarlo, pero cuando llegaba el momento de volver a invitarlo, el miedo la paralizaba y ya no podía terminar de escribir la sugerencia. Sabía que estaba siendo injusta, él parecía dispuesto a darlo todo, a esperarla, a hacerlo funcionar, pero ella no lo creía justo. Debía aceptar que lo seguía amando, tanto o más que en el pasado, pero justamente por eso no quería condenarlo a una vida en su oscuridad. Es

