Ámbar No sabía si lo que estaba haciendo en este momento era lo correcto, pero quería gritarle a la cara que su padre era tan demente, tan miserable y tan desgraciado como él; que entre su padre y él no había ni una maldita diferencia. Pero parece que no cree lo que le digo, pues empieza a reír a carcajadas como loco y me señala. Yo sigo en la misma posición, viéndolo desafiante, demostrándole que soy hija digna de lobo n***o. —Definitivamente estás completamente loca. Eso que dices es una simple leyenda y solamente los trabajadores lo decían; mi padre jamás lo confirmó, así que no te creo nada. Ya me encojo de hombros como si realmente no me importara si me cree o no. Él coloca sus manos en la cintura y empieza a negar. —¿Qué pretendes Ámbar? ¿Piensas que con decirme eso no te voy a

