El beso se tornaba cada vez más apasionado, sus manos tomaban con fuerza mi cintura y me acercaba más a su pelvis pudiendo sentir su erecto y duro pene, cosa que no podría estar calentándome más. De un momento a otro y sin darme cuenta me alzó de las nalgas y me sentó en el escritorio separando mis piernas y colocándose de manera tal que nuestras partes íntimas hacían contacto. “Mierda, tiene un pantalón de vestir… y no pueden siquiera imaginar como siente mi v****a su duro pene” Alejó sus labios de los míos para tomar aire y para observarme unos segundos que sentí eternos. Su respiración era agitada, como si hubiese corrido un maratón, sus ojos estaban completamente dilatados y sus labios hinchados por el beso que acabábamos de darnos. Paseó su mirada de mis labios a mis ojos mordiéndos

