Alexander —No sé. Pero ella no debe estar en la casa. Este es tu lío; asegúrate de que no vuelva a suceder. —Mi voz es dura, dejando claro que no quiero más problemas. —¿Preocupado de que alguien pueda verla? —Rafael ríe, disfrutando del momento. —¿A qué hora dan de alta a Irina? —Decido ignorar su comentario. Él niega con la cabeza lentamente. —Dentro de una hora. ¿Debería hacer que Kelly te acompañe? —pregunta con sarcasmo, lo que me irrita aún más. —Suficiente. —Mi tono es un gruñido. —Alguien está sensible hoy. Tal vez necesites un viaje a La Habana y relajarte con una mujer. Claramente no estás manejando a la rubia del piso de arriba. Quizá debería intentarlo yo, ya que tú no lo haces. —Sé que está bromeando, pero sus palabras me enfurecen. —No eres tan gracioso como crees. Te

