Laura y Lucian: Lorenzo Ferrini (Parte2)

2741 Words
Así fue que se dio el primer paso: hacer que Lorenzo conozca a Alondra y hacer que esta acepte al joven como su verdadero amor. El hijo ilegítimo de Luigi Ferrini tenía muchas cualidades que llamaron la atención de la joven e inexperta hija de Los Fabrizi, por lo que ella no dudó en aceptar la propuesta que le hiciera de ser su enamorada al poco tiempo de conocerse. La belleza de Alondra había cautivado a Lorenzo, y saber que ella, así como su familia, era una esclava de Los Barone, lo animó mucho más a seguir los planes de Pleonax para desenmascarar a los licántropos y rescatar a su amada, información completamente contraria a la verdadera relación que existía entre licántropos y humanos. Cuando la posibilidad de que todo lo planeado por el demonio de rango intermedio no se logre porque Alondra terminó la relación que mantenía con Lorenzo para viajar a Austria y hacer su sueño realidad, Pleonax ideó el accidente que haría que la joven desista de la idea de brillar en los escenarios por todo el mundo al quedar imposibilitada de bailar a nivel profesional. Lorenzo se opuso a que Alondra sufriera tal daño, pero la promesa del demonio, que la joven Fabrizi no moriría, solo perdería el talento entregado por la divinidad, lo que permitiría que regrese a sus brazos al perder la ilusión de su vida, convenció a Lorenzo y aceptó que se ejecute lo planeado. Dentro de lo ideado por Pleonax para alejar a Alondra del ballet profesional, lo que haría que se quede en Roma, estaba el alejamiento de Lorenzo, de tal manera que este regresó a Nápoles a trabajar con su tío, quien no entendió el motivo que hacía a su sobrino querer laborar como un empleado más en el astillero cuando tenía una cuantiosa fortuna heredada por su padre. Lorenzo le comentó a su tío que estaba padeciendo de mal de amores, y que al sentir que todo en Roma le recordaba a aquella hermosa jovencita que lo despreció, no aceptando su propuesta de matrimonio, prefirió dejarlo todo en manos de representantes legales para poder radicar en Nápoles y sanar las heridas de amor. Así pasó un tiempo, un año para ser más preciso, y cuando Alondra empezó a mostrar mejoría al andar sin la necesidad de la ayuda de un bastón, se topó nuevamente con Lorenzo, quien al demostrar que la seguía amando al sufrir conmovedoramente por todo lo que la joven padeció durante el período que se mantuvieron alejados, incluyendo el desistir de sus sueños, pudo regresar a la vida de Alondra, quien no dudó en aceptarlo nuevamente como su enamorado al pensar que Lorenzo era aquel que había nacido para hacerla feliz en esa vida. Durante la segunda temporada siendo enamorados, Lorenzo la animó a continuar con su vida y no desistir de vivir del ballet, pero fuera del escenario. Por la guía de Pleonax, el joven Ferrini alentó a Alondra a convertirse en instructora de ballet, de tal manera que de dedique a fomentar la danza clásica entre las nuevas generaciones, logrando encontrar a los futuros representantes de tan bello arte. Lorenzo, quien simuló ante Los Fabrizi ganarse la vida manejando un auto que su tío le ayudó a comprar para ofrecer servicio de movilidad contratada, se encargaba de llevar y recoger a Alondra de sus clases para obtener el certificado de maestra de ballet, el cual no le costó mucho obtener porque ella amaba la danza y conocía a la perfección las técnicas para forjar nuevos bailarines clásicos. Cuando Santino y Silvana Barone llegaron a la casa de la Familia Fabrizi, estos celebraban la titulación como maestra de danza clásica de Alondra. Lorenzo departía muy animado con ellos, y era señalado como el promotor del logro de la joven exbailarina, por lo que los padres, hermano y demás familiares y amigos reunidos ahí le agradecían el haber apoyado incondicionalmente a la jovencita. Lorenzo lucía sonrojado por tanto halago cuando Alfa y Luna de la manada más fuerte del mediterráneo hizo su ingreso. Solo Los Fabrizi y aquellos invitados humanos que eran predestinados de licántropos, sabían del verdadero origen de la pareja recién llegada, o eso creían, pero Lorenzo conocía muy bien a los líderes de la Manada Barone por participar en los planes del demonio Pleonax. - Querida Alondra, es para nosotros una inmensa alegría verte tan feliz por el nuevo logro que has alcanzado -dijo Silvana ante todos los reunidos al ser la primera en saludar con un abrazo a la agasajada. - Y porque te apreciamos mucho, como a los tuyos -y Santino, quien empezó a hablar, señaló educadamente con un fino movimiento a aquellos que descendía directamente de Los Fabrizi-, hemos venido personalmente para pedirte que formes parte de los instructores del centro cultural de nuestra familia, ofreciéndote un buen salario y beneficios laborales acordes al desempeño y dedicación que pongas en la labor docente. La algarabía creció aún más con el ofrecimiento que en persona llevaron los dueños del centro cultural de mayor renombre de la ciudad de Roma. Alondra aceptó de inmediato, sonriendo contentísima por saber que no le costaría ningún esfuerzo conseguir trabajo tras obtener su grado como instructora de ballet mientras se abrazaba nuevamente a Silvana. Su hermano Vicenzo, quien ya tenía algunos años trabajando en el museo de Los Barone, se acercó a Santino para agradecer la propuesta laboral que entregaron a su hermana, saludándose con un fuerte abrazo que demostraba el inquebrantable lazo de hermandad entre ellos. Lorenzo miraba la escena confundido y asombrado a la vez. La belleza, elegancia y distinción de la pareja de licántropos lo había deslumbrado, ya que nunca se imaginó que seres de esa especie pudieran lucir tan refinados en su forma humana. Además, la alegría, confianza y cercanía que mostraban Alondra y Vicenzo no parecían propias de aquellos que sufrían siendo esclavos de un perverso ente sobrenatural, lo que le hizo dudar si lo que Pleonax le había contado sobre los licántropos era cierto. - ¿Estás seguro que Los Fabrizi son esclavos de Los Barone? Durante la celebración por la graduación de Alondra no me pareció que ella y su familia estuvieran sometidos por la violencia y el miedo ejercido por esos licántropos -Lorenzo miraba con duda a Pleonax mientras el demonio, que se comunicaba con él manifestándose a través del espejo que el joven Ferrini tenía en su habitación y había sido encantado para que sea medio conector entre humano y demonio, lo estaba hipnotizando sin darse el humano cuenta de ello, así era como lo mantenía crédulo de sus mentiras y no evitaba que despierte ante la verdad. - No te dejes engañar, Lorenzo. Los licántropos son muy hábiles en aparentar lo que no son con tal de conseguir lo que quieren. Lo que hoy han entregado a Alondra no es nada a comparación de toda la riqueza y poder que tienen, por lo que solo son simple migajas que sueltan para engatusar a esos ignorantes humanos. Si en verdad amas a esa jovencita, no dudes de mí y sigue mi plan, que tu recompensa será liberar a tu amada del yugo impuesto por esos malditos perros. El arduo trabajo de Alondra empezó a dar sus frutos, y al año de iniciar su labor docente, fue ascendida como Coordinadora de la plana de instructores. Como Lorenzo no podía quedar rezagado y debía demostrar que podía ser un buen proveedor del hogar que a futuro todos esperaban que iniciara con Alondra, por la recomendación de Pleonax, el joven Ferrini dejó su pequeño negocio de transporte para regresar a trabajar con el tío en el astillero en Nápoles, ya que sus ingresos se duplicarían, y eso es algo que caería bien a la futura familia que nacería de la unión de ambos. Tras un año de estar yendo y viniendo de Nápoles a Roma, Lorenzo le propuso matrimonio a Alondra, quien aceptó sin pensarlo mucho, ya que no contempló que al casarse tendría que irse a vivir con su marido, lo que haría que tenga que dejar Roma, y, por ende, su trabajo en el centro cultural. Una vez más, Santino y Silvana darían una buena noticia a la hija menor de Los Fabrizi, ya que, para evitar que la joven deba mudarse a Nápoles, ofrecieron a Lorenzo la Jefatura de Mantenimiento de las instalaciones donde se encontraban el museo y el centro cultural. El salario que el recientemente casado recibiría superaba ampliamente al que ganaba en el astillero, por lo que todos estaban seguros que Lorenzo aceptaría la propuesta laboral, pero el real motivo que lo animó a recibir la oferta que el Alfa y la Luna Barone le hicieran fue el saber que con ese puesto de trabajo estaba a un paso de ser aceptado en la manada. Al empezar a trabajar para Los Barone, Lorenzo fue conociendo más de la bondad y buena disposición que Santino y Silvana tenían para los colaboradores que trabajaban en el museo y centro cultural. Poco después de haber contraído nupcias con Alondra y empezar a laborar para Los Barone, Santino aceptó a Lorenzo como parte de la manada, ya que su comportamiento y amor por Alondra dejaba ver que era sincero, por lo que se le reveló la verdad sobre el origen sobrenatural de la poderosa familia italiana. Ante tal muestra de confianza, Lorenzo dudó una vez más sobre si Pleonax le decía la verdad o lo estaba utilizando, por lo que confrontó una vez más al demonio. «No te dejes engañar, Lorenzo, y no bajes la guardia, que dentro de poco conocerás el gran dolor que sufren aquellos que son esclavos de los licántropos», sentenció el demonio volviendo a hipnotizarlo. La pareja se tomó un tiempo en concebir, ya que Alondra había empezado un nuevo reto educativo meses antes de la boda y Lorenzo quería acoplarse bien a su nuevo trabajo. Así pasaron un poco más de cuatro años, tiempo durante el cual Alondra calificó para ser designada la nueva encargada de la dirección del centro cultural, siendo la profesional más joven en asumir ese cargo, y Lorenzo dominó por completo el manejo de su puesto, cuando la noticia de un bebé en camino les alegró el alma. Sin embargo, varios problemas de salud aparecieron durante el período de gestación, obligando a Alondra a permanecer en cama durante varias semanas previas a la fecha de nacimiento del bebé. Cuando este nació, un varón al que llamaron Vittorio, la alegría por la llegada del hijo fue opacada por la urgente cirugía a la que tuvo que ser sometida la primeriza madre horas después de haber alumbrado por primera vez. El desgarro que sufrió durante la labor de parto originó un sangrado excesivo que obligó a llevarla al quirófano para salvar su útero, pero los médicos no pudieron hacer nada, y tuvieron que someter a la joven madre a una histerectomía radical, extirpando útero y ovarios a la vez. Lorenzo no entendía por qué su esposa tuvo que sufrir tanto y que se les haya quitado la posibilidad de ser padres por una segunda vez, y en la noche, mientras velaba el descanso de su amada Alondra, el demonio que lo manipulaba entabló conexión con él de una nueva manera: por telepatía. «El daño que ha sufrido tu esposa es producto de la estrecha relación con los licántropos. En cada generación, entre los humanos que son esclavos de esos perros, siempre hay una hembra que pierde la capacidad de reproducción porque le han absorbido la energía que la hace fuente de vida. Que tu hijo haya nacido es un milagro, pero no estés tan seguro de que, a partir de ahora en adelante, todo esté bien», y tras mentirle una vez más a Lorenzo, el demonio cortó la conexión. Durante los siguientes días que le otorgaron licencia laboral por haber nacido su hijo, Lorenzo se la pasó callado, meditando sobre lo que Pleonax había comentado la otra noche. Él no era un hombre aguerrido, que se sintiera lo suficientemente fuerte para enfrentar a Santino y a toda la manada, ya que, si lo señalado por el demonio era verdad, los licántropos tomaron la energía de Alondra para ser bendecidos con hijos fuertes, mientras que su amada quedó seca al tener que extirparle los órganos reproductores, y eso no era justo. Sin embargo, el amor por Alondra había hecho que Lorenzo decida confrontar a Santino cuando supo que este llegaría a Roma para supervisar los negocios que la manada tenía en esa ciudad y visitar a los amigos que estaban pasando por un momento difícil, pero nuevamente el demonio que manipulaba a Lorenzo lo volvió a hipnotizar, haciéndole que olvide su deseo por reclamar justicia y que se enfoque en el plan trazado. El nacimiento de las gemelas trajo mucha felicidad a la manada, incluida la familia de Lorenzo y Alondra. Que la ex Luna Pierina retornara de su merecido retiro junto al ex Alfa Francesco para apoyar a Silvana en la crianza de las recién nacidas, hijas de su amado nieto, alegró a Los Fabrizi, ya que fueron Pierina y Francesco quienes cuidaron del padre de Vicenzo y Alondra cuando este era un adolescente de quince años que había perdido a sus progenitores en un accidente ferroviario. Para ellos, los exlíderes de la manada eran como sus abuelos, así que era de esperarse que buscaran estar en contacto con Alondra tras enterarse de los pormenores de lo ocurrido a la humana tras alumbrar a su único hijo. Los fines de semana, Pierina y Francesco viajaban desde Teramo a Roma llevando con ellos a Laura, la bisnieta elegida por la ex Luna para encargarse completamente de su cuidado. Esa aproximación hizo posible que Alondra se recupere de la depresión en la que había caído, ya que cuidar de Laura como si fuera su hija, le ayudó a superar la tristeza en la que se sumergió al saber que no volvería a ser madre y a enfocarse en su pequeño Vittorio, que la necesitaba tanto. El tiempo seguía su curso y Lorenzo empezaba a preguntarse qué tanto esperaba Pleonax para ejecutar su plan, uno que expondría a los licántropos ante los humanos, despertando el temor en los mortales, lo que iniciaría una cacería de sobrenaturales, ya que es muy sabido que el miedo infunde en el hombre el deseo de querer destruir aquello que es fuente de pánico. Estaba a punto de cuestionar al demonio una vez más cuando la terrible enfermedad de Vittorio sacó de su mente cualquier otro pensamiento que no esté relacionado con la recuperación de su hijo. Tras no encontrar los médicos una explicación para la condición del pequeño de cinco años, Pleonax se manifestó una vez más con mentiras, fomentando en Lorenzo el odio hacia los licántropos al culparlos de la enfermedad de Vittorio, ya que indicó que, para mantener a sus crías libres de enfermedades, los licántropos absorben la energía de las crías humanas, y, en ciertos casos, alguno puede manifestar una condición incurable. Lorenzo lamentaba el estado de su hijo, más cuando Alondra intentó quitarse la vida al sentir que la situación que vivía la sobrepasaba una vez más. Fue ahí que Los Barone decidieron cambiar su residencia a Roma para apoyar de cerca a los amigos que estaban padeciendo una vez más. La cercana relación de Pierina, Francesco y Laura con su esposa e hijo hizo que el confundido humano dudara una vez más sobre los argumentos que Pleonax compartió con él varios años atrás, pero decidió no manifestar nuevamente cuestionamientos porque sabía la respuesta. Había detalles que le hacían creer en las palabras del demonio y otros que buscara objetarlas, pero concluir que de alguna manera la cercanía de los licántropos con su familia no era buena, le animó a mantenerse firme en su decisión de apoyar el plan del demonio. Sin embargo, como sucediera con Alondra, Laura se convirtió para él en la hija que nunca tendría, y llegó a manifestar sentimientos puros por aquella niña altanera y peleonera que defendía a su hijo de todo comentario, mirada o gesto ofensivo por su condición de salud. Y fue por ese cariño que nació entre ellos, como el que había entre un padre con su hija, el que permitió que Laura pasara semanas entera en casa de Lorenzo y Alondra, cuidando de Vittorio cuando no había escuela, sin imaginar el daño que Lorenzo terminaría haciéndole.
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