No podía creer lo que mis ojos estaban viendo, la desconocida es ella, Camila Ayala. No quiero pensar, no me lo permito, “¿Cómo no me di cuenta que podía ser ella?” Desvié la mirada a su cuello, en tanto mis ojos querían salirse de sus cavidades. Ella se dio cuenta de mis intenciones y corrió delicadamente su cabello hacia un costado dejando al descubierto el otro en el que había dos marcas casi violetas. “¿Decime que no he sido yo el que le ha dejado semejantes marcas?” Me negaba a la idea de que a quien toque con tanta desesperación no era otra más que ella. “¡Dios mío, pero si hasta la he masturbado hasta hacerla acabar…y me gustó!” Sin mencionar que le he dicho directamente que me calienta y que me le quería enterrar mi m*****o hasta partirla al medio. “¡Tierra trágame!” ¿En qué pi

