—En privado… —Papá habló en susurro. —Nuestro problema es otro Unukalhay y en privado lo hablaremos, ahora es un tema familiar, me duele ver cómo mis hijos sufren, ya bastante he tenido con no poderlos consolar como he querido y me he abstenido de gritar lo que siento en ciertos momentos, —miró a Naus—. Sigo a la espera de tu respuesta, hijo. —El no tenerla a ella madre. —Respuesta correcta. ¿La amas?, si es su compañía la que anhelas, pues, ¡lucha por ella!, vuelve a conquistarla, haz lo que hicisteis en un principio. —¿Ignorarla? —Mi hermano aferraba las manos—. Por diez años la ignoré, la amaba en silencio y solo era indiferente, pero siempre me mantuve cerca. —¿Y eso funcionó con la princesa? —escuchamos la risa nerviosa de Naus. —Aunque sea raro ella siempre fue un gran proble

