Aitor Tres meses y tres días. Habían pasado tres meses y tres días desde que perdí a mi mejor amigo, a mi segunda familia y el futuro que había planeado para mí mismo. Técnicamente, no había perdido los últimos dos. Los había abandonado. Pero los abandoné por lo que le pasó a Leo. Una parte de mí se preguntaba si me habría sentido igual si hubiera sido un tiroteo en lugar de una emboscada, o si hubiera sido cualquier otro y no yo quien hubiera arrastrado a Leo hasta el lugar donde lo mataron. Si no hubiera sido mi culpa. Seguiría siendo algo espantoso, pero no sé si de todos modos habría decidido no volver a alistarme. Cuando llegué aquí, me pusieron en una vivienda temporal ya que el ejército realmente no sabía qué hacer conmigo. Las influencias que movió Papá no cubrían nada permanen

