Capítulo 4

1487 Words
Hilda Freedom condujo todo el trayecto desde Stanford hasta Los Ángeles. Normalmente, eran cinco horas y media de conducción y al menos media hora para paradas. El tráfico y las obras solían convertirlo en al menos siete horas, si no más, especialmente si entrábamos en la ciudad. Además, al ser vacaciones de primavera, había más policía de lo normal. Todo esto significaba que Freedom no podía ir tan rápido como yo sabía que quería, pero aun así se las arregló para llevarnos al hospital antes de medianoche. No hablamos mucho durante el viaje, pero en realidad no había nada que decir. Le había enviado un mensaje de texto a mamá para avisarle que estábamos en camino porque no había querido molestarla con una llamada, al no saber cómo estaban las cosas con papá. Ella me respondió con un pulgar arriba para confirmar que lo había recibido, pero eso fue todo. Mientras entrábamos en el aparcamiento del hospital, no sabíamos más de lo que sabíamos cuando salimos. La expresión de Freedom era tensa, rígida, y supe que yo no me veía muy diferente mientras entrábamos en urgencias. Veníamos directamente del jardín, así que ambas llevábamos los mismos vestidos veraniegos informales, pero definitivamente no encajaban aquí tan bien como en el jardín. Por otra parte, pensé mientras observaba a las otras personas en la sala de espera, la gente no suele vestirse con la expectativa de ir a urgencias. Quizá no estábamos tan fuera de lugar como pensaba. Todos estábamos en un sitio donde no esperábamos estar cuando nos levantamos esa mañana. —Nuestro padre fue traído hoy temprano por un ataque al corazón —dijo Freedom a la mujer detrás del mostrador principal—. Gerard Mercier. Los ojos de la mujer se deslizaron de Freedom a mí y viceversa antes de centrarse en la pantalla del ordenador frente a ella. Las uñas perfectamente cuidadas de Freedom hacían sonidos de clic mientras tamborileaba en el mostrador, la única señal externa de que estaba tan preocupada como yo. Seguía diciéndome a mí misma que mamá habría llamado o al menos enviado un mensaje si hubiera pasado lo peor, pero no me atrevía a decirlo en voz alta. No quería dar voz a la esperanza para luego equivocarme. No con algo tan importante. —Voy a necesitar ver una identificación antes de poder darles cualquier información sobre el Sr. Mercier. —Nos dedicó una sonrisa de disculpa—. Odio pedirlo, pero cualquiera podría entrar aquí y decir que son sus hijas. Tenía razón, y sabía que Freedom apreciaba la seguridad, aunque fuera un fastidio en este momento. Nuestros padres no eran celebridades exactamente, pero suficiente gente sabía quiénes eran como para que, si alguien olía una primicia, las cosas pudieran volverse molestas como poco, especialmente si era un día de pocas noticias. Ambas sacamos nuestras licencias y se las mostramos. Por supuesto, por lo que ella sabía, solo podíamos tener el mismo apellido o haber conseguido identificaciones falsas, pero nuestros padres no eran tan famosos. —Habitación 418 —dijo mientras nos devolvía las identificaciones—. El ascensor está por aquel pasillo. —Señaló con el dedo. —Gracias. —La voz de Freedom era uniforme y fría, como si simplemente estuviera agradecida por las indicaciones para ir al baño o a la tienda de regalos. Caminamos hacia los ascensores y subimos al cuarto piso. Sus dedos tamborilearon contra su pierna durante todo el trayecto pero, por lo demás, estaba completamente inmóvil. Yo no tenía ese mismo nivel de compostura. Me balanceaba de un pie a otro, me retorcía el pelo, movía los dedos de los pies. En el coche había podido hacerlo todo de forma un poco más sutil para no molestar a mi hermana, pero Freedom no parecía notarlo en este momento. Nunca la había visto tan tensa. Por otra parte, nuestro padre tampoco había tenido nunca un ataque al corazón. La habitación era privada, lo cual no me sorprendió. Papá había donado mucho a la mayoría de los hospitales de Los Ángeles. No para recibir un trato especial, pero había veces en las que era agradable tener algunos privilegios extra. Como poder entrar en una habitación pasada la hora de visitas y no preocuparse de que nadie nos echara o de molestar a un compañero de cuarto. En el momento en que entramos, mamá soltó un grito ahogado y saltó de su silla, corriendo prácticamente a los brazos de Freedom. A pesar de los trece centímetros que le sacaba a Freedom, mamá se veía pequeña en los brazos de mi hermana. Solo tenía sesenta y cuatro años y, a pesar de que su cabello era blanco como la nieve, siempre me había parecido que no envejecía. Ahora, mientras giraba su rostro hacia mí, se veía... vieja. —Hola, mamá. —Me adelanté para abrazarla, y la sentí tan frágil como parecía. Mantuve mi mano en su espalda mientras me soltaba, de repente segura por alguna razón de que no iba a mantenerse firme sobre sus pies. Mantuve mis ojos en ella incluso cuando Freedom pasó por mi lado para ir hacia la cama. La cama que había evitado mirar hasta ahora y la cama hacia la que necesitaba seguirla. —Está estable —dijo mamá, con voz baja pero firme—. Durmiendo. —Qué tan... —tragué saliva con dificultad—. ¿Qué tan grave es? Se situó junto a Freedom y yo la seguí, de modo que mamá quedó entre nosotras dos. Cualquiera que nos mirara pensaría que estábamos a cada lado de ella para darle apoyo, pero Freedom y yo sabíamos que mamá siempre había sido la fuerte, la verdadera roca de la familia. —Tiene programado un triple bypass por la mañana —dijo mientras le tomaba la mano—. No dejaba de decirle que se revisara el colesterol, pero ya saben cómo es; odia a los médicos. —¿Pero va a ponerse bien? —Lo pregunté porque sabía que Freedom no lo haría. Ella aceptaría lo que mamá le diera y no insistiría en nada más, pero yo necesitaba escucharlo. —Va a pasar un tiempo difícil, especialmente al principio, pero sí, los médicos creen que se recuperará por completo. —Le apretó la mano—. Pero le esperan cambios serios. ¿Oyes eso, cariño? Cambios en lo que comemos. Ejercicio más regular. —No tienes que preocuparte por eso ahora mismo, mamá —dijo Freedom en voz baja—. ¿Por qué no te sientas y descansas? Hilda se quedará contigo y yo iré a hablar con las enfermeras para averiguar qué necesitamos saber. —Yo puedo hacer eso —me ofrecí—. Tú puedes quedarte con mamá. Freedom sacudió la cabeza pero no me miró. —Quédate aquí. Yo me encargaré de los detalles. No tenía sentido discutir con ella cuando estaba así. Tenía metido en la cabeza qué era lo mejor para todos nosotros y no iba a cambiar de opinión. Había sido igual cuando decidió que ambas viviríamos en un apartamento fuera del campus cuando yo llegué a Stanford, en lugar de vivir en una residencia como yo había planeado. Lo mismo cuando decidió que ella sería quien les contara a mamá y papá nuestros planes para este otoño. Había sido mi idea en primer lugar, pero ella pensaba que yo no tenía el sentido común para determinar cuándo era el momento apropiado. Como si fuera a hacer algo estúpido como soltárselo a papá en cuanto se despertara de la cirugía. O antes de la cirugía. O quizá Freedom pensaba que me emocionaría tanto por hacer algo bueno por la gente que lo necesita que despertaría a papá ahora mismo... Apreté los dientes y saqué esos pensamientos de mi cabeza. Mi imaginación se me escapaba, como a veces ocurría cuando estaba estresada. Si Freedom hubiera estado tan preocupada de que yo hablara cuando no debía, no habría insistido en que fuera yo quien se quedara con ellos mientras ella iba a hablar con las enfermeras. Estaba analizando demasiado su deseo normal de control total. —Sentémonos —le sugerí a mamá mientras Freedom salía de la habitación. Acerqué la que parecía más cómoda de las dos sillas y la puse detrás de mamá. Ella se sentó mientras yo alcanzaba la otra silla; ni siquiera me miró cuando las patas de la silla hicieron un sonido desagradable al arrastrarse por la baldosa. No me sorprendió que solo tuviera ojos para papá. Se habían enamorado en el momento en que se vieron por primera vez, y nunca había habido nadie más desde ese instante. Papá tenía treinta años. Mamá veintiuno. Cuarenta y tres años de matrimonio y nunca habían mirado a otra persona. Quizá algún día yo tendría algo así, pero no tenía prisa. Tenía cosas que hacer. Ahora mismo, sin embargo, nada era más importante que estar aquí con mi familia.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD