Entramos a la casa de la abuela en la Tierra sin hacer el menor ruido, puse mi campo de energía, había dejan por fuera su habitación, espero Yelena no se despierte, aunque, moría por verla. —¿Creen que esto le gustará? Jupnuo seguía indeciso, mañana o bueno en unas horas era el aniversario cinco mil de ellos, y tenía una semana tratando de darle un detalle y seguía sin decidirse, me había solicitado permiso para hacerlo. Recordé esa conversación. —Mi rey. —estábamos solos en la sala de comandos del Oeste. —Abuelo, creo haber dado la orden que en lugares diferentes a la reunión de las élites no me llames de ese modo. —Es la costumbre. —cerré los ojos, en eso tenía razón, yo debía tener paciencia. —Está bien, dime, ¿qué es lo que te aflige? —A pesar del trabajo realizado con los hum

