Bianca hubiera podido marcar un surco en la sala de su departamento. Llevaba tantos minutos caminando en círculos que las huellas hubieran podido ser dibujadas con precisión. Estaba nerviosa, mucho más nerviosa de lo que había estado hasta entonces. Había tomado una decisión y aunque esa parte había sido difícil, ponerla en acción era el verdadero desafío. El timbre ofició de pausa a su angustioso andar, accionó el portero y se miró al espejo como primer indicio de que esa noche haría la diferencia. Estiró el cabello sobre su mejilla y estiró las mangas de la remera clara que llevaba puesta. Entonces abrió la puerta antes de que los golpes anunciaran la llegada. Tenía los ruidos de la escalera estudiados, sus noches de insomnio le habían ofrecido la posibilidad de hacerlo. Lo vio y t

