Viernes por la mañana, y yo más que nerviosa por este maldito trabajo práctico que debo entregarle al profesor González. No he dormido absolutamente nada, la fuerte discusión que tuve con él no ha hecho más que martirizarme. ¿Realmente haría que me expulsen si le seguía mandando mensajes? Lo que soltó ayer me hizo dar fe de que lee mis mensajes y por eso me amenazó con hacer que me corran del instituto, si no dejaba de mandárselos. ¿Qué si podría hacer eso? Claro que no, pese a que es un tirano conmigo lo deseo. Lo deseo tanto que siento que me quemo con el mismo fuego que emana mi cuerpo.
Medité un segundo la situación, realmente necesitaba aclarar este tema con él. Sé que me pase bastante con haberle publicado ese mensaje en la página de la materia, pero tampoco era para que reaccionara de la forma en que lo hizo insultándome. Hoy intentaría hablarle, hoy intentaría aclarar el asunto. Después de todo nos quedan más de medio año y esto recién empieza.
. . .
Por suerte en el trabajo práctico me fue normal. Mi nota, un 7 digamos que me alcanza para aprobar ya que esta materia tiene final obligatorio así me pusiera un 10, rindo final de todos modos.
La clase estuvo más que tranquila, si quiera me miraba, por lo que percibí, las cosas por su parte no se habían suavizado. Se mantenía inexpresivo y firme conmigo, y pude notarlo gracias al frío de sus ojos al cruzarse con los míos, unas dos o tres veces en las cuatro horas reloj de la clase.
Sonó el timbre de cierre lo cual indicaba la finalización de la jornada educativa, él se iría a su casa y yo… bueno, yo a estudiar ya que nuevamente mandó trabajo que hacer. Analicé por unos segundos la posibilidad de hablar con él e intentar buscar la forma de mejorar la situación, ya que tenemos todo un cuatrimestre por delante y creo que sería demasiado incómodo para ambos cada jornada. En fin, sin más me acerqué para hablarle.
- profesor, puedo hablar con usted. –
- no puedo, llevo prisa (si quiera me mira, se limita a guardar unos papeles en su maletín como si yo no existiera) –
- es importante. –
- no tengo tiempo (¡Dios, este hombre es un verdadero imbécil!) –
- solo voy a robarle 5 minutos. –
- le dije que no, alumna. Puede correrse, tengo trabajos que corregir. Con permiso. –
Si hay algo que detesto es que me dejen con la palabra en la boca ¿tanto le cuesta quedarse 5 minutos para aclarar las cosas? Yo de acá no me voy sin que me escuche.
El aula en el que tenía clases de Literatura era uno de las 3 materias que se impartían en el tercer piso del edificio. Ya había acabado la materia por lo que sabía que mis compañeros ya no se estaban en el piso. Las aulas de Historia Social y Política y Biología estaban cerradas ya que los profesores pidieron licencia. Esto significaba que solo estábamos Diego y yo y que cueste lo que cueste me escucharía.
Sin más corrí hasta la puerta posicionándome entre él y ésta, actitud que no logró inmutar en lo más mínimo al profesor.
- deje de jugar Srta. Ayala y salga de la puerta, debo salir que tengo trabajo. –
- primero escúcheme. –
- le he dicho que no dispongo de tiempo. –
- es solo unos minutos y ya. –
- ya le he dicho que no. –
- (por dios este hombre es testarudo) Bueno, evidentemente por la buenas no entiende. –
Sin pensarlo tomé la llave que estaba en la cerradura, y di dos vueltas para que esta no se pudiera abrir, para luego sacarla de la cerradura y guardarla. Ante mi atrevimiento él quedo sorprendido para luego exigirme que lo dejara salir.
- le he dicho que quiero hablar con usted. –
Sin más me dirigí a la silla que estaba frente a su escritorio y me senté, al tiempo que lo miraba y señalaba con mi mano la otra silla invitándolo a tomar asiento.
- hablo 5 minutos y lo dejo ir. (No le quedó otra más que acercarse a mí) siéntese. (Negó con la cabeza) bien, ¿Qué problema tiene conmigo? –
- ninguno. –
- repito, qué problema tiene conmigo. –
- he dicho que ninguno. –
- ¿por eso si quiera me mira al hablar? A ver, entiendo que usted sea exigente, y que mi manera de escribir le resulte un tanto molesta; pero no creo que ese sea el motivo por el cual usted se la pasa humillándome. –
- yo no la humillo. –
- lo hace. Pero no quiero discutir eso con usted, el punto es saber qué es lo que le molesta de mí como para no aguantar mi presencia. (Iba hablar, a decirme seguramente que estoy dramatizando el asunto o que a lo mejor estoy teniendo visiones. Sin más me animé a soltar eso que me hace creer el motivo de su actitud) ¿Es por los mensajes? -
Al escucharme mencionar lo de los mensajes sus ojos se dilataron y su expresión más que de sorpresa, fue de un desagrado total.
- yo sé que a lo mejor mis mensajes pueden resultarle algo molesto, sé que talvez nunca se ha topado con ninguna alumna que le expresara de tal manera sus sentimientos. Sé que debe estar enojado, porque lo he bombardeado con decenas de mensajes. –
- ¡callate! –
Fue la primera vez que me hablo de tú. Si expresión había cambiado completamente, sus ojos eran rojo furia y su respiración se tornó más acelerada, claramente por el enojo. Sus puños estaban cerrados con fuerza y mi expresión fue de asombro, quede inmóvil ante su su pedido de silencio entre gritos. No me animé si quiera a parpadear y el silencio era casi de muerte, hasta que habló.
- me tenes arto con tus benditos mensajes. Sí, es cierto nunca me habían expresado sus caprichos de la forma en que lo has hecho vos. El mensaje que publicaste en el blog de la materia fue mi límite. Me aguanté por no herirte, pero al final callándome solo alimenté ese estúpido capricho tuyo. Me cansaste. No hubo día en el que no viera tus molestos mensajes, en el que no me resultara hasta asquerosa la manera en la que expresabas situaciones sexuales. (Mas que hacerme sentir mal, esto me hacía sentir bronca, me estaba humillando. Ahora sé que los lee, ahora sé lo estúpida que debí verme todo este tiempo por haberle expresado lo que por él siento. Grandísimo idiota, pero esto no se va a quedar así. A la mierda tu ego señor Superioridad) me tenes…. –
- ¿sabe cuál es su problema? Que jamás va admitir nada de lo que pudiera provocar en verdad cada mensaje y sabe por qué? Porque a los homosexuales no les genera nada que una mujer se excite y se toque pensando en ellos. –
Diego 1, Camila 1000. “Tomá, por imbécil”
- ¡qué está tratando de insinuar! –
Oh, ahora volvimos a tratarnos de usted.
- que usted es un estúpido engreído que todavía le falta hombría para salir del placar. –
Supongo que ese realmente fue su límite, porque en un santiament tenía sus manos apretándome con fuerza los brazos. Mientras que me empujaba con violencia de espaldas a la ventana.
- ¡retráctese de lo que acaba de decir! –
- ¡no tengo por qué retractarme de algo que es cierto. ¡Y suélteme que me está lastimando! –
De repente me soltó de mala gana, mire mis brazos y tenía las marcas de sus dedos y un dolor horrible podía sentir. Esa actitud me enojó porque nunca pensé que pudiera reaccionar de manera violenta con mi persona, y mientras sobaba mi brazo izquierdo y observaba cómo se tornaba de color verde dichas marcas que me digo a mí misma “esto se verá feo mañana, maldito idiota”.
- ¿Sabe qué? La conversación llego a su fin. ¡ADIOS! –
Su cara era un poema, juraría que si me quedaba unos minutos más me degollaría viva y no pretendo morir virgen. Ok, no soy virgen pero siempre quise decir esa frase.
Estoy por meter la llave en la herradura cuando el vuelve hablar.
- ¿sabe por de más que lo que insinuó de mi persona puede darme motivos para hacer que la expulsen no? –
- lo sé, pero usted no va a decir nada. –
- ¿cómo esta tan segura de eso? –
- ¿qué va a decir? “Quiero que expulsen a una alumna por decirme que soy gay” –
- ¡no vuelva a mencionar eso! –
- mire, haga lo que le plazca. –
Y con un portazo deje el aula para encaminarme a la próxima materia, dejándolo solo como un tonto solo con todo lo que acabo de decirle.