Me dejé consolar, una sensación tan reconfortante me envolvió, me llevaron hasta la que había sido mi habitación y me acosté en la cama de hojas, era tan suave. Lyra se percató del campo de fuerza, no porque lo sentía, sino porque no pudo tocar mi piel. Decidí quitarlo, Octans llegó con un té, miró a Lyra que tenía su mano en mi vientre. —Serán abuelos. —dije. Las lágrimas salieron al decirles eso y comprendieron el gran significado, e intuyeron mi problema. —¿El rey lo sabe? —negué—. ¿Por eso lloras? —volví a negar, limpié mis lágrimas—. Si no sabemos lo que te pasa, será difícil aconsejarte. —Kaus no sabe de ellos, y no quiero decirle por ahora, pero en este momento no quiero que lo sepa nunca. —¿Por qué? —Lyra me ofrecía la taza de té. Les conté lo ocurrido entre nosotros, la dis

