Me quiero morir.

967 Words
  ¡Maldito despertador no sonó!   Miro el reloj y noto que son las 8:40 am, percatándome que evidentemente llegaría tarde a clases ¡Maldición! Sin más tomé una ducha de 5 minutos, me vestí con lo primero que encontré: una calza azul, unas zapatillas rosas y una remera amarilla. ¡Si señores, cualquiera diría que, en vez de ir al profesorado, me dirijo a un circo! En fin, llegué 25 min. Más tarde y para mi suerte el profesor no estaba en el aula. Dialogaba con las chicas hasta que un estruendo hizo que todos nos calláramos y miráramos hacia la puerta. Y ahí estaba el profesor, entrando violentamente al aula y a pasos ligeros llegando a su escritorio, donde apoyo sus manos y recorrió con la mirada cada rostro en busca de alguno en particular. El mío. En el momento en el que sus ojos se encontraron con los míos, sentí un escalofrío espantoso y rompe el silencio. -    quiero que lean los apuntes 37, los que hablan del cuento infantil – -   ¿hasta dónde profesor? – -     todo. Ayala acompáñeme que necesito hablar con usted. - No sé, si ir o no, realmente me da terror esa mirada fría y llena de… ¿Odio? Intento pensar ¿Cuál será la causa de esa actitud? Pero cuanto más lo pienso menos encuentro respuesta. -          no tengo todo el día, venga. – Mientras íbamos caminando por el inmenso, largo y frío pasillo de la institución hasta su escritorio una sensación de terror se apoderaba de todo mi cuerpo. Temía que alcolizada hubiera hecho algo que esta vez no dejaría pasar y prácticamente, ahora, sentía algo de miedo de quedar expuesta ante toda la institución. ¿cómo creen que se vería mi reputación y mi seriedad como docente si he estado acosando sexualmente a mi profesor por casi cinco años? -  ¡Me puede explicar qué significa esto? – -   no sé de qué me habla. – -  no se haga la desentendida. (Da vuelta su ordenador y me muestra lo que parece ser el motivo de su furia) explíqueme ya qué significa este mensaje. – -   no sé de qué me habla. – -   ¡no se haga la tonta!  - : - ¡a mí no me insulte! – -          a ver, (se pasa ambas manos por la cara nervioso) Me puede explicar por qué demonios escribió eso en el muro de la materia? – -          ¿qué? – -          ¡deje de hacerse la idiota! – -          ¡deje usted de ofenderme! – -          no me hagas perder la razón. ¡¿QUÉ DEMONIOS ES ESO?! – -          a ver, déjeme leer. –   “Profe permítame regalarle un poema inspirado en usted: TE DESEO Te deseo y lo sabes. Que mis manos mueren por sentir tu piel, Que mi boca ansia sentir cada rincón de tu cavidad bucal, Mojar con la miel de mis labios cada rincón de tu cuerpo recorrerte lento y detalladamente.   Te deseo con la intensidad de miles de soles quemando mi cuerpo, Ardiendo del deseo por sentir como te pierdes en mí, Como penetras uno a uno mis deseos más profundos. Como te meses cual tormenta en medio del mar.   Te deseo como el diamante más bello y codiciado del planeta, Como aquella joya que quisiera contemplar de cerca, Mientras exploran mis manos su perfecta anatomía.   Te deseo por más prohibido que seas, por más indiferente que tu me seas. Te deseo con cada gota de sudor que se escurre de mi cuerpo Cuando otras manos, otras bocas, me llevan a la cima, Mientras deseo que entre ellos estes tu. Te deseo…   Siempre suya, Camila*   -          profesor déjeme explicarle… - -          ¡¿qué va a explicar. ¡¿Tiene idea en el problema que me ha metido?! – -          déjeme explicarle lo que sucedió. – -          ¡¿pero usted es estúpida?! – -          ¡deje de insultarme, respéteme! – -          ¡usted hablando de respeto? ¡Es idiota? – -          ¡deje de insultame. Quén se cree que es? – -          explíqueme qué demonios fue lo que publico en la página de la materia. – -          mire, la verdad es que no recuerdo haberlo escrito. – -          ¡va a decir que esto no lo escribió usted? – -          si, digo no. Yo escribí el poema, sí. Pero no recuerdo haberle escrito ningún mensaje y menos en la página de la materia. – -          tenes idea del problema en el que me ha metido. – -          mire, disculpeme… -          ¡¿y qué hago con sus disculpas? No sea ilusa, la creí más inteligente.! – -          ¡bueno basta! Ya le pedí disculpas. – -          ¡no me bastan sus disculpas. (Se paso ambas manos por el cabello hasta el cuello donde apretó un poco) Me tenes arto. – -          ¿por qué? – -          en cima lo preguntas. Anda al aula y lee las fotocopias que encargue. – Me dispongo a salir por la puerta cuando algo me impide que salga. Su mano tomando con fuerza mi muñeca. -           un mensaje más y haré que la expulse. (Maldito desgraciado) No se haga la que no tiene idea de que hablo porque perfectamente ambos sabemos a qué me refiero. – -          suélteme. – -          antes decime que lo entendiste. – -          ¿sabe qué entiendo? ¡que usted es un imbécil! – Y de un portazo Sali del aula donde estábamos hablando. No pensaba quedarme, bastante me había humillado. . . . Al llegar al aula no lo dude, no iba a seguir aguantando su falta de respeto y actitud violenta para conmigo, así que tome mi bolso salí maldiciendo su nombre enfurecida. Comencé a bajar las escaleras rápidamente hasta que me lo cruzo (desafortunadamente) e intenta detenerme. -          ¿dónde cree que va? – No iba armar un escándalo allí mismo, pero no me quedaría en su clase sintiendo la mala energía producto de la discusión que acabábamos de tener. -          me voy para mi casa porque no tengo ganas de discutir con usted. – -          si se va le pongo falta completa. – -          ¿sabe cuál es su problema? No tener la hombría suficiente para hacerse cargo de que lee cada uno de mis mensajes y de lo que ellos le provocan. – ¿hice bien en decírselo? Seguramente no, pero debí hacerlo.
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